La pareja de Virgilio Díaz Grullón

La relación entre ambos se estableció en forma casual y se estrechó a medida
que fueron descubriendo rasgos y características comunes que indicaban una
marcada afinidad. Los dos tenían la piel morena, los ojos negros y el cabello
abundante y lustroso. En verdad, si algo los diferenciaba físicamente, era que el
más tímido de los dos era zurdo. Desde los primeros contactos se hizo evidente
que este último —en razón de su falta de iniciativa— estaba fatalmente destinado
a ser el súcubo de la pareja y, con el tiempo, esta actitud de subordinación se hizo
tan completa que lo convirtió prácticamente en un imitador servil de su
compañero, a quien remedaba hasta en sus más insignificantes ademanes. Sus
encuentros se efectuaban esporádicamente en las horas avanzadas del día pero,
como ambos eran madrugadores, coincidían siempre en el cuarto de baño en las
primeras horas de la mañana. Estos contactos cotidianos cimentaron una
estrecha amistad que duró hasta el día en que uno de ellos —agobiado por la
depresión y la angustia— se disparó un balazo en la sien que atravesó el espejo y
mató a su compañero.

 

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