Diferencias específicas entre las normas éticas, morales y políticas

Eulogio Silverio

Prof. Novas

—Buenas noches, compañeros y compañeras.

La Cátedra de Filosofía Gustavo Bueno quiere agradecerles y, a la vez, felicitarles por el interés que han mostrado a través del tiempo por los temas que abordamos en estos encuentros.

Hoy nos convoca el debate sobre las diferencias entre normas éticas, morales y políticas. A muchos de ustedes podría parecerles que este es un tema agotado y que ha sido suficientemente debatido en la tradición filosófica occidental. Sin embargo, les puedo asegurar que este tema, como los demás problemas filosóficos, nunca puede considerarse definitivamente clausurado. La filosofía, a diferencia de las ciencias categoriales, que pueden alcanzar verdades dentro de campos determinados, se ocupa de ideas que surgen de la confrontación entre diferentes saberes, instituciones y realidades del presente. Por ello, las respuestas filosóficas no cancelan definitivamente los problemas, sino que pueden abrir nuevas cuestiones y exigir nuevas confrontaciones críticas.

A través de este tema tendremos la oportunidad de examinar algunos de los tópicos más relevantes de este asunto. Trataremos problemas sobre los cuales no existe un consenso entre los principales pensadores y escuelas filosóficas, lo que dificulta establecer criterios comunes en materia ética, moral y política.

Nos preguntaremos: 

  1. ¿Qué condiciones deben concurrir para que una acción pueda ser considerada ética o moral, atendiendo al tipo de norma que la determina y al término sobre el que recae?
  2. ¿Qué papel desempeñan los procesos psicológicos en la conducta ética y moral, y hasta qué punto pueden explicar unas normas cuya fuerza no se reduce a la conciencia subjetiva del individuo?
  3. ¿Qué parte de verdad contiene el relativismo moral, teniendo en cuenta la diversidad histórica de las normas y costumbres de los distintos grupos humanos, y cuáles son sus límites?
  4. ¿Puede la ética reducirse a la conciencia subjetiva del individuo, o existen criterios objetivos para determinar el carácter ético de una conducta al margen de lo que cada sujeto crea, sienta o considere bueno?

Estas preguntas nos obligarán también a establecer una distinción fundamental entre las normas éticas, las normas morales y las normas políticas. Desde las coordenadas del materialismo filosófico, escuela a la que estamos vinculados, las normas éticas están dirigidas a la preservación y fortalecimiento de la integridad de los individuos corpóreos,  mientras que las normas morales buscan la preservación y continuidad de la integridad de los grupos, de sus instituciones, costumbres y normas que los constituyen. Por su parte, las normas políticas están orientadas a la preservación, estabilidad y continuidad de la sociedad política y del Estado, es decir, a su eutaxia. Estas tres clases de normas pueden coincidir en muchas ocasiones, pero también pueden entrar en conflicto, porque aquello que resulta exigible desde el punto de vista ético o moral no siempre resulta compatible con las exigencias políticas de conservación y estabilidad del Estado.

Gustavo Bueno
Gustavo Bueno

A partir de esta distinción, será necesario precisar que la vida política no puede existir al margen de individuos y grupos sujetos a normas éticas y morales; sin embargo, las normas políticas poseen una estructura y unos objetivos propios, vinculados a la organización, conservación y funcionamiento de la sociedad política y del Estado. Por ello, no todo lo que pueda considerarse éticamente exigible tiene que convertirse automáticamente en una norma política, del mismo modo que una norma política no puede identificarse sin más con una norma ética o moral.

Sobre la base de estas distinciones, realizaremos también una revisión exhaustiva de los fundamentos de conceptos e Ideas que hoy funcionan frecuentemente como auténticas ideas-fuerza, tales como la dignidad humana y la solidaridad. Se trata de Ideas que suelen presentarse en el discurso público como evidentes o incuestionables, pero cuyos fundamentos, límites y diferentes significados deben ser sometidos al análisis filosófico.

Lo mismo ocurre con conceptos e Ideas como la condición humana, la esencia y la existencia. ¿Qué es el ser humano o qué es aquello que nos permite hablar de una realidad específicamente humana? Esta pregunta deberá analizarse evitando convertir al «Hombre» o a la «Humanidad» en realidades abstractas separadas de los individuos corpóreos, de las sociedades, de las instituciones y de los procesos históricos concretos en los cuales se constituyen.

En esa misma línea analizaremos los llamados derechos sexuales y reproductivos de los enfermos mentales, examinando en qué medida se trata de derechos jurídicamente reconocidos y cuáles son las posibles relaciones y conflictos que pueden establecerse entre normas éticas, morales, jurídicas y políticas.

También realizaremos una revisión crítica de algunas de las propuestas y doctrinas más relevantes para el análisis de los problemas éticos y morales. Examinaremos, entre otras, las posiciones filosóficas de Kant y Sartre, así como corrientes y doctrinas como el pragmatismo, el hedonismo y el utilitarismo, sin dejar de considerar la concepción cristiana de la moral y sus fundamentos.

Como colofón de este recorrido, dedicaremos una atención especial a la concepción de la ética y la moral en el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, estudiando sus fundamentos, sus principales distinciones y su capacidad para analizar críticamente los problemas desarrollados a lo largo de la obra. De este modo, la perspectiva de Bueno no aparecerá únicamente como una doctrina más entre otras, sino como el marco filosófico desde el cual podremos confrontar, ordenar y valorar críticamente las distintas posiciones examinadas.

Amelia, la Cristiana
—Buenas noches, profesor Novas.

Me parece muy completo el programa de esta jornada. Un asunto que siempre hemos valorado de usted como maestro es que nos ayuda a entender los problemas filosóficos, a través de la confrontación de las ideas, pero aplicada a realidades concretas.  

Como usted sabe, en relación a las normas éticas, morales y políticas suelen existir enfoques diferentes, considero importante que usted comience definiendo dichas normas. Pues como aconseja la Escritura: «Examinadlo todo; retened lo bueno». Así podremos discernir mejor lo que es bueno y agradable delante de Dios.

Prof. Novas

—Me parece metodológicamente correcta su sugerencia.

Mire usted, cuando hablamos de normas éticas, morales y políticas es preciso comenzar distinguiendo tres planos y tres clases de normas:

Como ya habíamos señalado, las normas éticas se dirigen al plano individual, las normas morales a los grupos y sus instituciones y las políticas a preservar la eutaxia del Estado, es decir la permanencia de sus instituciones. 

Como punto de partida, diremos que la Ética se refiere a las normas que tienen por objeto la preservación, fortalecimiento y mantenimiento de la vida (propia y ajena) del individuo corpóreo humano.

La Moral, se refiere al grupo, a la preservación, fortalecimiento y continuidad de sus instituciones y formas de vida. 

La Política, se refiere a la sociedad política en cuanto sistema de poder organizado, es decir, al conjunto de instituciones, relaciones y procedimientos mediante los cuales se regula, coordina y mantiene la convivencia entre los grupos y los individuos dentro de un Estado. 

La Doña

Profesor, ¿podría darme la etimología de las palabra ética, moral y política?, pues lo que usted está diciendo es contrario a lo que hemos leído anteriormente.  

Prof. Novas

Muy bien. Es pertinente la pregunta.

En cuanto a la etimología  del término «ética» procede del griego êthos y está relacionado con el carácter, los hábitos y las costumbres. La palabra «moral», en cambio, procede del latín mos, moris, y fue utilizada por Cicerón para traducir al latín términos procedentes de la tradición ética griega; significa también costumbre, hábito o formas de vida propias de una comunidad.

El término «política» procede del griego pólis, que significa ciudad o ciudad-Estado.

Ahora bien, aunque estas referencias etimológicas son importantes para comprender el origen de los términos, no explican por sí mismos lo que debemos entender por ética, moral y política.

En una parte importante de la tradición filosófica occidental se ha identificado la ética con la reflexión filosófica o teórica acerca de la moral. Desde esa perspectiva, la ética sería la disciplina filosófica encargada de estudiar sistemáticamente las normas, principios, valores y comportamientos que rigen los grupos.

La moral, según esta misma concepción, sería el conjunto de normas, preceptos, costumbres y valores que un determinado grupo social adopta o mantiene con la finalidad de orientar y regular el comportamiento de sus miembros.

Sin embargo, desde el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, esta distinción resulta insuficiente, porque convierte a la ética en una teoría de la moral y termina confundiendo dos órdenes de normas que es necesario diferenciar.

Para nosotros la diferencia entre ética y moral no debe establecerse por el origen de las normas, por la conciencia subjetiva del individuo, ni porque la ética sea teoría mientras que la moral sea práctica. La distinción debe establecerse atendiendo al objeto de las normas, hacia qué o quiénes están dirigidas.

En este sentido, llamamos normas éticas a aquellas que tienen por objeto preservar, mantener y fortalecer la vida y la integridad de los individuos corpóreos humanos, tanto la propia como la de los demás.

Por eso, acciones como curar a un enfermo, alimentar a quien tiene hambre, socorrer a una persona herida o impedir que un individuo sea destruido constituyen ejemplos característicos de normas éticas. La fuerza que impulsa estas conductas no procede de una conciencia abstracta, sino de la propia materia de la vida individual en relación con otras vidas individuales. Este impulso, de naturaleza etológico-psicológica, se consolida mediante la educación y el aprendizaje social, hasta identificarse prácticamente con la voluntad del individuo. En este sentido, Gustavo Bueno sostiene que «la palanca de la conducta ética es principalmente la educación».

La fuerza de obligar de las normas morales procede de la pertenencia efectiva del individuo al grupo del que forma parte, con sus instituciones, costumbres y relaciones. No se trata de una obligación nacida de una conciencia aislada, sino de la inserción real del individuo en una comunidad que exige determinadas conductas para conservar su cohesión y continuidad. Como señala Gustavo Bueno, «la fuerza de obligar […] procede también del grupo social o político en el que el individuo está insertado».

Vista esta distinción, debemos distinguir ambas de las normas políticas, cuyo campo específico se encuentra en la organización, conservación y funcionamiento de la sociedad política y en el mantenimiento de la eutaxia del Estado.

Por consiguiente, no debemos pensar estos tres órdenes como si fueran compartimentos absolutamente separados. Las normas éticas, morales y políticas pueden entrecruzarse, coincidir y también entrar en contradicción. Precisamente el análisis de estos conflictos será uno de los asuntos que examinaremos en este diálogo.

La Doña.
—¿Cuál es la fuerza de obligar de las normas políticas?

Prof. Novas.
—La fuerza de obligar de las normas políticas procede del poder efectivo del Estado, capaz de hacer cumplir sus decisiones mediante las instituciones que lo constituyen. Ese poder puede expresarse a través de leyes, tribunales, administración, policía y, llegado el caso, mediante el uso legítimo de la fuerza. Su referencia no es la conciencia individual ni la conservación de un grupo particular, sino la eutaxia de la sociedad política, esto es, su organización, estabilidad y continuidad.

La Doña.
—Entonces, siguiendo a Platón, el político no es simplemente un pastor que gobierna con palabras: también debe saber cuándo persuadir y cuándo recurrir a la fuerza. 

Prof. Novas.
—Exactamente. Las palabras, la persuasión y los acuerdos forman parte de la política, pero detrás de una norma política debe existir un poder capaz de hacerla efectiva. El gobernante que carece de medios para hacer cumplir sus decisiones deja de gobernar; aunque tampoco gobierna adecuadamente quien pretende sostener el Estado únicamente a palos. La fuerza política tiene sentido cuando está subordinada a la conservación y buen orden de la sociedad política, no cuando se convierte en violencia arbitraria.

Amelia, la cristiana.
Profe, ¿Cuál es la definición de ética, moral y política que propone?

Prof. Novas
—Ya lo hemos anunciado en la introducción.

Vamos a trabajar con el enfoque ofrecido por el materialismo filosófico desarrollado por el filósofo español Gustavo Bueno, quien propone definir la ética, la moral y la política atendiendo al objeto de las normas y no a su origen, a la conciencia subjetiva.

En corto, como dice nuestro amigo Axel, la ética es el conjunto de normas dirigidas a salvaguardar, fortalecer y preservar la vida y la integridad del individuo corpóreo. La moral, está constituida por aquellas normas dirigidas a salvaguardar, fortalecer y preservar al grupo como tal, junto con las instituciones, costumbres y relaciones que permiten su continuidad.

Las normas políticas pertenecen a otro orden. Están relacionadas con la organización, conservación y funcionamiento de la sociedad política, lo que hemos llamado eutaxia del Estado, entendida esta como la capacidad para mantener la estabilidad y permanencia como sociedad política.

Como se puede apreciar, las normas éticas, las morales y las políticas no están dirigidas exactamente los mismos objetivos. Esto explica que puedan coincidir en muchas ocasiones, pero también que entren en conflicto. Incluso existen situaciones en las cuales las exigencias de estos distintos órdenes normativos resultan difícilmente conciliables.

La Doña.
—Profe podría darnos un ejemplo donde las normas éticas, las morales y las políticas entren en conflicto.

Prof. Novas
—Un caso donde pueden entrar en conflicto las normas éticas, morales y políticas, para el dominicano, es cuando nos enfrentamos al drama de la presencia masiva y descontrolada de los haitianos ilegales, pobres y con hambre que llegan a nuestras calles.

Las normas éticas me exigen darle comida, abrigo y protección a ese haitiano, sin preguntar sobre su estatus legal, sobre todo cuando se encuentra hambriento, enfermo o en una situación que amenaza directamente su integridad corpórea.

Sin embargo, las normas morales pueden demandar otro tipo de conducta cuando consideramos que la entrada masiva y descontrolada de inmigrantes afecta de manera crítica las condiciones económicas, las normas sociales, la oportunidades laborales de nuestra comunidad, en ese momento, surge la imperiosa obligación de acciones dirigidas a proteger la estabilidad y continuidad del grupo propio.

Tal y como afirmaba el profesor Andrés Avelino García Ramón: «…un cristiano pobre no puede dejar sin comer a sus propios hijos para darle de comer a los hijos de un hermano más pobre que él… Porque el primer deber de ese padre es para con sus propios hijos».

De manera similar, puede entenderse que la obligación primaria de los miembros de las comunidades dominicanas es con respecto a sus miembros. Desde esta perspectiva la comunidad que recibe el impacto de esa presencia, no pueden actuar como si los extranjeros no afectan las propias condiciones de subsistencia y seguir pretendiendo satisfacer, sin límites, las necesidades de todos aquellos que llegan desde fuera. 

La Doña

Profe, veo que esas cosas las exigen, los izquierdistas y feministas trasnichados que no alcanzan a distinguir que una cosa es con guitarra y otra es con violín o como dicen en mi campo, “no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar”

Prof, Novas.

Definitivamente Doña, si la comunidad dominicana sigue acogiendo de manera masiva y sin ningún tipo de regulación a todos los haitianos ilegales, pobres, hambrientos y enfermos que quisieran entrar, podría producirse una mayor presión sobre las camas de los hospitales, las aulas de las escuelas, los asientos del transporte público, las plazas de trabajo y otros recursos que también necesitamos nosotros.

Como podemos ver, las normas éticas y las morales pueden entrar en conflicto. Ya que estan dirigidas a objetivos distintos: las normas éticas buscan la preservación de la vida de los individuos corpóreos. Las normas morales, están orientadas a preservar la continuidad y fortaleza del grupo al que pertenecemos.

Cuando pasamos al plano político aparece un tercer orden de problemas. Las normas políticas están orientadas a preservar la eutaxia del Estado. Por ello, en el caso del Estado Dominicano tiene que establecer políticas migratorias, controlar sus fronteras, determinar las condiciones de entrada y permanencia de extranjeros y, cuando corresponda proceder a la repatriación o deportación de quienes se encuentren ilegalmente en nuestro territorio.

Esto significa que la exigencia ética de asistir a una persona hambrienta o enferma implica la obligación política de permitirle permanecer dentro de nuestro territorio.

Cualquier Estado que pretenda ofrecer ilimitadamente a todos los individuos empobrecidos y hambrientos que quieran entrar en su territorio las prestaciones que garantiza a sus ciudadanos, alcanzará un punto crítico en el cual quedaran comprometidos sus recursos, sus instituciones y, finalmente, su propia eutaxia.

Por tanto, lo que puede ser obligatorio desde el punto de vista ético en relación con el individuo concreto no tiene por qué convertirse en una norma política.

Amelia, la cristiana.
—Profe podría ofrecernos otro ejemplo.

Prof. Novas:
—Con mucho gusto, Amelia.

Imaginemos un escenario, abordado en muchas películas, donde aparece un virus, tipo zombis, con una alta tasa de contagio y mortalidad, como en la serie, “El último de nosotros”. El gobierno, naturalmente, tiene la obligación de evitar la propagación del contagio mientras sus científicos trabajan en la elaboración de una vacuna que elimine dicho virus.

Al cabo de un tiempo, se descubre que existen individuos que han desarrollado inmunidad natural al virus, quienes podrían ser un elemento clave para crear una cura.

El gran problema aparece cuando, dentro de este escenario de ficción, la elaboración de la vacuna exige necesariamente sacrificar las vidas de los seres humanos que han desarrollado dicha inmunidad. Desde ese mismo instante pueden entrar en conflicto las normas éticas, las morales y las políticas.

Es muy probable, que una gran mayoría de los miembros de la comunidad exijan la captura y sacrificio de quienes son inmunes alegando que el todo “la comunidad” es mayor que la parte. Casi siempre, las comunidades consideran que la supervivencia del grupo está por encima de la vida de uno o varios individuos. En este caso la moral entra frontalmente en conflicto con las normas éticas exigen la integridad en cuanto individuos corpóreos deben ser preservadas.  No importa que de sus cuerpos pudieran obtenerse un beneficio para el grupo, para la nación política o para la “humanidad”. 

Las normas políticas, en este caso, deben tomar las acciones necesarias dirigidas a la preservación de la sociedad política en su conjunto. Podría verse obligado a establecer cuarentenas, aislamientos, restricciones de movimientos, evacuaciones o cualquier otra medida profiláctica necesaria para impedir que la epidemia alcance un nivel capaz de comprometer la propia supervivencia del Estado.

En situaciones extremas, las decisiones políticas podrían entrar en contradicción tanto con los intereses individuales como con los intereses de los grupos. Aunque, esto no significa que cualquier medida quede justificada por invocar la eutaxia del Estado. La decisión política deberá valorarse atendiendo a las circunstancias concretas, a sus consecuencias y a su capacidad efectiva para preservar la sociedad política.

Recordemos una escena de la serie The Last of Us donde una micóloga es llamada por los militares para analizar el cadáver de una mujer infectada. Al confirmar que se trata de una mutación del hongo Cordyceps —altamente contagiosa y sin cura posible—, la doctora le sugiere al oficial bombardear la ciudad con todos sus habitantes para contener el brote; una medida drástica que el gobierno terminó ejecutando. 

Como pueden ver en la acción del gobierno de bombardear una ciudad, desde la óptica de las normas políticas es correcto, pero entre en conflicto con las normas éticas y morales que buscan preservar la integridad de los individuos y las comunidades. Observemos cómo la comunidad, normas morales, quiere localizar a Ellie, la cara de papa a quien Joel protege, normas éticas, de FEDRA y todos aquellos que deseaban que ella fuera atrapada y sacrificada para crear una cura contra el hongo que había acabando con el mundo conocido. Finalmente vemos cómo el gobierno, normas políticas, arrojó bombas en todas las ciudades donde existían brotes para aislar el hongo, normas políticas.   

Puntos que debemos recordar para distinguir los tres tipos de normas: 

  1. Las normas éticas se orientan a preservar y fortalecer a los individuos corpóreos; 
  2. las normas morales, a preservar y fortalecer a los grupos y sus instituciones; 
  3. y las normas políticas, a preservar la eutaxia de la sociedad política y del Estado.

Me parece que esta distinción que el profesor Gustavo Bueno hace más comprensible las normas éticas, morales y políticas porque elimina la confusión milenaria existente que tiende a confundir los distintos planos de las normas. 

Comentarios De Facebook

Check Also

¿Está la dignidad del migrante por encima de la soberanía fronteriza?

Este texto es una transcripción de la entrevista que me realizó el Dr. José Flete …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

litteranova.com