La selva

Pedro Peix

‘La selva avanzó hacia la ciudad. Tanto la habían arrinconado, que tardó mucho tiempo en llegar a los lindes de la urbe. Cuando al fin la selva se aproximó, trayendo consigo las fieras y las víboras, los grandes pantanos, la inclemencia de sus estaciones, los hondos venenos, toda su inhóspita y agresiva espesura, se detuvo por un momento para planificar su embestida: observó los altos edificios iluminados, la multitud yendo y viniendo por las calles, las señales de alarma y de peligro, los carteles de placer y de comercio, y luego observó los cazadores uniformados de azul o de verde, de negro o de gris, siempre con armas cortas o largas, y más tarde, ya casi amaneciendo, vio algunos cadáveres tendidos en los callejones, y otros que empezaban a despertarse, a bajar las escaleras atropelladamente, a devorarse entre ellos mismos. Antes del mediodía, la selva decidió volver a sus raíces, completamente aterrorizada’’.

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