A 63 años de una ignominia

Anthony Almonte
Anthony Almonte

Por Anthony Almonte

Un día como hoy, hace 63 años, el país se vistió de luto. Aquel hombre que, el Miércoles de Ceniza del año anterior, había jurado que la democracia no perecería durante su gobierno, la vio perecer, víctima de las intrigas de quienes representaban los remanentes del trujillato. Decapitada la tiranía, los gérmenes de aquel régimen seguían emanando sus vapores putrefactos.

Tras la caída del tirano, los exiliados comenzaron a organizarse. Bosch y su partido enviaron al país una primera avanzada. El 5 de julio, con la llegada de la comisión del PRD integrada por Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, cobró fuerza el accidentado proceso de destrujillización iniciado con el tiranicidio del 30 de mayo. Dos días después, esa organización, a la que se sumaron decenas de adherentes, celebró una gran manifestación de repudio a la dictadura, que culminó cuando las masas enardecidas incendiaron la odiada Radio Caribe.

Tirso Mejía-Ricart señala que Juan Bosch inició su gobierno con los mejores auspicios internacionales y con una cómoda mayoría de su partido en el Congreso Nacional, a la que él mismo calificó imprudentemente de «aplanadora». Sin embargo, dejó intactos los mandos militares, incluido el secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, general Víctor E. Viñas Román. Entre esos mandos predominaban, según Mejía-Ricart, oficiales de mentalidad trujillista, a quienes era preciso remover mientras aún se encontraban en el país los dignatarios extranjeros. Bosch, al parecer, siguió las recomendaciones del embajador estadounidense John Bartlow Martin.

Recordemos también que, si el gobierno de don Ulises Francisco Espaillat fue uno de los gobiernos netamente democráticos de la Primera y la Segunda República, el general Ignacio María González fue el primer presidente dominicano elegido libremente. Como Bosch, González fue desalojado del poder en medio de intrigas.

A raíz de un convenio firmado por el presidente Báez con la Samaná Bay Company of Santo Domingo, mediante el cual se comprometía la soberanía sobre ese territorio, la Línea Noroeste se levantó en armas bajo la influencia del general Luperón. Así comenzó la Revolución Unionista, que triunfó definitivamente el 25 de noviembre de 1873, liderada por el general Ignacio María González.

Ya al frente del Poder Ejecutivo, González convocó a elecciones presidenciales y resultó electo. Se juramentó el 6 de abril de 1874. Uno de sus primeros decretos abrió las puertas del país a los generales Luperón, Cabral y Pimentel. Desde el inicio de su gobierno surgieron conatos de descontento, como ocurrió también con Bosch, aunque por un tiempo prevaleció un ambiente democrático y conciliador.

El interés de González en establecer un tratado con España dio lugar a nuevas tensiones. Promulgó una ley que prohibía publicar periódicos dedicados a «difamar a naciones amigas», con el propósito de cerrar Las Dos Antillas, el órgano anticolonial fundado por Hostos. Más adelante ordenó apresar y extraditar en buques españoles a numerosos refugiados de Cuba y Puerto Rico. Luperón protestó públicamente, al igual que varias organizaciones sociales y culturales de Puerto Plata, y González se vio obligado a revocar esta última medida.

A mi juicio, la causa real de la caída de González fue su negativa a pagar una deuda contraída por Luperón para financiar la revolución contra Báez.

Hoy, a 63 años del golpe de Estado contra Bosch, la democracia dominicana sigue de luto por aquella ruptura. Esa mancha negra empaña, como un crespón, la memoria de los golpistas. La historia los condena, el pueblo los repudia y la posteridad no perdona su crimen.

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One comment

  1. Anthony, usted tiene razones para condenar el golpe contra el profesor Juan Bosch, y esa condena puede expresarse con toda claridad.
    Pero tengo una objeción cuando dice que «la historia los condena» y que «el pueblo los repudia». ¿A quiénes se refiere cuando habla de «la historia» y «el pueblo»? Usados de esa manera, ambos conceptos quedan sustancializados: se habla de ellos como si fueran personas capaces de dictar sentencias. En todo caso, somos nosotros quienes examinamos los hechos, discutimos sus causas y juzgamos las acciones de quienes participaron en ellos.

    Como usted sabe, el pueblo no actuó entonces, ni actúa ahora, como una sola persona, con una sola voluntad. Hubo dominicanos que defendieron al gobierno constitucional y otros que apoyaron su derrocamiento.

    Creo que su crítica al golpe cobra mayor fuerza si usted se la juega, nombra a los actores y nos muestra qué hizo cada uno. Así podríamos sostener la condena con hechos y, al mismo tiempo, comprender cómo fue posible derribar a un presidente elegido.

    Recuerde que las afirmaciones de Tirso sobre los cambios que Bosch debió hacer y no realizó expresan un juicio sobre lo que habría convenido hacer. Para sostenerlo, habría que mostrar que Bosch tenía fuerza suficiente para sustituir a esos mandos. En política actúan fuerzas reales, no la poesía.

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