La cultura como fundamento de la organización del hombre contemporáneo

Fernando Fco. Peña Pichardo

El tema del comportamiento del hombre contemporáneo es de gran importancia en el proceso reflexivo en busca de un acercamiento a las fuentes y los resultados del proceder que se tiene en la actualidad.

En medio de una sociedad tan compleja, debido al impacto de la multiplicidad de corrientes filosóficas, ideologías, pensamientos, y sobre todo por el impacto de la tecnología como constructo del hombre en las llamadas sociedades modernas.

En este sentido quiero enfocar la cultura como una de las principales fuentes con las que se puede asegurar, desde la perspectiva filosófica, la organización del hombre en las sociedades modernas, buscando la integración objetiva del conocimiento y los principios a favor de la dignidad de la persona humana.

Al abordar el tema de la cultura como fundamento de la organización del hombre contemporáneo, no pierdo de vista que lo primero sería garantizar una definición de éste concepto que trate de abarcar todos los elementos y aspectos que encierra en sí mismo, puesto que su definición entraña muchas dificultades, ya que la amplitud que implica como hecho social limita grandemente su precisión.

La cultura, de la misma manera que encierra una multiplicidad de elementos en su definición, así mismo se diferencia las grandes definiciones; en este sentido quiero abordar algunas de las más relevantes en el devenir de la historia y en el pensamiento de algunos filósofos.

Desde la antigüedad se han venido presentando diferentes definiciones, como es el caso del poeta Herodoto en sus ideas de construcción de la estructura social de su época: «consagró gran parte de su historia a lo que en la actualidad llamaríamos descripciones de culturas, llegando hasta señalar algunas de las más notables diferencias entre las costumbres griegas y egipcias, y expresando verdadera sorpresa de que aquellos bárbaros se retiraran al interior de sus casas para satisfacer sus funciones excretoras en lugar de hacerlo en la calle, a la manera civilizada de las griegos» (Linton, R, 1971). Enfatizando en la explicación o presentación de la importancia de la cultura como cultivo desde dentro, más que desde fuera, tanto en lo individual como en el plano social. Por lo general, el trasfondo antropológico, siempre se empodera de las concepciones culturales, como es el caso de los sofistas, los cuales mantienen un marcado interés en el desarrollo social del hombre, cuyo destino, como ser social, es mantener la supremacía por encima de todas las cosas, ya que todo el pensamiento, las leyes, la moral y la misma cultura, son resultantes del accionar humano. Desde este despertar de los sofistas se entiende una marcada preocupación de matiz antropológico, prácticamente como un movimiento antropocéntrico. En este sentido traigo a colación la famosa frase de Protágoras: «El hombre es la medida de todas las cosas» ilustrando las grandes preocupaciones de esta época.

En el caso de Sócrates, se sigue enfatizando la búsqueda de la perfección del hombre tanto a nivel individual como a nivel social, presentando el conocimiento como la fuente de la construcción y desarrollo en ambos niveles. En este sentido la búsqueda del perfeccionamiento del hombre ya no está, en la búsqueda de los intereses particulares, sino en la transformación individual como punto de partida para la transformación de la sociedad.

Partiendo de estas dos maneras o concepciones o interpretaciones de cultura se pueden apreciar una marcada diferencia de ver el hombre y la sociedad. Desde los sofistas, el mundo de la naturaleza propicia un lugar destacado al mundo del hombre y a la sociedad, mientras que Sócrates supera esta concepción, y a través de su famoso método llega al concepto como una forma del saber válida para todos, superando la búsqueda de los intereses particulares.

El pensamiento socrático, desde el punto de vista práctico, se encamina hacia la búsqueda de la preponderancia del esfuerzo humano, el cual debe encaminarse hacia la educación de la virtud como fundamento o constructo de del destino individual y colectivo.

El enfoque antropológico dentro de las concepciones de la cultura en la antigüedad, sigue la secuencia de los filósofos de la antigüedad, en este sentido, Platón sigue en cierta forma la línea antropológica inaugurada por los sofistas y superada por Sócrates.

En esta misma dirección, tanto Platón como Aristóteles, toman en cuenta la ética y la política como los elementos unitivos y constitutivos del núcleo de sus pensamientos filosóficos.

Según, Ron, J. (1977). Aristóteles concibe una primera noción de cultura cuando afirma que «Ante toda ciencia, sea importante o insignificante, caben dos actitudes: una, la que merece el nombre de conocimiento científico; otra, la que podemos designar preferentemente como una especie de cultura (paideia)». Como un saber que permite el discernimiento atinado sobre todas las cosas, como constructo cultural que involucra al individuo desde su concepción socio-política.

Dando un salto histórico, muy prologado, “La cultura es, para Sloterdijk, un sistema de formación para transferir contenidos cognitivos y morales de una generación a la siguiente, importantes para su supervivencia. En esa línea, llama Hochkultur (alta cultura; civilización compleja) a un sistema de reproducción de funciones hiperbólicas, es decir, funciones improbables en tensión permanente, sustentadas por élites. La estabilización de las funciones hiperbólicas requiere de paradigmas y ejemplos (Leitbilder) incrustados en el imaginario colectivo, a través de sistemas de ejercicios y jerarquización. La instancia de transformar lo improbable en probable, mediante la repetición y el ejercicio, se llamará escuela. El punto de partida de la repetición es, curiosamente, lo milagroso y lo extraordinario”. (Brüseke, F. J. 2011)

Corrientes contrapuestas

Desde el principio de las concepciones culturales, siempre nos hemos encontrado ante posturas, corrientes y concepciones diferentes, las cuales han estado matizando el accionar del hombre en la sociedad, algunas presentan una base individualista, otras colectivistas, mientras que otras se enfocan en los valores y otras en el fomento del trabajo, todas buscando la perfección y el desarrollo del hombre.

Desde los orígenes de la filosofía, el tema de la cultura ha sido de gran importancia, no obstante, se debe entender que el mismo encierra en sí, elementos de la mentalidad de la época, sobre todo las corrientes imperantes y el tema que subyace en las mismas.

Considero, desde una perspectiva filosófica, que las dos grandes corrientes que han marcado el rumbo antropológico son el idealismo y el materialismo, con sus consiguientes corrientes y escuelas.

En este sentido, de acuerdo con Sloterdisjk (2012), presenta la Religión y la Ilustración como fuentes que evidencian esta marcada disyuntiva en el surgimiento de las culturas, “el restablecimiento de la religión en sus fueros de antaño adquiere importancia un protocolo que exige de los fascinados nuevos conversos la confesión de los errores que hasta entonces hayan cometido. Como en los días del primer merovingio, que se adhirió a la doctrina de la cruz como consecuencia de una batalla ganada…”, “pero, también hoy día deben prender fuego los hijos de una Ilustración banalizada a aquello que ellos antes veneraban.

Considero muy atinada la postura de Sloterdisjk, puesto que busca la depuración de estas concepciones y su influencia en la cultura, siendo así que es necesario erradicar el fanatismo y el seguimiento irracional de ambas fuentes.

Buscando la transformación de una cultura en la que las formas religiosas no impidan el desarrollo integral del hombre, pero que no se vea el hombre como un instrumento de trabajo o producción.

La idea que propongo en este pequeño trabajo, es que la cultura puede convertirse en la fuente de organización del hombre contemporáneo, aunando e integrando las fuentes de conocimiento, manteniendo el respeto a las diferencias y superando la ancestral y titánica lucha de los opuestos, fundamentados en la religión y la ilustración.

Una de las ideas de Sloterdisjk que permite la organización social a través de la cultura y la integración del conocimiento, es la lucha contra la masa, la separación del involucramiento y seguimiento irracional, dentro de las diferentes posturas y corrientes, para llegar a una convivencia fundamentada en el respeto humanista. De esta manera amplia masa del pueblo, imperturbable ante esas ideologías de la inmanencia, se permitiera, incluso en los días triunfantes de la Ilustración, hacer sus secretas excursiones allende las fronteras.

El determinismo de las diferentes concepciones religiosas, filosóficas y culturales, sin lugar a dudas llevan a sus adeptos, irracionales, a convertirse en fanáticos, seguidores intransigentes, anclándose en un pensamiento hermético, sin dar cabida a otras concepciones diferentes a las asimiladas e idolatradas.

La interculturalidad en el hombre contemporáneo

La propuesta de la cultura como fundamento de la organización del hombre contemporáneo, conlleva al discernimiento sobre el conocimiento adquirido y la percepción que se tiene del mismo hombre. Entendiendo que en la concepción cultura de cada pueblo, está arraigada la experiencia y los valores inherentes a su accionar.

En este sentido es que las culturas deben permitirse una apertura hacia las demás cultura, tratando de mantener los valores autóctonos y compartiendo la asimilación de otros valores.

La mentalidad del hombre contemporáneo debe incluir, como lo expresa Sloterdijk, (2012) nuevas formas de vida ha quedado dilucidado que los hombres,

indiferentemente de las circunstancias étnicas, económicas y políticas en que vivan, desarrollan su existencia no sólo en determinadas «condiciones materiales», sino también inmersos en sistemas inmunológicos simbólicos y bajo velos rituales”.

Una de las novedades que se debe tomar en cuenta en el proceso de la

Interculturalidad y la apertura a otras formas de pensamiento y actuaciones es la que nos presenta Sloterdijk (2006), como «antropotécnicas», en su doble significado, en cuanto “mejora del mundo” (Weltverbesserung) y “mejora de uno mismo” (Selbstverbesserung). Presentándose a la vez como un fenómeno que permite un aprendizaje obligado que no puede mantenerse al margen de la lección político-antropológica de los hombres modernos; esto es, la de vivir su desigualdad de un modo diferente.

Es una invitación al discernimiento, en el proceso del desarrollo individual y social, “tras la revolución constructivista, todas las distinciones que eran objeto de descubrimiento han de ser transformadas en distinciones fabricadas. Las viejas distinciones, a las que uno antes se sometía, retroceden ante el avance de las nuevas que uno mismo produce, y que revisan a las primeras con tanta frecuencia como es posible” (Sloterdijk, 2006)

A pesar del crédito que doy a esta idea de Sloterdijk, considero que la transformación, reconstrucción y apertura debe tomar en cuenta la base fundamental de cada conocimiento, sin caer en el fanatismo y defensa ciega e irracional.

La organización del hombre contemporáneo no empieza desde las novedades, sino desde la base que ha permitido su accionar, sobre todo aquellas bases que no lo llevan a independizarse de lo que debe ser la esencia del hombre y su comportamiento en la sociedad.

“Hoy, sin embargo, después de la gran marcha hacia la igualdad y de la nueva plasticidad inherente a todas las cosas, pretendemos y debemos estar ahí presentes, delante de nuestras diferencias, en la medida en que éstas por regla general se hacen, ya no se encuentran. Esa prioridad de nuestra existencia respecto a nuestros atributos y obras pone en marcha la indiferencia como primer y único principio de la masa”. (Sloterdijk, 2006)

En este “hacerse del hombre contemporáneo” considero que no empieza desde cero, sino, desde unos pasos o conocimiento que hacen de plataforma para las nuevas concepciones que permiten al hombre acercarse más a él mismo y no a alejarse de su esencia, tanto individual como social.

El rol de los líderes en la conformación de las culturas

En el entramado de la construcción social, siempre aparece el tema de los dirigentes y los dirigidos, de la masificación y de los líderes, no obstante, siempre se mantienen, no sólo los conceptos sino, también las mismas prácticas. En este tenor, he querido evidenciar el gran rol que juegan los líderes en el proceso transformador y organizacional de las sociedades tomando como base la cultura, las cuales involucran todos los elementos que atañe el accionar del hombre.

En concordancia con Sloterdisjk (2006) A no pocos contemporáneos desengañados les gustaría apoyarse, sin sufrir daño ellos mismos, en quienes producen o ahuyentan sus ilusiones progresistas, como si fuera posible invocar para las ideas una especie de defensa del consumidor.

La necesidad de ser dirigidos, es un elemento inherente a los hombres que viven en sociedad y necesitan una motivación en su modus vivendi.

“Por un momento, el programa ético del presente había aparecido con nitidez en el campo de visión, cuando Marx y los jóvenes hegelianos articularon la tesis de que es el propio hombre el que produce al hombre”. (Sloterdijk, 2012)

Lo que decía esta afirmación quedó, en un abrir y cerrar de ojos, desfigurado por otro parloteo, que hablaba del trabajo como la única acción esencial del ser humano. Pero si el hombre produce, de hecho, al hombre, no es precisamente a través del trabajo y de sus resultados concretos, como tampoco mediante el recientemente tan encomiado «trabajo del hombre en sí mismo», y menos por la «interacción» o la «comunicación», invocadas como alternativas.

En este sentido, es que afirmo en párrafos anteriores que hay que desmitificar y des-fanatizar, si el término es permitido, todas las ideas que definen el hombre, puesto que de ellas es que depende el accionar del mismo hombre. Evitando ir a los extremos y consolidar principios socio-culturales que permitan la integración para una sana y constructiva convivencia a favor del ser humano.

El accionar del hombre contemporáneo lo debe llevar a un ejercicio constante, desde un enfoque constructivista, ya que según Sloterdijk (2012) Eso lo hace el hombre viviendo su vida en diversas formas de ejercicio, entendiendo ejercicio al estilo de Nietzsche, como cualquier operación mediante la cual se obtiene o se mejora la cualificación del que actúa para la siguiente ejecución de la misma operación, independientemente de que se declare o no se declare a ésta como un ejercicio.

Es aquí donde los líderes deben jugar un rol de singular importancia, a través de un proyecto que le permita desarrollar la masa como sujeto que alcanza su estadio crítico tan pronto como sus reglas ponen de manifiesto que todas las distinciones han de ser ejecutadas como distinciones de la masa. Resulta evidente que la masa no va a realizar o dar como válidas distinciones que puedan hacerla caer en desventaja. Una vez que se arroga la completa potestad de hacer diferencias, las hace siempre y sin ambages a su favor. (Sloterdijk, 2006).

El hombre contemporáneo, un proyecto entre la finalidad y la instrumentalidad

Siempre he tenido la convicción de que el hombre es un fin en sí mismo, no un instrumento al servicio de la tecnología ni de las ideologías.

Quien hable de la autoproducción del hombre sin mencionar su configuración en la vida que se ejercita ha errado el tema desde el principio. En consecuencia, hemos de dejar prácticamente en suspenso todo lo que haya sido dicho sobre el hombre como un ser trabajador, para traducirlo en el lenguaje de la ejercitación de la vida, o de un comportamiento que se configura y acrecienta a sí mismo.

Brüseke, F. J. (2011) sostiene que Sloterdijk recomienda nada menos que suspender toda interpretación del hombre como «trabajador» o «comunicador» para traducir al lenguaje del ejercicio lo que hasta entonces conocemos como manifestaciones del homo faber o del homo religiosus

El hombre, según Sloterdijk, (2012) debe utilizar todo lo que esté a su favor en el proceso de discernimiento y construcción de sí mismo tanto en el plano individual como social. En tal sentido, el hombre no es un instrumento de producción ni un ente al servicio de las técnicas, más bien es quien dirige los procesos constructivos sin caer ni dejarse llevar a la instrumentalización de sí mismo.

Conclusión

En todo proceso constructivista debe aparecer la innovación, la cual debe incluir, no sólo el cambio, como una especie de nihilismo, sino de explicación para evitar el fanatismo y el sinsentido de las ideologías, que impiden el crecimiento efectivo y atinado del hombre

La novedad de lo nuevo tendría que ver, como hemos indicado, con el despliegue de lo ya conocido en perfiles más grandes, más claros y ricos. En consecuencia, lo nuevo no podría ser nunca absolutamente innovativo, no representando más que la continuación, con otros medios, de lo cognitivamente ya disponible. Coincidiendo así la novedad con un grado mayor de explicitación. Podemos asimismo decir que cuanto más alto sea el grado de explicitación más profundo será el posible –es más, el ineludible– grado de extrañeza del saber recientemente adquirido. (Sloterdijk, 2006)

En la plétora de novedades cognitivas que han visto la luz del sol de la modernidad no hay ninguna que sea comparable, ni de lejos, con la aparición y el conocimiento de los sistemas inmunológicos en la biología de finales del siglo XIX. Desde entonces nada puede seguir siendo como era en las ciencias que versan sobre las entidades integrales –los organismos animales, las especies, las «sociedades», las culturas– (Sloterdijk, 2006)

Referencias

Brüseke, F. J. (2011). Uma vida de exercícios: a antropotécnica de Peter Sloterdijk.

Sloterdijk, P. (1999, July). Reglas para el Parque Humano. Una respuesta a la “Carta sobre el Humanismo”. In Conferencia pronunciada en el castillo de Elmau, Baviera.

Sloterdijk, P. (2006). El desprecio de las masas. Revista Santander, 1(1).

Recuperado                              a                             partir                              de

https://revistas.uis.edu.co/index.php/revistasantander/article/view/2185

Ron, J. (1977). Sobre el concepto de cultura. Quito Ecuador: Ediciones Solitierra.

Comentarios De Facebook

Check Also

Relación entre la teoría de la dependencia y la filosofía de la liberación

Sobre la teoria de la dependencia Se llama «teoría de la dependencia» a un conjunto …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

litteranova.com