Chismes en la ciencia (II)

METACIENCIA ||
Edwin Santana, M.A.
Edwin Santana, M.A.

En la entrega anterior habíamos tocado el tema de la disputa entre Isaac Newton y Gottfried Leibniz, dos grandes titanes del pensamiento científico moderno.

Newton era inglés, y destacó en diversas ramas del saber: teología, matemáticas, alquimia (la precursora de la química moderna) y física. En esta última ciencia es muy conocida su obra Philosophiæ naturalis principia mathematica, en la que enuncia las famosas tres leyes de Newton.

Leibniz fue un erudito alemán que destacó también en matemáticas, teología, filosofía y política. Además, son importantes las contribuciones suyas en epistemología, lógica, filosofía de la religión, física, geología, historia y jurisprudencia. En definitiva, Leibniz es considerado un verdadero genio, un polímata. A su ingenio le debemos la invención del sistema binario, que es nada más y nada menos que el fundamento de todas las arquitecturas de las computadoras actuales.

Ambos, Newton y Leibniz, como habíamos indicado, se habían enfrentado por la invención de un tipo de cálculo que se ha convertido en una importante rama de la matemática, a saber, el cálculo infinitesimal, cuya importancia radica en que permite el estudio y la comprensión de las razones de cambio, en un universo en el que sabemos que nada es estático. De modo que estamos hablando de una muy potente herramienta matemática para comprensión, representación e intervención de la realidad.

Pero el enfrentamiento de ambos titanes no quedó en la atribución de la invención del cálculo infinitesimal, sino que, con la publicación de la obra cumbre recién mencionada de Newton, la princesa Wilhelmina Carolina, interesada en la opinión de Leibniz acerca de la obra, provocó una discusión entre ambos a través de un cruce de correspondencias.

Las cartas, en muchas ocasiones, fueron dirigidas a la princesa, pero luego la discusión se hizo más directa (aunque seguía siendo por cartas), al mediar un discípulo de Newton, Samuel Clarke, quien -supuestamente- era el que respondía a Leibniz sus objeciones y argumentos. Lo de supuestamente es porque se dice que Newton le dictaba las cartas a Clarke, pues consideraba bajo debatir con alguien que, a decir suyo, le había plagiado el cálculo infinitesimal.

Todas esas cartas han sido compiladas en una obra titulada “La polémica Leibniz-Clarke” editada y traducida por Eloy Rada, y uno de los puntos de discusión que se tratan es el de las diferencias de concepciones sobre el tiempo y el espacio.

Como habíamos dicho, para Newton, tanto el tiempo como el espacio eran entidades absolutas. Para Leibniz, tanto en un caso como en el otro, se trata de conceptos relacionales: hay espacio porque hay cosas, y a la relación de disposición, contigüidad y lejanía entre las cosas es lo que hemos dado en llamar espacio. En el caso del tiempo, se trata únicamente de nuestra forma de relacionar el orden en que los hechos suceden: como las cosas (dispuestas con relación a otras) cambian con relación a sí mismas y a otras cosas, necesitamos una secuencia que nos permita medir e identificar los cambios. A esa relación es lo que hemos dado en llamar tiempo.

Leibniz pensaba que carecía de sentido hablar de un espacio en sí mismo, pues cuando especificamos la posición, o la localización espacial de un objeto, nunca lo hacemos en referencia al espacio en sí, sino que lo que hacemos siempre es referenciarlo a otro objeto.

Para defender sus ideas, Leibniz desarrolló (como pensador afín al racionalismo, creía en el poder de la razón -pensamiento y argumentación- para resolver nuestras preguntas sobre el mundo), dos argumentos basados en dos principios que formuló y que posteriormente se hicieron muy famosos, estos son, el principio de razón suficiente (PRS) y el principio de identidad de los indiscernibles (PII).

El PRS postula que “debe haber siempre alguna razón para que las cosas sean como son y no de otra manera”. Es decir, si algo sucede es porque hay una razón para que ello suceda de esa manera y no de cualquier otra.

El PII postula que “decir que dos cosas son indiscernibles es decir que son la misma cosa bajo diferentes nombres”. Es decir que, si dos cosas tienen las mismas propiedades intrínsecas y relacionales, no son dos cosas en realidad, sino que son una y la misma cosa.

Leibniz dice que, si imaginamos que existe un espacio absoluto, podemos proceder como sigue: imaginamos que en ese espacio absoluto existe un universo -llamémosle “Universo 1”-, y en él sólo hay cuatro cosas (un cuadrado, un triángulo, un rectángulo y un círculo, por ejemplo). Esas cuatro cosas las podemos disponer en un cierto orden en ese espacio absoluto. Pero si existe el espacio absoluto, entonces podemos imaginar un segundo universo -Universo 2- que sea idéntico en cuanto a todas las cosas que contiene y con esa cosas dispuestas bajo las mismas relaciones entre ellas, pero ubicadas en un lugar diferente de ese espacio absoluto. Tendremos las cosas y sus relaciones entre ellas idénticas, pero su relación con el espacio absoluto será distinta, será lo único distinto. Según Newton -dice Leibniz- estos universos han de ser distintos, han de ser dos. Sin embargo, como no hay ninguna medición que se pueda hacer sobre la base de las cosas -que es lo único que podemos medir- que nos permita distinguir al Universo 1 del Universo 2, los dos universos son indiscernibles, por lo tanto, son la misma cosa, o, en todo caso, la hipótesis del espacio absoluto, es falsa.

Entonces dice: dado el PRS, Dios no puede crear un universo sin tener razón para hacerlo. Ahora, si de acuerdo a Newton, estos universos (Universo 1 y Universo 2) son indiscernibles, ¿Qué razón puede tener Dios para preferir el Universo 1 o el Universo 2, si ninguna de sus propiedades es distinta?

Dado que Dios -concluye Leibniz- no va a hacer algo irracional (debido a que por su naturaleza perfecta ha de comportarse racionalmente), entonces, no puede haber espacio absoluto; de tal manera que sólo tiene una posibilidad para crear y no dos, porque no hay ninguna forma de decir que una posibilidad es mejor que la otra y Dios, cuando crea, crea lo mejor.

La discusión, obviamente, tiene respuesta por parte de Newton, pero esa respuesta, y cómo ha evolucionado nuestra concepción del espacio y del tiempo bajo el influjo de los avances científicos, la veremos luego, cuando volvamos sobre estos asuntos.

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One comment

  1. El Prof. Gustavo Bueno, filósofo español, creador de la Escuela Filosófica del Materialismo filosófico nos dice que la filosofía es siempre un pensar contra alguien, que son mucho los que se “se dan por satisfechos con la respuesta etimológico-psicológica: es el amor al saber.” Peor el amor al saber o el deseo de saber se produce en la generalidad de los casos por motivaciones muy distintas a la filosóficas, puede ser para resolver un problema de orden práctico, tecnológico o científico o la simple curiosidad.
    La filosofía tampoco puede ser el saber que exhiben los profesores de filosofía acerca de Platón, Aristóteles, Kant o Sartre.
    La filosofía es un saber que se construye desde el presente y acerca del presente, no se limita a la mera repetición de lo que pensaron otros autores.
    Nos dice que la “filosofía es un saber de segundo grado, que presupone por tanto otros saberes previos, «de primer grado» (saberes técnicos, políticos, matemáticos, biológicos…).”

    La filosofía se ocuparía de las ideas que brotan de la confrontación de los diversos conceptos técnicos, políticos o científicos.
    Afirma el Prof. Gustavo Bueno que no debemos confundir el saber filosófico ni al verdadero filosofo con aquellos postulantes que se llaman a sí mismo filósofos, la denominación de filosofo sólo debería recibirse cuando nos las aplican los demás.
    “La respuesta a la pregunta ¿qué es la filosofía? sólo puede llevarse a efecto impugnando otras respuestas que, junto con la propuesta, constituya un sistema de respuestas posibles; porque el saber filosófico es siempre (y en esto se parece al saber político) un saber contra alguien, un saber dibujado frente a otros pretendidos saberes.”
    La Filosofía es un análisis de las ideas y conceptos que están dadas ahí en todos los saberes humanos. Edwin Santana Generatio Nova Univérsitas @litteranovaperiodico

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