El movimiento obrero en el capitalismo

Anthony Almonte
Anthony Almonte

Se entiende como movimiento obrero toda forma de asociación de los trabajadores a lo largo de la historia y el surgimiento y desarrollo de formas concretas de organización a partir del afianzamiento del trabajo asalariado, o sea, desde la consolidación del sistema capitalista. Así no solamente se diferencian dos etapas históricas precapitalista y capitalista, sino que se definen también las formas de relación social y las condiciones específicas que han adoptado las luchas reivindicativas de las organizaciones obreras[1].

La revolución Industrial del siglo XVIII constituyó uno de los factores primordiales para el surgimiento de la clase obrera bajo relaciones de trabajo asalariados. Formación de la clase obrera moderna. La acumulación de capital en los orígenes del nuevo régimen revistió entre otras formas las de saqueo usurpación y despojo de los bienes de producción a campesinos y artesanos que privados de ellos se vieron obligados a vender el único patrimonio que les quedaba su fuerza de trabajo a cambio de un salarlo.

El desplome feudal determinó además la liberación de los siervos que habiendo perdido también sus instrumentos y medios de trabajo pasaron a engrosar las filas del proletariado moderno. La fuerza de trabajo del obrero asalariado generaba una enorme revalorización del capital mientras que el salarlo apenas permita una elemental reproducción de esa fuerza. El nuevo sistema de producción se basaba en la sobreexplotación del trabajo asalariado mediante extenuantes jornadas de hasta 18 horas diarias de labor existían además mecanismos de extorsión como el pago en vales que obligaban al obrero a adquirir productos de la propia empresa capitalista el denominado truck-system. La utilización de las «medias fuerzas» o trabajo de mujeres y niños la falta de protección y de mínimas condiciones de salubridad en los locales de trabajo. etc.[2]

Las primeras organizaciones obreras en el capitalismo.  Las nuevas condiciones de trabajo que inicialmente correspondieron a los países europeos y se difundieron después en Asia y América Latina determinaron una reacción natural en la clase obrera que buscó formas organizativas en dos direcciones: una que apuntaba a la formación de mutualidades y cooperativas de autodefensa con el propósito de enfrentar las condiciones de trabajo y de vida generadas por el nuevo régimen; y otra que se orientó hacia la conformación de organizaciones de lucha contra la explotación

Hay que destacar que, desde sus organizaciones sindicales, los trabajadores pueden enrolarse en los movimientos puramente reivindicativos o en otros con dimensiones políticas evidentes. Así, se darán diversos niveles de incorporación de la lucha económica en la lucha general de clase del proletariado. Como se ha dicho, sin negarle la dinámica propia que tiene la Lucha política por la conquista del poder, no se puede reducir la lucha sindical a la esfera reivindicativa, restándole cualquier participación en la lucha general frente al sistema. Los que varían son los niveles de esa participación, pero no la participación misma[3].

En una oportunidad, Marx consignó el siguiente planteamiento:

“Por otra parte, todo movimiento en que la clase obrera se oponga como clase a las clases dominantes, procurando vencerlas por una presión exterior, es un movimiento político. Por ejemplo, el intento de conseguir por la huelga en una fábrica o en un gremio determinado o de determinados capitalistas, una limitación de la jornada, es un movimiento puramente económico. En cambio, un movimiento encaminado a conseguir una ley de 8 horas, etc. es un movimiento político. Y de este modo, de los movimientos económicos aislados de los obreros surge en cualquier momento un movimiento político, es decir, un movimiento de la clase para ver satisfechas sus reivindicaciones en forma general, de modo que posean fuerza social obligatoria[4]

Pero ese carácter político que asume en determinadas ocasiones el movimiento reivindicativo de los trabajadores, no sólo se expresa, de forma general, como avance de clase de todo el proletariado frente a la burguesía. La lucha económica de los trabajadores la vemos, también, articulada a su propio proyecto político. «La unión de las fuerzas del proletariado que ya se ha conseguido por las luchas económicas.

EL movimiento obrero debe servir como palanca para la lucha contra el poder político de sus explotadores” decía una resolución de la Internacional en una clara referencia a la necesidad de elevar la lucha a niveles superiores para avanzar en la conquista del poder, pero sin despreciar la importancia que tienen las luchas económicas, en el proceso general de emancipación política de los trabajadores[5].

[1] José Chávez, Movimiento Obrero, Ecuador, Flacso, 1994.

[2] José Chávez, Movimiento Obrero…, p.265.

[3] Wolfgang Abendroth, Historia Social del Movimiento Obrero Europeo. Barcelona: editorial Laia,1978.

[4] Wolfgang Abendroth, Historia Social del Movimiento Obrero Europeo…, p. 14.

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