
Las historias de los héroes nacionales en las luchas independentistas contra el dominio español en América Latina están marcadas por hechos extraordinarios y valores sobresalientes en el aspecto bélico, estratégico y el arrojo personal. No en todas las ocasiones se destacan estas figuras emblemáticas por sus dotes políticos, su visión cívica y la trascendencia de su pensamiento hacia la consciencia de unidad regional. Constituye propósito principal de este ensayo destacar los planteamientos y acciones fundamentales del pensamiento antillanista de Gregorio Luperón, uno de los principales artífices del movimiento restaurador que consolida definitivamente la independencia de la República Dominicana y la inserta en el concierto de naciones libres en América.
Se entiende el antillanismo como el propósito de unidad y colaboración entre las Antillas Mayores para hacer frente al colonialismo español y consolidarse frente a las pretensiones expansionistas de los Estados Unidos manifestadas en las últimas décadas del siglo XIX. Varios fueron los patricios que adelantados a su tiempo comprendieron que no bastaba solo con conseguir la liberación de sus naciones, sino que de la alianza entre pueblos con similar historia, condiciones e igual colonizador, se podría conquistar una independencia más duradera y el progreso una vez conseguida esta. Algunos aportaron su brazo en la lucha, sus bienes y provisiones, como Máximo Gómez en Cuba; el presidente haitiano Geffrard a los restauradores dominicanos; los restauradores dominicanos a los independentistas boricuas y cubanos. Otros profundizaron en la ideología y organización política que debía sostener tal unidad, como Betances, Hostos y José Martí con su adelantado concepto de Partido Revolucionario que pretendía lograr la independencia de Cuba y Puerto Rico.
Sin embargo, es poco conocida la visión antillanista de Gregorio Luperón, quien aúna en su quehacer la solidaridad y el apoyo material por un lado y la convocatoria programática e ideológica por el otro. Ferviente anti anexionista, previsor anti imperialista y solidario colaborador de los movimientos independentistas de Cuba y Puerto Rico.
Para Emilio Cordero (2003) en República Dominica se gesta el antillanismo, sobre todo en el marco de la guerra restauradora, en ese orden cita a Hostos para quien fuimos «…la nación iniciadora de la nacionalidad antillana y del plan de la Confederación” (227 ) y Luperón, gran líder de esta epopeya en consecuencia, fue el pionero en abogar por la unidad regional y prócer del antillanismo, citando a Betances quien lo presenta como «…el indiscutible líder histórico de la futura confederación antillana. «(234)
A decir de (Castro, 2005):
En la vocación antillanista de Luperón concurrían factores de interés común y básico: combatir las potencias coloniales que como España tenían activa presencia en la región y a los Estados Unidos que pretendían reemplazar esta hegemonía; además su temprano y vital vínculo con el insigne Ramón Emeterio Betances.(153)
El antillanismo Luperoniano presenta hitos trascendentes: primeramente en su fuerte nacionalismo, que lo convoca a la epopeya restauradora y luego en múltiples ocasiones a ser el líder indiscutible de la resistencia al anexionista Buenaventura Báez en 1865; segundo en el reconocimiento de la necesaria unidad, no unificación, entre los estados independientes de Haití y República Dominicana; tercero en su activa colaboración material e ideológica con las causas independentistas de Puerto Rico y Cuba, últimos reductos del dominio español en América.
Sobre las relaciones con el vecino país manifiesta Luperón, citado por (Reyes-Santos, 2013)
…representa ya un papel muy importante, para el porvenir de estas dos Repúblicas heroicas, que deben llegar a un acuerdo definitivo que les permita garantizar mutuamente su independencia y su integridad nacional y desarrollar sin estorbos los prodigiosos elementos de riqueza que poseen (34)
Resulta de trascendental importancia en la actualidad, cuando todavía no hemos sido capaces de establecer ese acuerdo definitivo planteado por Luperón, evocar este pensamiento, que parte de su claro reconocimiento de dos estados libres e independientes, de procesos históricos en varias ocasiones enfrentados, confrontados y en otros mutuamente apoyados, de una soberanía en peligro cuando la del otro peligra, con enemigos imperiales similares, pero que comparten una misma isla de cuyas riquezas ambos se pueden beneficiar. Aquí se podría inferir, después de la propia consolidación de la nación, el segundo bastión del antillanismo del prócer, en los territorios más cercanos geográficamente, resguardando de intereses foráneos la frontera que limita la isla toda del mar, pero reconociendo y respetando la frontera que los divide en dos naciones, culturales y políticas diferentes.
Otro elemento que sorprende del sentimiento y accionar de unidad regional del héroe lo constituye su activa colaboración con las causas de Cuba y Puerto Rico, sobre las que se expresa en una carta dirigida a Céspedes, presidente cubano en armas:
Mi objeto ha sido siempre el mismo; coadyuvar a su expulsión del suelo americano y prestar mi franco concurso a la libertad de Cuba y Puerto Rico, para satisfacer así mi ferviente anhelo de ver esas preciosas islas constituidas en cuerpo de nación, gobernándose por si mismas. (Castro, 2005:158)
Y este ferviente anhelo no solo se queda en el sentimiento, sino que se materializa, presta ayuda, arma expediciones, condena públicamente en la prensa local e internacional, moviliza el apoyo internacional de los exiliados, ejerce influencia diplomática con naciones enemigas de Estados Unidos y España y cuando su proyecto político partidario gobierna la nación dominicana utiliza su prestigio para convocar al territorio nacional dominicano:
Ninguna inquietud deben tener los patriotas cubanos y puertorriqueños cuando hay hombres como Espaillat y Peña al frente del gobierno. Que cesen de ser ignorantes y vengan a Santo Domingo a hacerse fuertes contra España, dándoles la fuerza a esta Isla para expulsar a los españoles de Cuba y Puerto Rico». (Hostos, citado en Castro, 2005:166)
Múltiples son los rasgos que distinguen la visión de unidad antillana de Gregorio Luperón entre sus similares, a decir de Hostos fue su más ardoroso representante y esta calificativo es bien merecido para quien supo articular el brazo y la pluma en tales fines, para quien prestó su suelo y su sueldo, para quien supo distinguir entre unidad y unificación, quien avisoró de los intereses expansionistas de los emergentes Estados Unidos y desplegó en consecuencia una labor diplomática fuera de las fronteras antillanas, convencido quizás de que la causa de la libertad convoca a la unidad de todos los hombres. Queda el reto en nuestra nación dominicana, dividida aun en prejuicios, luchas intestinas y partidarias, convocar al estudio de Gregorio Luperón.
Referencias
Castro Ventura, Santiago. “Pensamiento y acción antillanista de Luperón.” Clio, vol. 170, no. 1, 2005, pp. 149-170.
Cordero Michel, Emilio. “República Dominicana, cuna del antillanismo.” Clio, vol. 165, no 1, 2003, pp. 225-236.
Reyes-Santos, Irmary. “Afro-descendencia y pan-americanismo en el pensamiento antillanista del siglo diecinueve”. Estudios Sociales Año 45, Vol. XLI – Número 154 Enero – marzo 2013
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