Análisis del texto «Arqueología en la línea noroeste de la Española: paisaje, cerámicas e interacciones» de Jorge Ulloa Hung

Anthony Almonte
Anthony Almonte

Para contextualizarnos en la comprensión del Caribe, el autor* realiza un recorrido histórico sobre la conceptualización, aplicación y significado del Caribe según diversos autores y enfoques de diversas ciencias.

«La noción de Caribe ha sido y está siendo continuamente redefinida y reinterpretada, en función del interés por ofrecer respuestas a las influencias externas y a los procesos internos. Una afirmación apropiada es sostener que no hay una definición ‘precisa’ o consumada; el contenido dependerá más bien del contexto, pero esto debe especificarse con calidad cuando se emplea con propósitos descriptivos y analíticos» (Girvan 1999:10).

Ulloa logra ubicarnos en un Caribe multidimensional con un área sociocultural bastante amplia. A través de su investigación, ofrece diferentes escenarios sobre las complejidades presentadas en la zona geográfica del Caribe o las Antillas, proporcionando datos categóricos que resultan de sus estudios.

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En las Antillas Mayores, el fenómeno de la diversidad y la variabilidad cultural asociado a una misma isla o regiones, dentro de estas, es común y complejo con respecto al espacio oriental del Caribe.

Una de las formas de aclarar la importancia contemporánea de las Antillas es delineando sus características socioculturales sobre un trasfondo histórico regional; muchos de sus rasgos compartidos y su significado como bloque de sociedades son consecuencia de más de cuatro siglos de experiencias históricas paralelas durante una poderosa influencia europea.

La heterogeneidad del Caribe, que se inició desde el período precolombino, adquirió nuevos matices y rasgos en el período posterior a la colonización europea de las islas y territorios que lo componen. En particular, surgió a partir de la mezcla en proporciones variables, de un lugar a otro, de poblaciones provenientes de lugares diversos como Europa, África, Asia y, por supuesto, poblaciones indígenas autóctonas. La diversidad de estos conglomerados humanos ha sido muchas veces enmarcada bajo el nombre de un continente.

El Caribe no debe ser visto simplemente como un conjunto de islas divididas en Antillas mayores o menores, sino como el espacio de interacción de ambas etnias. Este espacio geográfico fue el resultado de movimientos poblacionales e interacciones esporádicas. Por lo tanto, no podemos considerar a las Antillas como un eslabón o un puente entre Sudamérica y Norteamérica, sino como un área donde el desarrollo local de sus habitantes se vio influenciado y, a su vez, influyó en la articulación de las esferas de interacción Circum-caribeñas. En este sentido, consideramos que el elemento cohesivo de lo que denominamos Circum-Caribe es el propio Mar Caribe, ya que pudo servir como agente facilitador para las interacciones registradas de las personas que poblaron las diferentes regiones caribeñas desde periodos tempranos.

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La diversidad de los registros arqueológicos de los que derivan los bienes patrimoniales en el Caribe no es el resultado de un quehacer vital o de una actividad humana inventada de manera lineal y armónica. Por el contrario, han sido el caos versus estabilidad, la movilidad y la interacción, los que han propiciado la incorporación, refuncionalización e integración de aspectos muy diversos en lo que consideramos patrimonio arqueológico caribeño.

Ulloa destaca la importancia de las Antillas Mayores como un escenario multicultural con una intensa interacción social, resaltando que este entorno debería tener mayor relevancia e incidencia en los estudios arqueológicos.

Además, señala cómo las fuentes etno-históricas han iniciado y determinado qué temas se estudian y la forma en que se abordan, pasando por alto aspectos trascendentales desde el punto de vista histórico que son cruciales en investigaciones como esta. Hace hincapié en que los estudios de arqueología en el norte de La Española han priorizado los contextos de las antiguas villas coloniales europeas, los límites de los supuestos casicazgos mencionados en documentos europeos y los movimientos de los primeros colonizadores hispánicos en la región.

Con su trabajo, Ulloa abre el debate sobre las diversas versiones de patrones arqueológicos de los pobladores del Caribe y critica las prácticas oficiales que carecen de estudios arqueológicos con rigor científico.

En la línea de estudios sobre las interacciones, nuevos datos han contribuido a la ruptura del tradicional patrón «arcaico». Los cuestionamientos van desde la posibilidad de una mayor antigüedad y diversidad de estos grupos hasta vincularlos con rutas migratorias alternativas hacia las Antillas.

A partir de las ideas generadas por estos datos, el estudio de las llamadas comunidades «arcaicas» en las Antillas Mayores está experimentando un cambio radical. Este cambio transita desde la visión de comunidades atrasadas, simples y poco complejas (como sugiere la designación «arcaicas») hacia una perspectiva de sociedades más dinámicas y diversas cuyas huellas son vitales para comprender la historia precolombina posterior en las Antillas.

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Los estudios sobre las comunidades indígenas más antiguas de las Antillas Mayores las han incluido bajo diversos términos y patrones según los distintos momentos de la investigación y las tendencias teóricas. A pesar de la diversidad terminológica y conceptual, un rasgo común resaltado por todas ellas es el supuesto vínculo con formas económicas basadas en la caza, pesca y recolección.

Aunque en el siglo XIX se dieron algunos intentos incipientes, el peso principal a la hora de considerar la homogeneidad o diversidad en las sociedades indígenas recayó en las descripciones etnohistóricas.

Respecto a la cultura taína, según la información de las fuentes citadas, esta cultura ha sido una construcción basada en la selección de una serie de rasgos diagnósticos y su distribución. El fundamento teórico de esto se encuentra en criterios y conceptos de área cultural desarrollados por la corriente particularista histórica de la antropología. En esencia, el término «taíno» a veces se ha empleado como una categoría arqueológica para referirse a una entidad supra cultural reconocida como entidad individual. En este caso, «taíno» se considera una cultura específica con tradiciones, prácticas socioculturales y características políticas distintivas.

 

* Jorge Ulloa Hung es Magíster en Estudios del Caribe (Universidad de Oriente, Cuba) y PhD en Arqueología (Universidad de Leiden). Es investigador postdoctoral en el programa ERC Synergy-NEXUS 1492, «Encuentros del nuevo mundo en un mundo globalizado», además de ser Jefe del Departamento de Arqueología del Museo del Hombre Dominicano y profesor en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, República Dominicana.

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