¿Qué es literatura? 

Prof. Eulogio Silverio
Para algunos está totalmente claro qué es literatura y qué no es literatura. No tenemos la intención de definir qué es literatura y qué no lo es, pero vamos a intentar traer la pregunta a nuestro campo. Por eso tenemos al profesor José Flete Morillo. A quién le preguntaremos ¿Qué es la literatura?

Dr. José Flete Morillo
—La literatura, entendida como una manifestación artística, es la expresión del arte a través de la palabra oral o escrita. Podría preferirse inicialmente el término «escrita», atendiendo a su procedencia de littera, que significa «letra»; sin embargo, la literatura no se limita exclusivamente a aquello que ha sido fijado mediante la escritura, sino que comprende también manifestaciones artísticas transmitidas a través de la palabra oral. Como veremos más adelante, la manifestación literaria no fue, en sus orígenes, únicamente escrita. De hecho, todo saber, ya sea filosófico o cultural, comunicado por medio del lenguaje tuvo inicialmente una forma oral.

Prof. Eulogio Silverio
—El asunto es que, por lo menos desde donde nos ubicamos nosotros, Osvaldo y yo, que es el enfoque del materialismo filosófico, resulta problemático identificar sin más literatura y expresión oral.

Dr. José Flete Morillo
—¿Cuál es el problema?

Prof. Eulogio Silverio
—Que, si toda manifestación oral organizada pudiera considerarse literatura, tendríamos que aceptar inmediatamente que los pueblos aborígenes de este continente poseían literatura antes de la llegada de los españoles y, del mismo modo, reconocer como literatura determinadas prácticas orales de pueblos africanos anteriores a su contacto con sociedades que disponían de instituciones filológicas y literarias capaces de clasificarlas de ese modo.

Esto no significa negar la existencia de cantos, relatos, mitos, poemas o narraciones orales. El problema es determinar desde qué criterios los clasificamos posteriormente como «literatura». Ahí resulta útil la distinción entre las perspectivas emic y etic. Desde una perspectiva emic, es decir, desde el punto de vista de quienes realizan esas prácticas, un canto puede ser una invocación a los dioses, un ritual funerario, una ceremonia destinada a favorecer la cosecha, una narración de los antepasados o un canto vinculado a la cacería. Sus participantes no tienen necesariamente que concebir aquello como «literatura».
Es posteriormente cuando un antropólogo, un etnólogo, un filólogo o un crítico, desde una perspectiva etic y utilizando categorías desarrolladas dentro de determinadas instituciones culturales, puede clasificar aquellas prácticas como literatura oral.

El Cantar de los Cantares, por ejemplo, está integrado actualmente en nuestra tradición literaria, aunque sus materiales hayan estado vinculados históricamente a tradiciones religiosas y orales. La cuestión filosófica no consiste simplemente en preguntar si había palabras, ritmo, metáforas o narraciones, sino en determinar qué criterios permiten constituir determinadas producciones como obras literarias.

Además, si identificáramos literatura simplemente con cualquier comunicación oral estructurada, el concepto se ampliaría excesivamente. También existen especies animales que realizan comunicaciones complejas, vocalizaciones coordinadas e incluso secuencias ritualizadas. Evidentemente, no por ello decimos que poseen literatura.

Por tanto, la oralidad, por sí sola, no puede ser un criterio suficiente para definir la literatura. Es necesario considerar también las instituciones, las obras, los cánones, los intérpretes y las operaciones mediante las cuales determinados materiales verbales llegan históricamente a ser clasificados como literarios. Por ejemplo Flete. Imagina un grupo de chimpancés que, ante determinado peligro o situación social, produce una secuencia relativamente estable de vocalizaciones, gestos y movimientos que los demás miembros del grupo reconocen y ante la cual responden. Hay comunicación, reiteración, organización y hasta una cierta «tradición» conductual. Pero nadie diría por ello que los chimpancés están recitando literatura. Si la mera oralidad, la comunicación o la repetición ritual fueran suficientes para definir la literatura, sería difícil establecer el límite que excluye estos comportamientos animales.

Dr. José Flete Morillo
—No, no, no. El tema del materialismo histórico…

Prof. Eulogio Silverio
—Materialismo filosófico. Sin ofensas.

Dr. José Flete Morillo
—Sin ofensas. Su problema es que lo reduce todo a una postura centrada en la materialidad. Hay algo que también tenemos que considerar: la intención del individuo. Es decir, ¿qué quiero comunicar?, ¿con qué finalidad lo hago?, ¿con qué finalidad escribo? ¿Qué función cumple la oralidad?

Un ejemplo que quiero citar a propósito de los taínos: ¿cuál era la finalidad de los relatos que tenían los aborígenes? ¿Cuál era la finalidad al comunicar algo? ¿Qué se buscaba con aquello que hacían? Hay una finalidad. Y, en el caso de la literatura, también existe una finalidad.

No podemos reducirlo todo a aceptar lo que una persona diga simplemente porque sea considerada experta o una autoridad. Si asumimos como válido lo que alguien sostiene por su condición de experto o de autoridad, debemos preguntarnos también: ¿quién designa esa autoridad?

Prof. Eulogio Silverio
—Es que metodológicamente es inevitable comenzar desde algún punto. Las clasificaciones no surgen espontáneamente ni aparecen como si fueran revelaciones. Se constituyen históricamente a través de instituciones, especialistas, tradiciones y criterios que van estableciendo qué materiales quedan comprendidos dentro de determinadas categorías.

Antes de que el término «literatura» adquiriera el alcance general que hoy le atribuimos, muchas de las prácticas que actualmente clasificamos como literarias eran denominadas mediante categorías más específicas, como poesía, tragedia, comedia, epopeya, teatro, entre otras. Por tanto, el rótulo «literatura», entendido como una categoría general capaz de reunir todas esas producciones, es relativamente reciente.
Esto no significa que una autoridad individual haya decidido arbitrariamente qué es literatura. Lo que ocurre es que determinadas instituciones culturales, filológicas y académicas han ido estableciendo criterios y cánones desde los cuales ciertos materiales son clasificados como literarios.

Naturalmente, para realizar esa labor clasificatoria se requieren lenguas, sistemas de escritura, instituciones educativas, tradiciones filológicas y procedimientos suficientemente desarrollados como para conservar, comparar, interpretar y organizar esas obras. Los criterios empleados pueden variar y entrar en conflicto entre sí, pero no por ello son completamente arbitrarios.

Por otro lado, tú has expresado que el problema del materialismo filosófico es que reduce todo a la materialidad. En ese punto conviene hacer una precisión fundamental: el materialismo filosófico no identifica la materia exclusivamente con la realidad física.

Gustavo Bueno distingue tres géneros de materialidad. El primer género, M₁, comprende las realidades dadas como exteriores y espacio-temporales, como cuerpos, sonidos, objetos, libros, instrumentos, ondas sonoras, entre otras.

El segundo género, M₂, comprende los fenómenos de la interioridad y de la actividad operatoria, como percepciones, recuerdos, deseos, emociones, experiencias y procesos psicológicos.

El tercer género, M₃, comprende realidades objetivas abstractas que no se reducen ni a objetos físicos ni a estados psicológicos individuales como relaciones matemáticas, estructuras lógicas, conceptos, ideas y determinadas relaciones objetivas.

Dr. José Flete Morillo
—Entonces, ¿dónde quedaría eso que yo te dije sobre la intención y la finalidad de quienes producían esos relatos?

Prof. Eulogio Silverio
—Si te refieres a la intención o finalidad que tenían quienes producían esos relatos, eso corresponde a M₂. Pero la práctica oral misma no se reduce a M₂: sus sonidos, cuerpos y gestos pertenecen a M₁, y las estructuras y relaciones objetivas que podamos reconocer en ella pueden remitir a M₃.
Donde queda eso que hacían esos pueblos antes de que llegaran los antropólogos o el etnólogo y etiquetaron como literatura eso, ellos lo hicieron a partir de un canon que ellos tienen. Porque podría llegar otra cultura con otros cánones y no catalogarlo como literatura.

Dr. José Flete Morillo
—Pero el tema es que ese canon, tuvo un origen. El canon no vino como si fuese una manifestación divina, sino que tuvo un origen, un punto de partida. Y tú hablabas, por ejemplo, de la materialidad uno, M₁. Que tiene que ver con la realidad material, física. Entonces, por ejemplo, ¿la comunicación oral no es material?

Prof. Eulogio Silverio
—Sí, claro. Pero de lo que estamos hablando es de otra cuestión. Tú afirmas que lo que esos pueblos hacían ya era literatura y que su tradición oral puede considerarse literatura. Yo introduciría una distinción: aquellos cantos, relatos, mitos o ceremonias existían antes de que fueran clasificados como literatura, pero no necesariamente eran concebidos como tales por quienes los producían.

Cuando el etnólogo, el antropólogo, el filólogo o el crítico literario recoge esos materiales, los transcribe, los compara y los estudia desde determinadas categorías, puede incorporarlos posteriormente a lo que nosotros denominamos «literatura oral». La transcripción no crea la obra ni le confiere mágicamente carácter literario; lo que hace es fijarla, conservarla y permitir que sea analizada e integrada dentro de instituciones, tradiciones y cánones literarios.

Pensemos, por ejemplo, en el Cantar de los Cantares. Hoy forma parte indiscutible de nuestra tradición literaria, aunque sus materiales estén vinculados históricamente a contextos religiosos y posiblemente también a tradiciones orales. Su fijación por escrito permitió conservarlo, transmitirlo, interpretarlo y reintegrarlo durante siglos en diferentes tradiciones religiosas y literarias.

La pregunta sería entonces esta: si aquellos materiales hubiesen permanecido exclusivamente en la oralidad y hubiesen desaparecido con los grupos que los transmitían, ¿desde qué posición podríamos hoy clasificarlos como literatura? El problema no consiste solamente en que existiera una producción verbal, sino en determinar mediante qué criterios e instituciones esa producción llega a ser reconocida y organizada posteriormente como literatura.

Dr. José Flete Morillo.
—Ahí está. Por ejemplo, el Cantar de mio Cid.
¿Cómo se rescata el Cantar de mio Cid? Era un cantar de gesta. Lo mismo que la Canción de Roldán: era un cantar de gesta, una obra producto de la oralidad. Y es correcto. Yo creo que sí, que alguien tuvo que ponerle reglas, pero tuvo un origen.
¿Cuál fue la finalidad? Porque yo me voy a la finalidad. ¿Cuál es la finalidad de la obra literaria?

Prof. Eulogio Silverio
—Entonces quedarían fuera de la literatura muchísimas cosas que ustedes hoy dicen que son literatura.

Dr. José Flete Morillo.
—¿Por qué?

Prof. Eulogio Silverio
—Porque tú estás ubicado en esa corriente que  entiende la literatura desde la finalidad. La finalidad, por ejemplo, del Cantar de los Cantares, posiblemente está más asociada a determinada práctica religiosa que a una finalidad estética o contemplativa.

Dr. José Flete Morillo
—No, no, no. De hecho, el Cantar de los Cantares tiene una construcción claramente estética. Por ejemplo, usted puede leer el capítulo cuatro y observar la abundancia de metáforas y recursos expresivos. Hay una elaboración formal evidente.

Prof. Eulogio Silverio
—Sí, pero una cosa es reconocer hoy esas características formales y otra distinta afirmar que conocemos con certeza la finalidad que tenían quienes produjeron originalmente esos materiales. Ahí tenemos que distinguir entre la perspectiva emic, correspondiente a quienes participaban en aquellas prácticas, y la perspectiva etic, desde la cual nosotros las analizamos y clasificamos posteriormente.

Puede ocurrir que un crítico contemporáneo identifique metáforas, paralelismos, recursos poéticos o estructuras estéticas en un texto sin que eso nos autorice a afirmar que sus autores lo concibieron bajo nuestra categoría actual de «literatura».

Quizás el Cantar de los Cantares no sea el mejor ejemplo para este punto. Pensemos mejor en el areíto de los taínos. Sus participantes podían realizarlo como ceremonia religiosa, conmemorativa, política o ritual, sin necesidad de concebirlo como «literatura» en el sentido que nosotros atribuimos hoy a ese término.  ¿Quién le atribuye entonces ese carácter literario?
Lo atribuimos posteriormente nosotros, desde otras instituciones y categorías. El antropólogo, el etnólogo, el filólogo o el crítico recoge esos materiales, los compara, los interpreta y puede clasificarlos como poesía, canto ritual o literatura oral. Pero esa clasificación etic no debe confundirse automáticamente con la manera emic en que aquellos pueblos entendían sus propias prácticas.

Dr. José Flete Morillo
—Pero existía la obra.

Prof. Eulogio Silverio
—Sí, claro.

Dr. José Flete Morillo
—Entonces, ya.

—Ahora bien, que se corresponda con los cánones que tenemos actualmente, con lo que hoy se está planteando, son otros quinientos. Incluso ocurre con la misma pintura. Pensemos, por ejemplo, en las pinturas rupestres: ¿eran obras de arte aquellos dibujos y trazos realizados en las cavernas?

Prof. Eulogio Silverio
—No, no eran obras de arte.

Dr. José Flete Morillo
—¿No tenían una finalidad?

Prof. Eulogio Silverio
—Tenían una finalidad práctica muy distinta.

Dr. José Flete Morillo
—Pero querían comunicar algo.

Prof. Eulogio Silverio
—Pues, entonces, todo lo que comunica es literatura.

Dr. José Flete Morillo
—Es un tipo de literatura, ¿no?

Prof. Eulogio Silverio
—Desde esa óptica hasta la crónica roja se convierte en literatura. Hay que tener cuidado con esa afirmación.

Dr. José Flete Morillo
—Pero lo que pasa es que tenemos que entender los géneros literarios. La literatura comprende diversos géneros. Por ejemplo, están el teatro, la novela y el ensayo. Son géneros literarios que no poseen la misma estructura ni responden al mismo canon que se utiliza, por ejemplo, para definir un poema. Sin embargo, todos forman parte de la literatura como manifestación del pensamiento mediante la palabra.
Por eso, prefiero utilizar la expresión «mediante la palabra», oral o escrita, y no «mediante la escritura».

Prof. Eulogio Silverio
—Entonces, como dice nuestro amigo mexicano Axel Juárez, en corto, ¿qué es la literatura?

Dr. José Flete Morillo
—La literatura es la manifestación del pensamiento mediante la palabra oral o escrita. Esa es la definición que le doy.

Comentarios De Facebook

Check Also

¿Pablo Mella propone que la nación dominicana eduque contra sí misma?

Las afirmaciones de Pablo Mella, en torno a que la enseñanza de la historia dominicana …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

litteranova.com