El Discurso del método para bien conducir la propia razón y buscar la verdad en las ciencias, escrito por René Descartes

Humberto R. Méndez B.
Humberto R. Méndez B.

La obra que tenemos por delante, libro sin ningún tipo pretensión, ya que fue escrito en lengua vulgar, en francés, cuando lo que estilaba, era que fuese en latín, la lengua culta. Otro detalle, es que el libro fue publicado en Holanda, en la ciudad de Leiden, pues el autor buscaba un lugar seguro para meditar, al cuidado de su Mecenas. El libro que tenemos en estudio es en realidad el prólogo a tres tratados, de los cuales, al ser agrupados bajo el título de Ensayos Filosóficos, han pasado al olvido.

Y es que Dióptrica, Meteoros y Geometría han sido sepultados por el polvo del tiempo y la pátina del olvido. Sobre el tratado de Geometría de Descartes, recuerdo haber hecho una traducción del francés, pero hoy puedo decir, que ignoro su paradero. Se ha de decir, también, que el tomo que contiene el discurso prólogo y los tres ensayos. Este circuló de forma anónima en 1637.

Si bien es cierto que es necesario que todo estudiante de Filosofía debe leer y releer este discurso, el mismo no fue escrito con la finalidad de enseñar, aunque recurre a la palabra Método, le llama discurso porque en el mismo se propone hablar, no sentar cátedras ni pontificar.

A pesar del aura que rodea a este Discurso, sobre el mismo pende el san Benito del plagio, ya que se le atribuye al filósofo escéptico y médico renacentista, Francisco Sánchez, nacido en Tuy, Galicia, España, en 1551, de padre judío español, madre portuguesa y radicado en Francia, desde los once años hasta su muerte, en Toulouse, en el año de 1623. También se habla de la coincidencia que tiene con Gómez Pereira, otro médico y humanista español del siglo XVl.

Pero sin importar lo que se diga, este Discurso del Método, es la primera obra filosófica de los tiempos modernos, y la cual ha trazado el norte a nuestra forma de razonar.

El discurso se inicia hablando de las Diversas consideraciones acerca de las ciencias. Para esto, el buen sentido es la razón, y por naturaleza todos los hombres lo tienen, y no pensamos iguales, es por conducir nuestro pensamiento por caminos distintos. No basta tener buen entendimiento, sino aplicarlo bien: no importa que se sea lento al caminar, si se sigue el camino correcto, se llega primero que los que corren y se apartan del camino.

La razón es la que nos hace hombres y nos aparta de las bestias, y todos los hombres tienen la razón; sabiendo que en nuestra razón cabe el equivocarnos, ya que todo lo que brilla no es oro, también debemos desconfiar de los juicios de las personas que nos son favorables. Como una verdad meridiana, dice Descartes: “El sentido común es la cosa mejor repartida del mundo: porque cada uno piensa que está bien provisto de esto mismo, e incluso los que son más difíciles de satisfacer en cualquier otra cosa no tienen costumbre de desear más del que tienen. En cuanto a esto, no es creíble que todos se equivoquen: pero más bien eso muestra que el poder de juzgar bien y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que nombra el sentido común o la razón, es naturalmente igual en todos los hombres, y así la diversidad de nuestras opiniones no vendría de ser unas más razonables que las otras, sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por diversas vías, y no consideramos las mismas cosas.”

Como bien nos dice el autor, con este discurso no se trazan pautas a las demás, sino que se nos dice como él llegó a la verdad, nos cuenta su historia.

Después de haber entrado en los libros, en busca de conocimiento, a medidas que más leía, encontraba que entraba en contradicción con ellos, creyendo todo lo contrario; ya que a medida que se instruía, conocía su ignorancia. Se sentía con tantas dudas, que siendo de los mejores alumnos y estando llamado a sustituir a sus maestros, sabía que no existía la doctrina que le habían hecho creer que existía.

No por eso dejó de apreciar los idiomas que aprendió y de serle de provecho las lecciones morales de las fabulas, sobre todo: “…que la lectura de los libros buenos es como conversación con las gentes más probas de los siglos pasados. y aun una conversación estudiada, en la cual sólo nos descubren sus mejores pensamientos…”  Supo, además, “…que las matemáticas tienen invenciones muy sutiles, y que pueden servir mucho, tanto para satisfacer a los curiosos como para facilitar las artes y disminuir el trabajo de los hombres…”

A la verdad, es que no sabemos que amargaba la vida de este sabio, pero dicen los libros, sin que a él le aprovechara: “que la teología enseña a ganar el cielo; que la filosofía da el medio de hablar con verosimilitud de todas las cosas y de hacerse admirar por los menos sabios.” Todo esto a la vez que el derecho y la medicina son ya buen camino para ganar honores y riquezas. Encontró, que casi es lo mismo, hablar con los hombres y viajar a otros siglos, cuando se leen sus libros.

Descartes, en un principio, guiado por la teología, quería ganar el cielo, pero no quería someterse a sus juicios críticos, ya que para examinarla debería tener una asistencia extraordinaria del cielo, o sea, que no fuera de hombres. De la filosofía, lo mismo. Los más excelentes espíritus la cultivaron siempre se discuten sus puntos, por lo cual él no esperaba encontrar nada mejor que los filósofos anteriores a él, ya que todos tienen ideas distintas, a sabiendas que no existe más que una sola y única verdad.

Vio que las demás ciencias estaban edificadas sobre la filosofía, por lo cual no podían tener bases sólidas. Las matemáticas ´dan evidencias de sus razones y tienen certidumbres, pero no veía un uso verdadero en ellas.

Por esas y otras razones, cuando tuvo edad suficiente, dejó a sus maestros y el estudio de las letras, y se dedicó a buscar la ciencia en él, y en el libro del mundo. Se dedicó a los viajes, a sabiendas que sería un extranjero en su propio país. Siendo en este momento que comprende que los razonamientos que uno hace sobre las cosas que le interesan, y que si se equivoca recibe su castigo o el premio merecido, puede enseñar más verdad que los libros escritos por los hombres vanidosos. Es entonces cuando aprendió a creer y a darse cuenta cuando debía ser convencido por el ejemplo y por las costumbres.

Después de haber dejado los libros y viajado dentro de sí mismo, el viaje hacia el interior de él, que encontró a su país y sus libros. Y así termina la primera parte de su discurso.

Luego vienen las principales reglas que el sabio ha buscado para la recta razón. Aquí lo encontramos en Alemania, al inicio de La Guerra de los 30 Años, donde al calor de una estufa penetró en su interior, y comprendió, que para que una obra quede bien ejecutada, debe ser realizada por una sola mano. Por eso nos dice: “Se comprenderá bien que es incómodo hacer cosas bien acertadas cuando se trabaja solamente sobre las obras de otro.” Es esta regla, la de la obra de un solo hombres, que es preferible a la del trabajo de muchos, que lo lleva a pensar que Esparta tenía la ley de un solo hombre, no una ley creada poco a poco por conveniencia y necesidad. Eso lo hace dudar de las ciencias de los libros, ya que un hombre de buen juicio está más cerca de la verdad.

Así como se opone a lo establecido, lo cual aceptamos sin previamente haberlo confirmado, también se opone a los que todo lo quieren reformar, echando al suelo todo lo establecido. Como bien lo expresa al decir que: “… mi intención no fue nunca más lejos que tratar de reformar mis propios pensamientos y de edificarlos sobre unos cimientos totalmente mios.”

Y es que, para él, el mundo se compone de dos clases de espíritus: primero, los que se creen más hábiles de lo que son. Esos son los que precipitan sus juicios, por lo cual nunca dudaron de aquellos maestros que les enseñaron; por lo cual no pueden tomar el camino correcto. Los segundos, son los que saben que no pueden elegir por ellos mismo el camino. Esos se conforman con seguir las opiniones de otros; esos no buscan por sí mismo.

Como se colegirá, la suerte de Descartes hubiese sido la de los segundos, pero aprendió en el colegio que todo ya sido dicho por algún filósofo, y por sus viajes comprendió que los que tienen sentimientos contrarios a él, no son bárbaros, ni salvajes. La moda cambia con el tiempo, y no es porque lo digan muchos que las cosas son correctas. Por esa razón se vio precisado a seguirse a sí mismo.

Nuestro hombre no quiso deshacer lo aprendido, pero quiso que fuera la razón quien dijera que era lo correcto y lo que no lo era. Por eso, para guiar su razón, la lógica, el álgebra y la geometría iban a ser su soporte. Fue entonces cuando aprendió:

  1. Que la lógica con sus silogismos sirve más para explicar que para aprender. Sirve para hablar sin juicio de las cosas que uno ignora.
  2. Que el álgebra, es muy abstracta, por lo cual, para la vida practica no tiene ningún tipo de utilidad.
  3. Que la geometría, es un arte confuso y oscuro, que entorpece el espíritu en lugar de cultivarlo.

Fue por esa razón que buscó otro método, porque no son las muchas leyes, sino pocas, pero que se observen. Por eso se propuso seguir estas cuatro leyes.

  1. “No admitir jamás nada por verdadero que no conociera que evidentemente era tal; es decir, evitar minuciosamente la precipitación y la prevención…”
  2. “Dividir cada una de las dificultades que examinara en tantas partes como fuere posible.”
  3. “Conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer para subir poco a poco, como por grados.
  4. “Hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que tuviese la seguridad de no omitir nada.”

 

Fue después de estas formulaciones que inició su estudio de las matemáticas, tomando el análisis geométrico y el álgebra para corregir con el uno el otro.

Fue ese método, el de los cuatro pasos, el que le permitió en un par de meses desentrañar los misterios de la geometría y del álgebra, pues es el método que enseña a seguir el verdadero orden y a enumerar las circunstancias. Es el orden de la aritmética.

Fue como convencido de este método que lo quiso aplicar a las demás ciencias…pero solo tenía 23 años, para querer reformar la filosofía, que es la verdadera ciencia.

Con el título de algunas de la moral, que el autor ha sacado de su método, se anuncia la tercera parte del discurso. Aquí encontramos que, para vivir feliz, mientras preparaba su método, Descartes se proveyó de unas reglas mínimas de moral, porque el que quiera reconstruir su casa, primero debe procurarse un alojamiento provisional.

La primera de esas reglas fue: “obedecer las leyes y costumbres de, mi país, conservar constantemente la religión en la cual Dios me concedió la gracia de ser instruido desde mi infancia, regirme en todo lo demás, según las opiniones más moderadas y más alejada del exceso…”

Para esto siguió los consejos sensatos, pero no en sus palabras, sino en la práctica; esto debido a que el acto del pensamiento en el cual se cree es distinto al acto por el creemos que conocemos.  Fue por eso por lo que, entre varias opiniones, elogia la más moderada. Se ha de tener como un exceso:” …todas las promesas mediante las cuales se renuncia a algo de la propia libertad.”

La segunda máxima que se propuso fue: “… ser lo más firme y resuelto que yo pudiera ser en mis acciones.” Para esto toma como ejemplo a los viajeros que se extravían, los cuales no dejan de vagar de un lado a otro. Por eso se propuso no detenerse, sino seguir derecho, sin cambiar de rumbo.

De esta práctica lo libró de arrepentirse de hacer cosas como buenas, que luego se vio que eran malas.

La tercera máxima, fue vencerse a sí mismo antes que a la fortuna. Para eso modificó sus deseos, y no el mundo, entendiendo que lo único que depende de nosotros son nuestros pensamientos. Se propuso no desear nada que no pudiera adquirir. Para eso solo quiso lo posible, pues de lo contrario le dolería no ser dueño de la China. Claro está que para conseguir lo deseado se necesita mucho ejercicio, pero el que tengo lo propuesto, aunque sea pobre, puede ser una persona feliz.

Es cuando revisa las ocupaciones de los hombres, vio como bueno el cultivo de la razón, para buscar la verdad en su método.

Es con la voluntad que Dios nos ha dado, que podemos juzgar lo bueno y lo malo, y así se abdiquen las virtudes y con ellas las verdades de su fe. Por esa vía se pueden adquirir las virtudes y todos los demás bienes.

Teniendo claras sus máximas, y con las verdades de su fe, pudo echar a un lado todas sus otras opiniones y librarse de ellas. Todo lo dicho lo elaboró a los 23 años, estando en Alemania. Para perfeccionar su método, se pasó los siguientes 9 años viajando y reflexionando sobre lo que veía.

Fue gracias a ese método que pudo secar conclusiones ciertas de las cosas dudosas. También de las cosas que desechaba pudo tener bases para sus verdades, sacando tiempo para las matemáticas.

Ya para entonces, y gracia a su discurso, era tenido como un hombre sabio, por lo cual se retiró del trato con los hombres, y se recluyó en Holanda, donde para la fecha, ya llevaba ocho años viviendo en forma solitaria.

Con el título de: “Las razones mediante las cuales prueba la existencia de Dios y del alma humana, que son los fundamentos de la metafísica”, entramos a la cuarta parte del discurso. Por eso, para penetrar en el mundo metafísico, rechazó como falso todo aquello que pudiera imaginar que tenía la menor duda, para quedarse con lo indubitable. Todo el que duda de algo, está a un paso de negar lo que duda.

En vista de que los sentidos muchas veces nos engañan, supuso que no hay nada como las cosas que ellos no hacen creer. Por eso puso como falsos sus propios razonamientos tenido en los momentos de vigilias, y razonando que si todo era falso; pero algo si era verdadero, y era lo siguiente: yo que estoy pensando soy algo. Fue entonces cuando comprendió esta gran verdad: “Yo pienso, luego yo soy,” que pasó a ser a ser el primer principio de su filosofía.

Descartes comprendió que él era una sustancia, que lo que necesitaba era pensar, por lo cual no necesitaba materia alguna, ya que el alma es distinta del cuerpo, y aunque el cuerpo no exista, el alma no deja de ser lo que es.

Luego encontramos, que para que proposición se verdadera, como el yo pienso, luego soy, esto es, para pensar, es necesario ser. Por eso tomó como verdadero que lo que concebimos muy claramente es verdadero. Pero como él tenía sus dudas, y su ser no era perfecto, fue así como aprendió a pensar en que había algo más perfecto que él, y ese algo tenía que ser de una naturaleza perfecta.

Pero la idea de perfección no era de él, porque él no era perfecto, y esa idea no podía venir de la nada. La nada no es perfecta, por lo cual ella no podía dar nada que fuera perfecto; por lo cual la idea de perfección le venía de Dios. Entonces no era él solo el que existía, sino de otro más perfecto que él quien le había encubado esa idea, el cual no tenía ninguna imperfección.

Llegó también a pensar que Dios no podía estar sujeto a dependencia, porque eso es un defecto, y Dios no tiene dos naturalezas, la perfecta y la imperfecta. Entonces, todo lo que tenga el mundo de perfecto, depende de Dios.

Es cuando estudia la geometría, que entendió que Dios es perfecto como se puede demostrar en un triángulo o en una esfera. Esto lo lleva a concluir, que él tiene dificultad en conocer a Dios o su propia alma, es porque nada más ve lo sensible. Aunque la filosofía dice: “que nada hay en el entendimiento que no haya estado primero en los sentidos, cuando es cierto que las ideas de Dios y del alma no lo estuvieron nunca”.

Y como si fuera poco, si alguien quiere dudar de la existencia de Dios y del alma, que dude de la existencia de tener un cuerpo, de que hay astros y que la tierra existe. Es así, que las ideas que tenemos de la verdad, nos las puso Dios, que es perfecto y verdadero.

En los concerniente a “El orden de las cuestiones físicas y en particular la explicación del movimiento del corazón y otras dificultades que pertenecen a la medicina”, se proponen en la quinta parte.

Así como un pintor solo puede pintar un solo lado de un cuerpo sólido, Descartes nos quiere exponer lo que sabe de la luz, agregando algo sobre el sol, la luna y las estrellas.

Hablando de las leyes naturales, viendo la perfección de Dios, en el caso de que existan otros mundos, esas leyes se observarían. Para eso nos habla de un tratado que ha publicado, en el cual habla de la fuerza de la gravedad, el cual tituló: “Tratado del hombre, el mundo o tratado de la luz,” es que nos va a hablar en la primera parte del volumen, del cual este discurso es la introducción. Por eso nos pide a los que no conocemos de anatomía, que veamos por dentro del cuerpo de los animales grandes, para que observemos las venas, y nos fijemos que todas van a los pulmones.

Luego, con ojos visionarios, prevé la existencia de autómatas, robot y hasta las computadoras, nos dice que para el hombre es la razón. ¿Acaso no es cierto que hasta los locos puedan articular palabras y los animales no?

La quinta parte del discurso termina dando un resumen de un tratado que no había dado a la luz, a la vez que da por sentado que Dios existe, a la vez que dice haber probado la existencia del alma humana. Expresa que el alma del hombre es distinta a la de los animales, y aunque el cuerpo se destruya, el alma humana es inmortal.

La sexta y última parte, la titula: “Que cosas cree que se requieren para ir en la investigación de la naturaleza y que razones lo han hecho escribir.” Para esto se remonta tres años atrás, y como esto fue publicado en 1637, es posible que se esté refiriendo al juicio seguido contra Galileo quien, de rodillas, el 22 de junio del 1633, tuvo que adjurar de rodillas ante la inquisición de su doctrina sobre el movimiento planetario.

Sobre la doctrina de Galileo, nos dice Descartes: “…de cual no diré que yo la compartiera, pero sí que antes de haber sido censurada por ellos, no había notado en ella nada que yo pudiera imaginar perjudicial a la religión ni al estado…”

No falta quienes digan que, al momento de salir de Francia, Descartes tenía en mente la muerte en la hoguera de Lucilo Vanini, el 9 de febrero de 1619, quien ardió en la ciudad de Toulouse. Aunque en su época se podía ser protestante o católico, la libertad de pensamiento estaba castrada.

Y a pesar de que le detestara el escribir, esto lo obliga a hacer saber al público lo que él quiere divulgar. Vio que sus conocimientos de la Física, por la aplicación práctica, y en la cual veía la utilidad que tenía para los hombres, lo que lo llevó a creer que era un pecado callar, ya que, con la aplicación de esta, podemos ser dueños de la naturaleza. Cree que la Física tiene aplicaciones en la Medicina, que: “…la conservación de la salud, que es el primer bien y fundamento de los demás bienes de la vida, pues aún el espíritu depende tanto de su temple.”

En cuanto a las experiencias, quiso buscar las causas primeras de esas cosas. Y esa causa era Dios que el alma había puesto esa semilla de verdad. Y por eso quiso examinar el cielo, la luz, el color, la tierra, etc., con su método, por medio del cual puede explicarlo todo: “…anticipándose a las causas por los efectos.”

Aventura el filósofo la máxima de que primeramente no vale nada quien no es útil a nadie; pero que cuando se es útil, esa utilidad se debe extender hasta sus nietos. Nos dice, además, que sus conocimientos son el fruto de cinco o seis dificultades que logró vencer, como batallas que ganó por la suerte estar de su lado. Él piensa aprovechar el tiempo para llegar a conocer lo fundamental, y por esa razón no publicará sus fundamentos de física, para así no distraerse en las disputas que puedan surgir a raíz de esa publicación.

Finalmente, compara su método con una ventana por donde entra la luz, y nos invita diciendo que, para conocer la verdad, es necesario examinar las cosas por orden, lo más fácil a lo más difícil, para lo cual no es necesario tener toda la instrucción que él ha tenido. Para que la posteridad lo le juzgue mal, pide a sus lectores, que cualquier objeción a su obra, se la envié a su librero, para lo cual él le dará una respuesta breve. Nos promete que se dedicará al estudio de la medicina.

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