Importancia del paradigma fonológico y semántico en la poesía

Olfir A. Guzmán Méndez
Olfir A. Guzmán Méndez

Como es sabido, en el proceso de escritura creativa intervienen una serie de elementos que permiten a los escritores elaborar sus producciones literarias. Uno de ellos, y el más importante, lo constituyen las palabras. Estas, sin importar que el proyecto sea narrativa, teatro o poesía, favorecen que los autores construyan universos imaginativos. No obstante, para poder llegar hasta este punto, es indispensable que quien escribe se valga de aquellas palabras que registra en su memoria, y que, de acuerdo a su intención, permitan la transmisión de sentimientos y emociones. Es por esto que los paradigmas o relaciones asociativas juegan un papel fundamental en la cultivación de todos los géneros literarios, especialmente, en la poesía.

Los paradigmas fonológicos y semánticos son una pieza importante en el ámbito poético. Por ello, en las siguientes líneas se abordará la relevancia de ambos en este campo y se sugerirán algunos métodos y ejercicios que pueden realizar los poetas para desarrollar su acervo lexical.

Antes de abordar la importancia de estos, es necesario llevar a cabo una conceptualización y clasificación. En Curso de Lingüística General (1916), el lingüista suizo, Ferdinand de Saussure, establece que en la lengua se producen un conjunto de relaciones y una de ellas corresponde a las asociativas o paradigmáticas. Sobre estas, señala que en todo discurso: “(…) las palabras que ofrecen algo en común se asocian en la memoria, y así forman grupos en el seno de los cuales reinan relaciones muy diversas.” (P. 154). Esto significa que cuando los seres humanos aprenden palabras nuevas, las comienzan a categorizar y organizar de acuerdo a diferentes criterios.

Dependiendo de los aspectos a los cuales se haga referencia, el paradigma recibirá un nombre. Por ejemplo, si es por términos afines desde el punto de vista morfológico, la relación asociativa recibirá el nombre de paradigma morfológico; si hay afinidad en cuanto a los fonemas, fonológico; y si hay alguna relación en cuanto al significado, ya sea por afinidad terminológica, contrariedad o por pertenecer a un mismo conjunto, serán semánticos (Ortega, 2019).

La relación asociativa fonológica es sumamente importante para el poeta, porque favorece la construcción rimas a través de la selección de palabras que tengan coincidencias prosódicas y que contribuyan al establecimiento del ritmo y la musicalidad. A propósito de esto, el escritor argentino, Ariel Rivadeneira en su libro: Escribir poesía (2002) señala que: “(…) en el proceso de la escritura, es importante sopesar cuidadosamente cada palabra escogida y el tono del vocabulario, sin olvidar que en la palabra confluyen lo fónico y lo semántico” (p.38). Esto significa que para provocar los efectos esperados entorno a la sonoridad, quien escribe poesía debe hacer una priorización de palabras que han quedado registradas en su lexicón y que guardan relación con el tipo de rima que quiere emplear.

En muchas ocasiones, la rima no es seleccionada desde el inicio y, por tanto, las palabras que tienen coincidencias fonológicas son elegidas posterior a la selección de la estructura del poema que se quiere escribir. Por ejemplo, si se quiere escribir un soneto clásico, el poeta debe tomar en cuenta que las palabras que elija en los dos primeros cuartetos, deben tener una rima consonante basada en el esquema ABBA. Lo mismo con los dos tercetos: el poeta debe conseguir que los términos que emplee correspondan al esquema CDC.

Para demostrar los planteamientos anteriores sobre el paradigma fonológico, se utilizará el poema Soneto de la dulce queja (1983) del poeta y dramaturgo español, Federico García Lorca:

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Como puede observarse en este poema, la igualdad prosódica se hace presente al final de los versos, atendiendo a su esquema de rima. Se percibe que el autor tuvo que hacer una selección específica de palabras que rimaran consonantemente. Por eso, no resulta extraño que figuren los términos: maravilla, mejilla, orilla y arcilla; acento, aliento, siento, sufrimiento; mío, señorío, río; mojado, ganado y enajenado. Estos, mejor permiten que los lectores aprecien la musicalidad del texto. Además, no solo estas palabras permiten el establecimiento de paradigmas fonológicos: también lo hacen aquellas unidades fonológicas de palabras que guarden relación con la palabra de la que se parte. Es por ello que el paradigma fonológico juega un papel fundamental en la poesía.

Por otro lado, en lo que respecta a los paradigmas semánticos, su relevancia incide en que contribuyen a la selección apropiada de palabras, cosa que favorece la construcción de imágenes coherentes, isotopías discursivas y clasemáticas, que responden a los sentimientos y efectos que quiera provocar el poeta a sus lectores. Y ¿Por qué ocurre esto?

El crítico literario cubano, Roberto Fernández Retamar, en Idea de la estilística (2011) indica que: “Las palabras, semánticamente, provocan efectos afectivos, cuantitativos y ambientales” (p. 50). Esto implica que la selección apropiada de las mismas acorde a la afinidad, pueden transmitir los sentimientos que quiere evocar el poeta, pero para que eso ocurra las palabras que este elija, deben guardar una relación semántica. Sin embargo, si el rapsoda tiene un acervo lexical pobre, le resultaría complicado priorizar una serie de palabras que formen parte del mismo campo semántico. O mucho peor: no poder provocar los efectos que quiere.

En ese mismo orden, este paradigma desempeña un papel importante porque permite el desarrollo de la idea general en el poema. Si el “yo” poético del escritor lo motiva a transmitir, por ejemplo, un sentimiento profundo de tristeza en un escenario particular, el poeta debe revisitar aquellas palabras asociadas y utilizarlas. Si esas palabras son las adecuadas, habrá unidad isotópica y favorecerá que se establezcan isotopías clasemáticas (si en el texto aparecen términos como: férretro, muerto, cruz, sacerdote, cuervo, gente, sollozos, llanto, etc. permite la inferencia de que se trata de un sepelio).

Para ilustrar un ejemplo más específico de lo expresado en los párrafos anteriores, se seguirá utilizando el soneto de Lorca. En este, aparecen una serie de palabras que semánticamente guardan una estrecha relación, facilitando la formación de paradigmas. Si se enlistaran del texto las palabras: pena, miedo, sufrimiento y dolor, estas formarán una relación asociativa de sentimientos. Por otro lado, si se extrajeran: rosa, flor, hojas, ramas, tronco, formarían un paradigma de elementos constituyentes a la flora; ojo y mejilla, a las partes de la cara, entre otras. Esto ocurre porque cada uno de las palabras colocadas por el autor han sido elegidas atendiendo a los referidos criterios, los cuales proporcionan un ambiente emotivo apropiado, a través de imágenes coherentes.

Referente a lo expresado en el párrafo anterior, Alison Chisholm (2011) señala que las palabras deben ser elegidas con sumo cuidado, porque: “Si presenta una información equivocada, el poema pierde credibilidad” (P.45). Y para que esto no ocurra, el poeta debe implementar una serie de ejercicios que lo ayuden a apropiarse de términos que enriquezcan sus paradigmas fonológicos y semánticos.

Para lograr lo anterior, se sugiere tomar en cuenta el método desarrollado por el lingüista dominicano, Bartolo García Molina (2016), quien presenta una serie de pasos para que las personas, independientemente de a lo que se dediquen, puedan ampliar su léxico. Este es el Método Procesual de Adquisición Lexical (PAL), el cuál consta de los siguientes siete pasos:

  1. Anotar las palabras que desconozcamos.
  2. Fijar la referida palabra en el contexto en el que aparece.
  3. Describir el significado de esa palabra.
  4. Construir un paradigma morfológico.
  5. Elaborar un paradigma semántico con términos afines.
  6. Construir un paradigma semántico con términos contrarios.
  7. Redactar oraciones empleando esa palabra nueva.

Para poder mostrar cómo se aplicaría este método, se tomará a la palabra enajenado, la cual aparece en el poema que se ha ido estudiando en este ensayo. Esta aparece en el siguiente contexto: “no me dejes perder lo que he ganado/ y decora las aguas de tu río/ con hojas de mi otoño enajenado”.

Enajenado, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Dicho de una persona: Que ha perdido la razón, de una manera permanente o transitoria”. En este contexto, se refiere a una pérdida transitoria del juicio, ya que en el poema se hace alusión al otoño, estación que no es permanente. Lo que significa que el poeta se refiere a perder la razón efímeramente.

Los paradigmas que pueden construirse partiendo del referido adjetivo son:

Morfológico
Semántico de términos afines
Semántico de términos contrarios
Enajenar
Enajenación
Enajenados
Enajenaron
Demente
Loco
Delirante
Frenético
Cuerdo
Juicioso
Normal
Sano

Por otro lado, oraciones que pueden formarse con la palabra ejemplificada, serían la siguientes:

  1. Luego de tomarse tres smirnoffs, Julio se vuelve todo un enajenado.
  2. Si vuelves a enamorarte de esa manera, te enajenarás.

Al realizar este procedimiento con cada palabra que se desconozcan, se podrá lograr el incremento del acervo lexical de todo tipo de personas. En el caso del poeta, puede hacerlo a partir de las palabras que escucha o lee.

Por otro lado, la Mtra. Jovanny Ortega Suárez (2019), propone ejercicios que van entorno a la construcción de textos partiendo de palabras ya categorizadas o enlistadas en paradigmas. También, sugiere que la formación de paradigmas fonológicos, morfológicos y semánticos de todo tipo de palabras. Además, invita a que, partiendo de textos, se seleccionen palabras desconocidas y se apliquen pasos sugeridos por García (2016).

Como se ha dejado entrever, los paradigmas fonológicos y semánticos fungen como el motor que le proporciona a los poetas las palabras apropiadas para la construcción de sus poemas. Mientras más relaciones asociativas tenga dentro de su cerebro, mayores posibilidades tendrá de conectar con su mundo interior y podrá transmitir en imágenes aquello que no puede contar de otra manera.

Referencias

Chisholm, A. (Adela, S) (2011). Curso práctico de poesía. Un método sencillo para   todos los que escriben poesía, o aspiran a escribirla (7ma edición).  Barcelona, España: ALBA EDITORIAL.

De Saussure, F. (Alonso, A) (1990). Curso de Lingüística General (3ra edición).  Madrid, España: Alianza Editorial.

Fernández, R. (2011). Idea de la estilística. La Habana, Cuba: Editorial Letras Cubanas.

García, B. (2017). Morfosintaxis funcional del español: enfoque léxico, oracional y discursivo (7ma edición). Santo Domingo, República Dominicana: Editorial Surco.

García, B. (2016). REDACCIÓN. Métodos de organización y expresión del pensamiento (10ma edición). Santo Domingo, República Dominicana:  Editorial Surco.

García, F. (1983). Soneto de la dulce queja. En: Sonetos del amor oscuro (P.9). Free editorial.              file:///C:/Users/REPUBLICA%20DIGITAL/Downloads/sonetos_del_amor_os curo.pdf

DRAE (2019). Enajenado. https://dle.rae.es/enajenado

Rivadeneira, A. (2002). Escribir poesía. Las respuestas a las interrogantes que todo   poeta formula. Editorial digital: Tititvilus.

Ortega, J. (2019). Polen de saber. Texto de Lengua Española Básica (4ta edición). Santo Domingo, República Dominicana: Majo Arte impresos S.R.L

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