Continuidad en las costumbres sociales cotidianas de los dominicanos de 1850 al 1900 (II)

Katherine Báez

La solidaridad es una característica con la que puede ser definido el pueblo dominicano del período 1850 al 1900. Esta solidaridad se veía reflejada en las juntas y los convites, en los que los vecinos ayudaban a algún vecino a preparar el terreno para la siembra.

Asimismo, a la muerte de una persona, los vecinos se encargaban del trabajo de la familia durante los siguientes nueve días, y le acompañaban en las noches. En los velatorios, se esperaba que las mujeres tuvieran grandes llantos, pues, al igual que hoy, se vincula la intensidad del llanto con la intensidad de cariño que se le tenía al difunto.

Un aspecto que nos puede resultar extraño es el hecho de que, a la muerte de un niño –hecho frecuente en la época– el cadáver era vestido de ángel y se celebraba una fiesta con piezas alegres, valses y danzas. Esta práctica, conocida como “baquiní” se sigue llevando a cabo en algunos campos del sur de República Dominicana.

El contacto social entre clases sociales se mantenía por medio de los criados, niños cedidos por sus padres a familias acomodadas para su crianza, alimentación y educación. Esta relación podría derivar, también, en la explotación del niño como sirviente. Asimismo, las personas de clase social baja encontraban orgullo en demostrar el parentesco o cercanía con alguien de una posición superior. Este fenómeno pudo haber contrarrestado la creación de fuertes resentimientos de clase.

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Ante esta serie de costumbres, muchas de las cuales mantienen cierta vigencia en nuestros días, surge la pregunta sobre si ha cambiado la esencia de la familia dominicana, el rol de la mujer, y la actitud del hombre como sujeto de mayor poder y libertades sociales. Es claro que, aunque esta reflexión constituya un ejercicio complejo, múltiples factores de identidad social se han mantenido inamovibles o con cambios mínimos en nuestra sociedad.

Es importante considerar que, aun cuando los cambios sociales pueden ser percibidos, por aquel que los analiza a la luz de la distancia, como escasos o de impacto leve o mínimos, es importante tener presente que para aquellos individuos que vivieron el cambio social, lo perciben como drásticos, como grandes cambios hasta el punto de trastornar su percepción del mundo.

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De ahí que, al mirar hacia la vida familiar y cotidiana de República Dominicana, en el período 1850-1900, aunque percibamos como familiares múltiples de las costumbres del momento, y reconozcamos la vigencia de otras tantas, es preciso notar que la intensidad de aquellas instituciones sociales se ha transformado y continúa en transformación, sobre todo, en nuestros días, marcados por la irrupción de las tecnologías, otras culturas, corrientes de pensamiento contradictorias, y la búsqueda de libertades sociales e individuales.

 

Referencias:

Hoetink, H. (2021). “La vida familiar y cotidiana”. En El pueblo dominicano: 1850-1900: apuntes para su sociología histórica (5ta ed., pp. 315-343). Academia Dominicana de la Historia. (Trabajo original publicado en 1985)

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