Diálogo filosófico entre Julio Minaya y Andrés Merejo (1 de 4)

Y así, aunque opté por Bonó, no pude resistirme a los cruciales desafíos e interpelaciones provenientes de la filosofía ecológica y la ética medioambiental. Como sucede a cualquier persona sensible a lo que ocurre con nuestro planeta, estos temas del cambio climático, la extinción de especies de la flora y la fauna, la contaminación de mares, lagos, ríos, entre otros muchos, me preocupan de manera profunda.

Por ANDRÉS MEREJO 

Julio Minaya, filósofo Julio Minaya Santos es un filósofo dominicano nacido en Villa Riva, Provincia Duarte. Egresado de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), de la cual es Profesor Titular y donde ejerció las funciones de director en dos periodos consecutivos. Realizó estudios doctorales en la Universidad del País Vasco, con la tesis “Aportes de Pedro Francisco Bonó a la Emancipación Cultural Dominicana. Ideas éticas y político-sociales”. En el 2014 el Archivo General de la Nación editó su libro Pedro Francisco Bonó: vida, obra y pensamiento crítico. Para dar a conocer el pensamiento de Bonó ha publicado varios artículos en revistas nacionales e internacionales, así como dictado conferencias en Madrid, Mayaguez, Cuba, México, Panamá y Perú. Fue editor del libro: Lógica. A. D. Andrea Lopez Medrano. Bicentenario de la Lógica de Andrés López de Medrano (2014), y coeditor de la obra Memorias del Bicentenario de la Lógica de Andrés López de Medrano (1814-2014). Es presidente fundador de la Asociación Dominicana de Filosofía (ADOFIL) y se desempeña también como vicepresidente de la Asociación Centroamericana de Filosofía (ACAFI) y de la Red Iberoamericana de Filosofía (RIF). Actualmente imparte el curso “La Verdad como Problema para una filosofía del Mundo Global”, dentro del Programa de Máster que la Universidad del País Vasco (UPV) imparte en la sede de la UASD. Ha sido reconocido “Profesor del Año 2017” por la Escuela de Filosofía y organismos superiores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. En la actualidad continúa divulgando el pensamiento de Bonó, al tiempo que realiza investigaciones sobre la presencia de la mentalidad colonial en la cultura dominicana, y en torno a la necesidad de la ética medioambiental dentro de un mundo cada vez más tecnologizado.Andrés Merejo (AM):En estos tiempos cibernéticos, de velocidad en la información y el conocimiento, donde lo virtual cubre todo el mundo de lo real, como consecuencia de la pandemia del covid-19 los temas a dialogar cobran fuerza, lo cual nos obliga, desde una ética del pensar, a reconocer la virtualidad, el cibertrabajo, la educación virtual y los entramados de las redes sociales del ciberespacio como todo un sistema social. Nos referimos al cibermundo, el cual demanda que nos enfoquemos desde una óptica filosófica en el control virtual y cibernético del cuerpo y de la mente, en fin, en una ciberpsicopolítica que atraviesa la vida misma.

Vivimos en una época que invita a pensar la incertidumbre, el riego, la peste, lo ecológico, esto es, la existencia humana transida por la crisis global, que está generando profunda desigualdad social con su secuela de pobreza y de marginalidad virtual (pobres de información o infopobres) en esta era del cibermundo.¿Cómo situar el filosofar en este panorama convulso y transido?

Filósofo Hans Jonas

Julio Minaya (JM): El mundo que has descrito constituye un enorme desafío para la filosofía. Tornarlo inteligible por medio de conceptos y teorías constituye una tarea básica de todo filosofar serio, lo cual no resulta fácil pues en ningún otro campo del conocimiento humano se exige como en nuestra disciplina tener al menos cierto dominio de los demás sectores cognitivos. Lo anterior no es condición sine qua non para científicos, artistas, teólogos, etc. pero sí para el que filosofa, por el hecho de practicar un saber de segundo grado, es decir, que presupone unos saberes previos no filosóficos: biológicos, políticos, matemáticos, cibernéticos, etc. Cierto que aquí cuenta mucho el perfil vocacional. Tengo la convicción de que la persona que se dedica al cultivo de la filosofía deviene en una especie de servidor sin sueldo de la humanidad. Por otra parte, cada época histórica lleva a cuestas el fardo pesado de sus males o problemas, sin embargo, los del momento presente son inéditos. Un ejemplo es la presente pandemia de la Covid-19, con su prontuario de muertes y afecciones a escala global, cuyo impacto no deja intacto ningún aspecto de la vida. Aparte del luto, el desgarramiento familiar o la impotencia y depresión provocados, el Covid-19 pone sobre el tapete y reclama modificar sin retardo las hirientes desigualdades sociales (las pruebas no han llegado a cientos de miles de pobres), las monstruosas inequidades raciales (son inocultables la discriminación sufridas por afroamericanos, hispanos y asiáticos en Estados Unidos), la urgente necesidad cultural de transgredir el canon patriarcal predominante (la presente pandemia pone de manifiesto la necesidad de propiciar una manera distinta de vivir la masculinidad), la impostergable disposición o actitud para crear lazos de amistad con el medio ambiente y la naturaleza (confinados en la casa o el apartamento, el ser humano ha experimentado la importancia de la biodiversidad, cuidando y cultivando no solo plantas ornamentales, sino también medicinales alimentarias); la decisiva e insustituible presencia y función de la realidad virtualo cibermundo en todas las manifestaciones de la vida humana (difícil es imaginar cómo se las habría arreglado la humanidad actual sin los recursos de la Internet (pensemos en el papel jugado por la aplicación Zoom) y la mensajería social, posibilitada por las TICS; lo que nos planteainterrogantes cruciales sobre nuestra relación con los dispositivos electrónicos y las extraordinarias posibilidades pero también limitaciones que generan (los temas de la libertad, la intimidad, la identidad personal o el inmenso poderío de unas cuantas empresas que negocian con datos personales gratuitos, posibilitando el rastreo de nuestros gustos y aspiraciones (vigilancia digital que desemboca en lo que se ha denominado “totalitarismo virtual”). Los avances registrados dentro del cibermundo y de la inteligencia artificial, por otra parte, nos dejan en completo estado de perplejidad. Nos atenazan el tedio, la duda, el temor, la depresión o, como tú prefieres designar: el modo transido de nuestro mundo. En esta línea, pienso que tú has emprendido un esfuerzo interesante, logrando construirte como filósofo atento a uno de los núcleos temáticos de la humanidad hoy en día. Me refiero a tus investigaciones y reflexiones filosóficas en torno al cibermundo. Sin duda que has logrado ubicar y delimitar un nicho temático o problemático que te alcanza para toda la vida.

(AM):La filosofía piensa que el acontecimiento y el filósofo con su pensar produce eventos, estremece. Varios filósofos en estos tiempos cibernéticos y transidos se han dedicado a reflexionar sobre el tremendo impacto del COVID-19: los efectos sociales, cibernéticos y existencialistas y cómo repercute dentro del filosofar que han construido en el transcurso de la vida. Así vemos a Slavoj Zizek, Giorgio Agamben; Jean-Luc Nancy, Byung-Chul Han, entre otros, que se han convertido en referentes para la sociedad de estos tiempos. ¿En la sociedad dominicana, son exiguas las reflexiones filosóficas sobre este acontecimiento e incluso sobre la propia dominicanidad?¿Se puede construir una filosofía desde el silencio o de la repetición de saberes filosóficos?

(JM): En nuestro país se reflexiona muy poco. En general la crítica es mal vista en nuestro entorno sociocultural. No es que falten opiniones; éstas llueven a torrentes, pero es muy escaso el esfuerzo continuo por abordar temas con rigurosidad conceptual y lógica. Se impone lo utilitario, lo superficial, lo inmediato. Pero es algo que no debe sorprender en un país donde el conservadurismo, la falta de institucionalidad y la demagogia política dominan todas las esferas de la vida pública y privada. Recordemos lo ocurrido a un periodista que, con documentos en manos, acusó a una hermana del Procurador General de la República: no solo se obligó al dueño del canal a cerrarle el programa, sino que, ¡vaya paradoja! fue llevado a los tribunales. Dentro de un ambiente tal, es muy difícil desarrollar un espíritu filosófico. En realidad, no hemos tenido históricamente cabida para el pensar crítico y actualmente atravesamos por una etapa gris en nuestro país.El silencio se impone como práctica cotidiana del poder político, también se procura fomentar la ignorancia desde las instancias educativas, toda vez que los estudios filosóficos son abolidos o relegados a un segundo plano. No es que se desconozca su importancia, lo cual se declara a nivel curricular, pero ello no se traduce en acciones concretas. Actualmente los planes de estudios incluyen varias asignaturas filosóficas, pero son de carácter optativo ¿Cómo lograr estudiantes con destrezas para el pensamiento lógico y crítico, sin los cursos de lógica? ¿Cómo propiciar la formación de personas capaces de convivir respetuosamente con los demás sin impartir lecciones de ética? Creo que todo lo expuesto aquí se vincula con tu pregunta. Dejo claro que no es que carezcamos de esfuerzos individuales, y en ocasiones institucionales, para fomentar el abordaje sostenido de los grandes problemas del mundo actual. Tú, por ejemplo, desde hace décadas vienes trabajando notablemente los temas relacionados con la cuestión digital desde una mirada filosófica y ética. De ello hablan ampliamente algunos de tus libros; José Mármol ha dedicado su investigación doctoral a examinar la existencia humana en el marco global de relaciones líquidas y de un poder digital que impacta decisivamente la identidad personal y cultural. Otros colegas también se dedican a temas de tremenda actualidad. Es el caso de Lusitania Martínez e Ingrid Luciano, con sus escritos y actividades en torno a la Filosofía de Género. Pero mientras esto sucede, en República Dominicana el estudio de la filosofía continúa siendo obstaculizado de cara a las generaciones jóvenes. Y todo ello a causa de que no ha existido el interés de formar de modo integral a una ciudadanía consciente de sus derechos y responsabilidades, a personas con capacidad de defender su dignidad humana y sus consiguientes derechos. Es verdad que celebramos congresos, seminarios y se publican libros de mucho interés filosófico, pero casi todo obedece a iniciativas personales y al apoyo que dispensa la Universidad Autónoma de Santo Domingo y una parte del sector privado. Para los gobiernos dominicanos la filosofía apenas cuenta.

De izquierda a derecha los filósofos Tomas Novas, Julio Minaya, Rafael Morla y Andrés Merejo(AM):A propósito de la temática dominicana, el filósofo Rafael Morla publicó una entrevista que le hizo al profesor Tomas Novas, quien falleció el l7 de junio pasado. Esta aparece en su texto Modernidad, Postmodernidad y Valores (2001). Aquí Novas asume una serie de reflexiones sobre ética, desde el filosofar socrático y aristotélico. Se encuentra bajo el epígrafe: “Los fundamentos filosóficos de la moral” (pp107-118), donde se sostiene que “El hombre para realizar su mundo moral, en primer lugar, debe producir conocimiento porque el acto de moral es consciente (…). Sólo desde el conocimiento el hombre ha venido construyendo su diferenciación con el reino animal” (p.110).

Este enfoque del profesor Novas yo lo conocía de algunas de sus exposiciones que impartió en el curso monográfico Kant-Hegel, a finales de los ochenta. En esta clase los debates seguían por los pasillos, siempre acompañado con mis amigos Salomón Bastardo y Juan Pablo Uribe. Recuerdo que parte de los discursos que se manejaban para esos tiempos iban por la línea del filosofar de García Morente. Novas tenía la virtud de incitar al debate, siempre respetuoso de las diferentes ideas de todos los participantes. Además de Salomón y Juan Pablo, en las discusiones tomaban parte activa Alexis Viloria, Julio César López, Frank Acosta y Daniel Tejada.Luegootra generación de filosofo fueron alumnos de Novas, entre la que se encontraban los filósofos Joseph Mendoza y Edickson Minaya.

Con el maestro Novas, quedó pendiente un diálogo sobre mi libro, “La dominicanidad transida, entre lo real y lo virtual”. El tema aplazado trataba de los valores del dominicano y qué alternativas adoptar ante la crítica social presentada en dicha obra. Cuando pienso en él me queda la idea de su consagración a la docencia, muy parecido al caso del profesor Luis Cruz Paulino, quien también fue mi profesor en la década de los ochenta ¿Cuál es tu opinión al respecto?

(JM): Al referirte a Tomás Novas y a Luis Cruz, estamos ante dos arquetipos de maestro no solo de la Escuela de Filosofía, sino de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en su conjunto. Ambos desarrollaron un tipo de magisterio que ha servido de referencia a nivel institucional.Lamentablemente, como has indicado, en estos días hemos sufrido la irreparable pérdida de ese maestro excepcional que fue Tomás Novas, quien aparte de lo señalado, ostentaba condiciones singulares para la especulación filosófica. No por otra razón su discipulado resalta unánimemente la extraordinaria experiencia filosófica vivida al calor de los diálogos propiciados en el salón de clases, pero también fuera de éste. Quienes fuimos sus condiscípulos y colegas por varias décadas entendemos bien esa apreciación de los jóvenes filósofos. Novas no solo poseía cualidades especiales para la enseñanza, sino también una aguda capacidad intelectual para adentrarse a nivel de la abstracción filosófica. Y como sucede a menudo con este tipo de intelectuales, su punto fuerte no estuvo en el discurso plasmado a través de la escritura, sino en su oralidad. Por consiguiente, lejos de legarnos obras para el conocimiento de su forma de pensar, debe acudirse a los que fueron sus alumnos para aquilatar su concepción filosófica. En realidad, son los filósofos como Tomás Novas quienes pueden llegar más lejos en sus meditaciones filosóficas, puesto que logran capturar mediante conceptos el sentido más profundo de la realidad sometida a examen, ya sea en el ámbito de la ontología, metafísica, gnoseología, etc. Los que cultivamos apartados filosóficos más restringidos o concretos, como son filosofía del medio ambiente o ecofilosofía, filosofía política, filosofía de la educación, filosofía del derecho, filosofía moral o filosofía virtual o cibernética, nos movemos a través de categorías y teorías más inmediatas, concretas y, por tanto, más próximos a la experiencia cotidiana. En mi caso, una de las ramas que más han llamado mi atención es la parte de la ética destinada a interrogar al ser humano sobre cuál es su posición o responsabilidad de cara al medio ambiente y la Madre Tierra, pues de nosotros depende en buena medida su conservación o su destrucción.

Julio MinayaAM): Precisamente, en el libro que indicamos del profesor Rafael Morla hay una entrevista hecha a ti, acerca de Ética Ecológica (pp.165-182). Aquí, a diferencia de Novas, tú partes de una ética como filosofía práctica. En un fragmento dices que la “ética se nutre de experiencias humanas, de hechos o conductas afectadas por la capacidad de obrar libremente que nos asiste”. Luego pones el caso de la bioética, como referencia de que la filosofía no está ajena a la vida y que permanece muy atenta a lo acontece en ella y en su entorno. De ahí que plantee la necesidad de un tipo de reflexión o análisis filosófico y ético “en un mundo donde esta se complica de muy diversas maneras: con el aborto, la eutanasia, el temor a la clonación, las expectativas creadas ante el desciframiento del genoma humano, muertes de poblaciones enteras por efectos de la contaminación de mares y ríos”. Vas más lejos, sitúas a la tecnología y sus riegos, dejando entrever como estos problemas cobran importancia desde nuestra disciplina. ¿Cuál es tu evaluación de cara a la realidad actual?

JM):En mi caso se suscitó un conflicto de intereses de corte epistemológico: me debatía entre dedicarme exclusivamente al estudio del pensamiento de Pedro Francisco Bonó o, por el contrario, destinar todo el tiempo que me quedaba libre de la docencia a indagar en torno a la ética ecológica y sus problemas básicos. Gran dilema, pues no podía acometer ambas líneas de investigación con resultados aceptables. Y así, aunque opté por Bonó, no pude resistirme a los cruciales desafíos e interpelaciones provenientes de la filosofía ecológica y la ética medioambiental. Como sucede a cualquier persona sensible a lo que ocurre con nuestro planeta, estos temas del cambio climático, la extinción de especies de la flora y la fauna, la contaminación de mares, lagos, ríos, entre otros muchos, me preocupan de manera profunda. Pero fue la lectura del libro: El principio de responsabilidad. Ensayo para una ética para la civilización tecnológica (1993), de Hans Jonas, lo que me tornó más consciente de la enorme trascendencia y urgencia que revisten los problemas antes señalados. La obra de Jonas pone sobre el tapete cuáles son los riesgos que corremos, abordándolos y problematizándolos teóricamente de manera admirable. Embebido en la lectura de dicha obra estaba cuando ocurrió en la sección Doña Ana, Municipio de Yaguate, el asesinado de Sixto Ramírez, motivado por su trabajo como líder comunitario y activista ecológico. Ramírez cayó abatido por guardianes de una poderosa grancera que extraía indiscriminadamente materiales del río Nizao, a lo que se opusieron resueltamente los campesinos liderados por Ramírez. Es así como dicho activista ejemplar se convierte en el primer mártir de la lucha ecológica dominicana. Estos son temas que exigen ser tratados teóricamente, esclarecidos y problematizados con los recursos que pone a nuestra disposición tanto la filosofía como la ética. Tenemos esa indeclinable responsabilidad, pues del estudio científico ya se ocupan diversos apartados de la ciencia natural, especialmente la biología que tiene en esos menesteres a especialistas, en especial a los ecólogos. Aunque sabemos que la cuestión ecológica no se reduce al tratamiento científico, filosófico o ético, puesto que amerita un abordaje y examen interdisciplinario, donde confluyen y se requiere también de los aportes de geógrafos, economistas, sociólogos, juristas, políticos, artistas, comunicadores… Hoy son, por demás, cuestiones decisivas para la humanidad. Llama la atención que instituciones otrora indiferentes o ajenas a su consideración, hoy no tienen más remedio que ocuparse de ellas ¿Acaso no asombra que el patriarca Bartolomé, de la Iglesia Ortodoxa Rusa y el papa Francisco, estén hablando en los últimos años de “pecados ecológicos”? Lo que antes no significaba faltas graves para gran parte de la cristiandad, hoy devienen nada menos que en “pecados”. Señales extraordinarias de los tiempos que corren.

 


Fuente: Acento

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