SENTIMIENTO Y VALOR MORAL

SENTIMIENTO Y VALOR MORAL
Un camino sin salida
Profesor Novas
Buenas noches, compañeras y compañeros, ¿cómo están?;
supongo que estarán sacudidos por el trágico deceso del amigo
Rubén, a quien de cariño, llamábamos el hedonista.
Como hemos dicho, en ocasiones anteriores, la muerte es
un acontecimiento inevitable en los seres vivos; pero, que resulta
especialmente traumático para el ser humano, en cuanto él es el
único ser que tiene conciencia plena del significado real de este
evento desafortunado de nuestra condición, la nada.
La muerte del compañero Rubén, nos recuerda lo frágil de
nuestra existencia y lo intrascendente de nuestro ser, pues cuando
la nada llega, ya no somos. Rubén, al parecer, adquirió temprana
conciencia de esta realidad, y por ello convirtió su corta estadía
entre nosotros en un intenso peregrinar que lo llevó a lugares y
situaciones extremas, buscando en cada cosa aquello que, a su
modo de ver, llenaba su existencia.
Justo es decir, que la vida que llevó el amigo, nos preparó
para esperar este final. Duerme ahora el sueño de los justos, pues,
nada podemos hacer frente a lo inevitable…
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Si alguien desea comentar algo sobre el evento, antes de
iniciar la discusión de esta noche, este es el momento.
Pula, el nihilista.
Gracias, profesor. Siguiendo en la misma línea de su
reflexión, me gustaría aprovechar la oportunidad para leer las
palabras que pronuncié esta tarde en la iglesia, adonde la familia
llevó los despojos de Rubén.
Momento final… el encuentro con nuestro Hacedor
Rubén, el hombre, el filósofo, el amigo. Su final ocurrió del
mismo modo como transcurrieron todas las cosas en su existencia.
Disfrutó de los placeres que brinda la vida al hombre sobre la
tierra, mientras tiene salud y conciencia de sí. Experimentó en
su piel todos los placeres conocidos, vivió por ellos y por ellos
sucumbió. Vivió siempre al límite; nunca temió el peligro; amaba la
pasión. Sin embargo, uno se convence de que la salud y el placer se
habían acabado, eligió el camino de la dignidad y se suicidó. Nunca
mendigó un minuto más de vida miserable, cuando vio la muerte
llegar, le abrió la puerta y la invitó a quedarse.
Tampoco diremos que fue un héroe, ni que fue un valiente
de los que luchan por la libertad de los pueblos, por la paz o por
cualquier otra menudencia de las que se suelen decir sobre los
finados. Lo cierto es, que no fue un hombre de grandes ideales,
que no creyó nunca en el mañana, que vino a este mundo a vivir
sin preocupaciones a no esperar nada y a quererlo todo y, en tal
sentido, mientras pudo, dio riendas sueltas a sus pasiones, que
fueron tres: libros, mujeres y parranda.
Toda su vida transcurrió de este modo, por cuanto sabía
que, al echarse las palomas, todo resulta igual para el que ha vivido
ordenadamente que para el que ha vivido en el desorden. Sabía
que de nuestro paso por la vida no quedará nada, que somos el
instante presente.
Rubén, como hombre mundano, conocía la dialéctica
del tiempo, por eso repitió tantas veces las sabias palabras del
Eclesiastés: «En la vida hay un tiempo para nacer y un tiempo para
morir. Un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado.
Un tiempo para reír y un tiempo para llorar. Un tiempo para amar
y un tiempo para odiar. Un tiempo para la paz y otro tiempo para
la guerra. Un tiempo para curar y un tiempo para matar », era un
realista. Pues, comprendió mejor que nadie, que para el hombre el
único bien es gozar la vida y tener bienestar.
La gran enseñanza del evento al que asistimos, esta tarde
calurosa, es que nos recuerda que somos la nada, y que «nada saca
el hombre de su afán sobre la tierra, todo es esfuerzo inútil y un
correr tras el viento»; por cuanto el porvenir del hombre es la nada,
la tumba fría y el olvido.
La vida es presente; entonces, gocemos de ella y alegrémonos
de que no es nuestro cuerpo el que yace inerte en ese féretro.
Al final, amigo, te reencontraste con tu Hacedor, pues la
muerte, querido amigo, «transforma la vida en destino».
Pula
Junio de 2005.
Chago, el marxista.
¡Qué discurso más pesimista! Qué lástima que Rubén no
dejara nada bueno para ser recordado, ya que, a juicio tuyo, esas
son las cosas por las que debemos recordarlo.
Pula, el nihilista.
De seguro que tú asumes que existe diferencia entre el que
deja algo «bueno» para ser recordado y aquel que no deja nada. Me
gustaría saber si el que deja una obra hecha se libra de la muerte,
del no ser, de la nada.
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Chago, el marxista.
Nadie se libra de la muerte, pero resulta preferible ser
recordado por buenas obras, que por maldades.
Pula, el nihilista.
¿A quién se supone que le importa ese juicio de valor?
Chago, el marxista.
Evidentemente que a ustedes no les importa, ni en vida ni
muertos, porque son escorias antisociales; pero, por ejemplo, a
todos nos produce agrado recordar la vida ejemplar del profesor
Andrés Avelino García Ramón, quien, como tú sabes, realizó una
extraordinaria labor docente en beneficio de la nación dominicana
y de la UASD; en cambio, al compañero Rubén lo recordaremos por
sus fullerías.
Pula, el nihilista.
Y ¿qué le importa eso al que está muerto? Eso podrá ser
importante para los que estamos vivos y en pleno uso de nuestra
conciencia, pero a los que ya se desconectaron, les resulta
indiferente. Nadie trasciende el momento presente.
Chago, el marxista.
Quizás tengas razón, pero recuerda que son las acciones del
ser humano las que le dan sentido a la vida en sociedad, que el
avance que hemos logrado no sería posible si no es por las luchas
de los pueblos y de la vida ejemplar de hombres como el profesor
Avelino.
Pula, el nihilista.
No se puede hablar de sentido, la vida del hombre no tiene
ningún sentido; la vida de este, o la de la cucaracha, cumple su ciclo
y desaparecen. La reflexión sobre el sentido de la vida del hombre
es una discusión que produce un placer solitario a los intelectuales
de colmado que, bajo los efectos de un par de cervezas, se
entretienen hablando pluma de burro; pero el hombre inteligente
no desperdicia su tiempo buscándole un «sentido» a su existencia.
Vive, y es todo. La única cosa que el hombre puede tener como
una realidad dada, es que despertamos a la conciencia por una
casuística de la naturaleza y que ella nos volverá a dormir de nuevo
por las mismas causas y san se acabó.
Tú y todos los que desprecian el cuerpo y malgastan su
juventud dando crédito a la cuestión de los valores sociales y
morales, no entienden que «no por mucho madrugar amanece
más temprano», pues al final de sus días terminarán haciendo todo
cuanto han criticado a los demás, es decir, buscarán frenéticamente
aquellos placeres a los que se han negado toda la vida; es una
cuestión de tiempo. Cuando se llega a cierta edad, se termina
sabiendo que el porvenir anhelado es un engaño; que no existe tal
cosa; y que todos los caminos conducen a la tumba.
Chago, el marxista.
Profesor, yo me pregunto qué tan desagradables experiencias
habrán marcado la vida de Pula, para que asuma una visión de la
vida tan fatalista e irracional.
Profesor Novas.
En la vida del ser humano los acontecimientos son los que
determinan su acción. Recuerdo que uno de ustedes me preguntó
sobre las razones que determinaron mi interés por el estudio de
los problemas y conflictos morales, y recuerdo haber señalado
lo mismo que he señalado ahora: las circunstancias son las que
despiertan nuestro interés por el estudio de un ámbito concreto de
la realidad.
Creo que esta noche es una ocasión propicia para que
hablemos de ello.
Chago, el marxista.
¿Qué razones la hacen una noche propicia?
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Profesor Novas.
Dos razones hacen propicia la ocasión: en primer lugar, la
muerte de un amigo siempre nos llama a reflexionar sobre nuestra
propia existencia; y, en segundo lugar, porque esta noche cerramos
el ciclo sobre los problemas morales.
Comenzaremos planteando que, tal y como dice Sartre,
no hay moral general, no hay valor moral a priori, la moral es el
producto de la creatividad humana, cada hombre debe inventar su
moral en el momento de la acción, y que la moral que elegimos para
nosotros también la elegimos para los demás, al convertirse esta en
modelo de lo que debe ser, en tanto elegimos siempre lo mejor, a
no ser que actuemos de mala fe. Sin embargo, la cruda realidad
social casi nos convence a diario de que es un esfuerzo inútil tratar
de promover valores morales positivos en un hombre como el de
hoy, que vive en la piel. Parece que vivir bajo el imperativo de la
razón es una elección de mala fe, obra de un loco, de un ermitaño,
de un asceta, como mi padre, quien se negó a aceptar lo «obvio».
Chago, el marxista.
¿Qué es lo obvio, profesor?
Profesor Novas.
Que la podredumbre moral existente en nuestra sociedad
no permite otras cosas que acciones irracionales y que resulta
imposible vivir de acuerdo a los mandatos de la razón.
Chago, el marxista.
¿Su padre era un asceta?
Profesor Novas.
No, Chago, en realidad no es que fuera un asceta, pero
su modo de vivir los valores lo presentaban como un quijote que
luchaba contra grandes molinos de viento. Precisamente una
«quijotada» suya fijó en mí el interés por los problemas de la
elección moral; él era mi héroe, hasta que un día tomó una decisión
que me hizo verlo como un hombre sin sentimientos.
Chago, el marxista.
¿Qué quijotada fue esa?
Profesor Novas.
Todo ocurrió en el verano del 1976, cuando yo tenía 14 años.
Resulta que la hermana más pequeña de mi abuela, la madre de mi
papá, había sido violada por un sujeto llamado Manei, cuando tenía
12 años, y, a pesar de los esfuerzos de mi padre, el sujeto burló la
justicia y se fue en yola para Puerto Rico y allí vivió por once años,
mientras que mi familia cargó con el lastre de aquella violación.
Sin embargo, como ya he dicho en otras ocasiones, parece
que la fatalidad siempre asecha a los mortales; porque un día,
cuando nadie estaba pendiente de estos hechos, excepto mi familia,
alguien aconsejó a Manei regresar a la comunidad. A todos los que
recordaban el caso le pareció una acción innecesaria que, sin dudas,
traería consecuencias. Los vecinos, como siempre, tomaron partido
y opinaron, sin que nadie les preguntara, sugiriendo las soluciones
más apasionadas y violentas de todas; pero al viejo mío nunca les
parecieron adecuadas estas opiniones, y aunque tenía conciencia de
la ineficiencia y los niveles de corrupción de los agentes del sistema
de justicia de la República Dominicana, siempre declaró que «el único
camino que se debe seguir es el que establece la razón».
Esta visión sobre las cosas lo dirigió hasta la policía del
municipio de Imbert y allí realizó la querella correspondiente. En
un primer momento, la policía apresó al sujeto; pero este logró
su libertad en menos de cinco días; porque se argumentó que el
crimen prescribe a los diez años. Este nuevo revés no hizo que mi
padre perdiera la fe en la ley y la justicia ni que escogiera el camino
de la venganza, como aconsejaban algunos amigos; contrario a eso,
encaminó sus pasos hasta las autoridades de Santo Domingo, en
busca de dar marcha atrás a esta decisión.
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Karlos, el existencialista.
¿Qué pasó con Manei? ¿Siguió suelto o su padre logró que
se hiciera justicia?
Profesor Novas.
Por eso hablaba de la fatalidad hace unos momentos,
porque se produjo algo parecido a la justicia, pero que no se
puede llamar propiamente justicia. Pues una tarde de octubre de
1976, estando mi padre en Santo Domingo, dando seguimiento al
caso, Mamajuana y Tiíta María fueron abordadas por Manei, en
el camino de Los Cayucos, cuando regresaban de la iglesia; y allí,
entre montes, piedras y guasábaras, se desencadenó un incidente
desafortunado, que cambió nuestras vidas para siempre.
Karlos, el existencialista.
¿Qué ocurrió, profesor?
Profesor Novas.
Ocurrió lo que siempre pasa cuando la fatalidad se fija en
alguien; pues, al parecer, Manei se había convencido de que estaba
por encima del bien y del mal, y que eso le autorizaba a burlarse de
mi abuela y de Tiíta una vez más, diciéndoles en su cara lo mucho
que había disfrutado violando a María. Amenazó con hacerla suya
una vez más. «Nada podrán hacer contra mí, el dinero vale más
que cualquier otra cosa en este mundo, esa es la verdad… Ella será
mía otra vez, porque con nadie más he sentido lo que sentí con
ella.» Nadie respondió a esta intimidación. Abuela y tía seguían
caminando presurosamente rumbo a la casa, tragándose la rabia
que les producía la impotencia.
Sin embargo, al parecer, Manei interpretó esa actitud como
miedo y siguió insistiendo sobre el mismo tema, y así se mantuvo
hasta que llegaron a la cañada de Los Cayucos, casi a un kilómetro de
donde las había abordado; pero cometió un grave error de cálculo,
pues el orgullo y la fijación que tenía por Tiíta María le aconsejó
bajar de la camioneta y tomarla por la fuerza allí mismo. Ella se
defendió como pudo, pero este la dominó fácilmente. Y, aunque mi
abuela le había advertido que no se atreviera a ponerle las manos,
él siguió abrazándola y besándola a la fuerza sin prestar atención.
Y nada parecía detenerlo en sus propósitos, hasta que abuela,
desesperada, impotente y humillada, tomó entre sus manos una
piedra de buen tamaño y golpeó repetidas veces la cabeza del
agresor. Tanta fuerza puso la ira y la impotencia en las manos de
Mamajuana que, treinta segundos después, el cuerpo de Manei
cayó a tierra bañado en su propia sangre.
Karlos, el existencialista.
¿Y qué pasó después de eso?
Profesor Novas.
Nada extraordinario en realidad, pues, aunque estaban
impresionadas por lo que había ocurrido, también se sentían
liberadas al saber que el motivo de sus pesadillas estaba vencido.
Cuando lograron reaccionar, caminaron en silencio hasta la casa y,
cuando abuelo llegó, le contaron lo que había pasado.
El viejo, al enterarse de la noticia, no se impresionó por lo que
le contaron; parece que ya presentía que, de todos modos, aquello
no podía terminar de otra manera. A pesar de todo, se dirigió hasta
Los Cayucos para ver si aún se podía salvar al desdichado, mas,
cuando llegó al lugar indicado por las dos mujeres, el cuerpo de
Manei estaba sin vida. Sin embargo, su camioneta, las prendas y
la pistola habían desaparecido, pues al parecer alguien llegó antes
que él y lo despojó de todas sus pertenencias.
Sin perder tiempo, en vista del giro que tomaban los hechos,
se dirigió hasta el municipio de Imbert a llamar a un compadre
que vivía en la capital, para que le informara a mi padre sobre los
inesperados acontecimientos. Y a su regreso a nuestra comunidad,
se dirigió a la casa de su compadre Juan Coronado, alcalde pedáneo
del lugar, para ponerlo al corriente de los hechos, pero en el camino
se enteró de la versión que ya se había generalizado en La Colorada:
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«Alguien mató a Manei para robarle». Por lo que, dado el nuevo
giro que tomaba la interpretación de los hechos, prefirió esperar el
regreso de mi padre, al día siguiente, para decidir qué hacer.
Al día siguiente, todos comentaban y trataban de adivinar
quiénes podrían ser los culpables de esta acción; todos parecían
convencidos de que se había tratado de un atraco para robarle el
dinero, las prendas, la camioneta y la pistola. En consonancia con
esta lógica, la policía apresó inmediatamente a los amigos más
cercanos de Manei, todos de reputación dudosa, pero inocentes.
La confusión se mantuvo hasta el final del día, cuando se supo que
la policía había apresado en Santiago al sujeto que había robado la
camioneta, la pistola y las prendas.
Chago, el marxista.
En cierta manera, este nuevo giro resolvía la situación,
ya que ese ladrón tendría sobradamente ganada la pena que le
impusiera la «justicia», y su familia, profesor, finamente recibía la
justicia que había reclamado.
Profesor Novas.
Eso pensaría cualquier persona normal, pero mi padre
nunca pensó de esa manera, mi padre hizo lo contrario a lo que tú
propones.
Chago, el marxista.
¿Qué fue lo que hizo?
Profesor Novas.
Entregó la vieja a la policía y esto le costó seis años de
prisión en la prisión de San Felipe en Puerto Plata.
Ya se habrán dado cuenta del porqué de mi preocupación
por la cuestión de la elección moral, pues, aún hoy, con la edad que
tengo y los conocimientos que he acumulado en mis meditaciones
y en el ejercicio como profesional de la filosofía, me pregunto y
me he preguntado todos los días de mi existencia, después de los
hechos que les he contado, si la decisión que tomó mi padre se
correspondía en aquel caso con lo que es justo, con lo que debe
ser, moralmente, y si yo sería capaz de hacer lo propio con la viejita
mía. Y, aunque siempre llego a la conclusión de que lo correcto es,
según manda la razón, que nadie tome la justicia en sus manos y
que no debemos encubrir un homicidio, también pienso que el
sentimiento de amor que he cultivado por mi madre resulta superior
a cualquier ideal racional del bien, de lo justo, de lo correcto, de lo
que moralmente podamos concebir como correcto.
Merkis, el kantiano.
Buenas noches, profesor Novas, creo que este caso nos
remite a la génesis de este ciclo de discusión sobre los valores
morales. Bien sabemos que no podemos conducirnos por los
sentimientos ni por las circunstancias, si es que queremos vivir de
acuerdo con lo que manda el deber moral.
Profesor Novas.
Ninguna afirmación de las que contiene tu discurso me
es ajena; sin embargo, sigue latente en mí la pregunta de si yo,
que conozco de estas cosas, sería capaz, llegado el momento, de
mandar a la cárcel a mi madre.
Merkis, el kantiano.
Pero es que no podemos caer en una moral de sentimientos,
porque abriríamos la puerta a la imposibilidad de valores morales
válidos universalmente para todos los seres racionales. Las
consecuencias de obrar de acuerdo a los sentimientos, en este
caso o en cualquier otro, nos dice que, si hacemos eso, tendríamos
que recoger todo lo que hemos predicado anteriormente sobre la
moral.
Evidentemente, nadie puede poner en duda el poder
que tienen los sentimientos en nosotros, máxime cuando estos
sentimientos envuelven a nuestra madre, un ser con el cual estamos
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ligados biológicamente desde antes de nacer y que, socialmente,
da forma a los primeros elementos de nuestra conciencia. Pero
usted sabe, y lo sabía su padre antes que usted, que hay cosas que
tienen precio y otras que tienen dignidad; las que tienen precio son
las que cambiamos por otras, pero las que tienen dignidad no se
cambian por nada.
Ahora bien, la pregunta que deberíamos hacernos es:
¿tienen alguna dignidad los valores que predicamos o pueden
ser cambiados por un sentimiento? ¿Qué es lo que aconseja la
razón? ¿Acaso aconseja cosas distintas cuando somos nosotros los
perjudicados y otras cuando el perjudicado es el otro? ¿Es posible
alcanzar la «justicia» cuando el que conoce el valor de la ley escoge
el camino de burlarla porque esta le desfavorece? ¿Qué ocurriría si
todo el mundo escogiera actuar por los sentimientos hacia las cosas?
¿No se crearía el caos perpetuo? ¿No entrañan la misma cuestión,
aunque con matices distintos, el delito de Manei que el de la doña?
Y, si era justo mandar a la cárcel a Manei por haber causado un daño,
¿no era justo también pedir lo mismo la doña que ha incurrido en
lo mismo? Si actuásemos de manera distinta estaríamos dándole la
razón a Pula, cuando planteaba en «Los Problemas de la Libertad»
que el ser humano es una bestia, que llama con nombres distintos
las mismas cosas. Por ejemplo, cuando un atracador da muerte a una
persona, se le llama crimen; mas, cuando el policía da muerte a un
ladrón, se le llama justicia. ¿Es que acaso podemos juzgar correcto
el hecho de que una persona mate a otra dependiendo de nuestro
interés, o debemos concluir que se trata de una acción que no se
puede universalizar?
Janet, la cristiana.
Es que es incorrecto plantear las cosas de ese modo, porque
la abuela de Novas no provocó esa situación; ella fue empujada
por la misma víctima a actuar de ese modo; en consecuencia, él se
buscó lo que le pasó. Además, ¿cómo me puede alguien pedir que
entregue mi propia madre a unas autoridades que resultan peores
que el propio Manei? Lo justo fue lo que pasó, porque el mismo
Manei se buscó la muerte, los familiares de Novas son verdaderas
víctimas. Dado que tú vives juzgando la intención de las personas al
obrar, deberías tomar en cuenta que la intención de la abuela no fue
la de dañar, sino más bien defenderse.
Merkis, el kantiano.
Perfecto, ¡no tenía la intención de dañar! ¡Tenía la intención
de hacer un bien tan grande, que podría tomarse de modelo para
todo el mundo! Yo sé que su única intención consistía en librar a su
hermana de la agresión de este degenerado, sin embargo, su acción
derivó en la muerte de alguien y esta es una acción que no se puede
universalizar.
Janet, la cristiana.
Ah, entonces, lo que sí está correcto es que dejemos que todo
el mundo abuse de nuestra dignidad y que se burle impunemente de
todos los valores establecidos… No creo que eso sea lo justo; lo justo
solo Dios lo establece, y no creo que denunciar a mi madre, en estas
circunstancias, tenga algo que ver con el plan de Dios o lo justo; ahora,
si fuera por maldad o por venganza que mi madre planifica y lleva a
cabo un crimen, yo no te digo, pero no me digas jamás que, por quitar
del medio a un violador, debo entregarla a unas autoridades que son
peores que los criminales.
Merkis, el kantiano.
Profesor Novas, yo en realidad no entiendo si es que estas
personas se hacen los imbéciles cuando les conviene o es que
son imbéciles de verdad, porque ella sabe muy bien que no existe
diferencia entre aquel que mata porque lo planifica y aquel que da
muerte a alguien arrastrado por las circunstancias. De lo que se trata
es de que, si queremos vivir en sociedad, nuestras acciones deben ser
ejemplares. Y se ha convenido, y así lo ordena la razón, que no debemos
matar, porque matar es absolutamente malo, y que tampoco conviene
a ningún régimen de comercio entre los hombres que ocultemos el
delito. Sabemos que su abuela quizás no sea culpable de ese delito,
pero evidentemente es responsable de lo que hizo.
EULOGIO SILVERIO EL PROBLEMA DE LA ELECCIÓN MORAL
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Janet, la cristiana.
¿Es que acaso tú consideras justa esa justicia que permitió
que un violador se burlara de una familia honesta, como esa?
Merkis, el kantiano.
Tú bien sabes que no importa en nada lo que la justicia sea, es
que nosotros no debemos hacer a los demás lo que no nos gusta que
nos hagan a nosotros. Si aceptamos que es correcto ocultar a la abuela
de Novas, porque conviene a nuestros intereses, también habría que
aceptar como justo que la familia de Manei lo ocultara y lo ayudara a
escapar cuando cometió la violación.
Chago, el marxista.
Todo cuanto dices es correcto; la razón no nos aconseja
actuar de una manera cuando somos nosotros los perjudicados y de
otra cuando el perjudicado es el otro. Es verdad que no es posible
alcanzar la justicia, cuando el que conoce el valor de la ley escoge el
camino de burlarla cuando esta le desfavorece; pero habría que ver las
circunstancias en que se produjo el hecho; habría que valorar si fue en
defensa propia o si fue un crimen premeditado; además, habría que
ver si las autoridades a las que voy a entregar a mi madre son jueces
justos y honestos, en una sociedad donde se respeta verdaderamente
la dignidad humana. Si no están dadas estas condiciones, prefiero
proteger a mi madre, pues no es verdad que la voy a arrojar al foso de
los leones, y menos por un delincuente, como Manei.
Merkis, el kantiano.
¿No te parece peligroso que sigamos tus consejos y que cada
persona se convierta en juez de sus propias causas y juzgue si las
autoridades son justas y respetan la dignidad humana? ¿No te parece
que ese camino conduciría al caos y haría imposible la convivencia
civilizada?
Chago, el marxista.
¡Espera un momento, Merkis! Nadie ha dicho que cada quien
se convertirá en juez de sus propias causas, de lo que se trata es
de que yo no voy a entregar mi madre en las manos de una policía
conformada por delincuentes. Y no me vengas con el cuento de que mi
actitud hace imposible la convivencia social, al desconocer el valor y la
importancia del respeto a la ley, pues quienes impidieron la convivencia
civilizada fueron las propias autoridades, en tanto permitieron que un
delincuente como Manei siguiera en las calles.
Profesor Novas.
Por lo visto, la discusión sobre los valores no tiene fin;
opinaremos siempre desde una conciencia que nos ha formado y
esa conciencia está formada por los hechos que marcan su vida.
Definitivamente, no hay una moral a priori, ni una moral correcta;
el ser humano tendrá que inventarla. Entiendo que no hay otra cosa
qué decir. De todos modos, es importante retomar las preguntas
que se formula Merkis en torno a lo que ocurriría si asumimos
actuar bajo la premisa del sentimiento.
La pregunta obligada sería, tal y como él dice: ¿Tienen alguna
dignidad los valores que predicamos o pueden ser cambiados por
un sentimiento? ¿Qué es lo que la razón aconseja hacer? ¿Acaso
aconseja cosas distintas cuando somos nosotros los perjudicados, a
cuando el perjudicado es el otro? ¿Es posible alcanzar la «justicia»
cuando el que conoce el valor de la ley escoge el camino de burlarla
si esta le desfavorece? ¿Qué ocurriría si todo el mundo escogiera
actuar por los sentimientos que le inspiran las cosas? ¿No se crearía
el caos perpetuo? ¿No resulta ser la misma situación, aunque con
matices distintos, el delito de Manei y el de la doña? Y, si era justo
mandar a la cárcel a Manei por habernos causado un daño, ¿no era
justo también pedir que ocurriera lo mismo a nuestra madre por
haberlo perjudicado fatalmente? Pero, sobre todo, lo importante es
que cada uno pregunte a su conciencia si sería capaz de denunciar
a su madre si comete un delito. La respuesta a esa sola pregunta le
dirá si realmente los «valores» que usted predica tienen base o son
solo para exhibición.
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Nos veremos en una próxima jornada de la Sociedad de
Investigación Filosófica Andrés Avelino.
Hasta entonces…
CUESTIONARIO
Sentimiento Y Valor Moral
1. Si su madre comete un crimen, ¿qué haría usted,
la denunciaría, como hizo el padre del personaje central de este
diálogo, o la encubriría?
2. ¿Tienen alguna dignidad los valores que predicamos
o pueden ser cambiados por un sentimiento?
3. ¿Qué es lo que aconseja la razón? ¿Aconseja cosas
distintas cuando somos nosotros los perjudicados a cuando el
perjudicado es el otro?
4. ¿Es posible alcanzar la “justicia” cuando el que
conoce el valor de la ley escoge el camino de burlarla porque esta
le desfavorece?
5. ¿Qué ocurriría si todo el mundo escogiera actuar por
los sentimientos hacia las cosas? ¿No se crearía el caos perpetuo?
6. ¿No es la misma situación, aunque con matices
distintos, el delito de Manei que el de la doña? Si era justo mandar
a la cárcel a Manei por habernos causado un daño, ¿no es justo
también pedir lo mismo para nuestra madre que ha incurrido en lo
mismo?
7. ¿Qué opinión le merecen los comentarios del
nihilista: «despertamos a la conciencia por una casuística de la
naturaleza y ella nos volverá a dormir de nuevo por las mismas
causas y san se acabó»?
8. ¿Qué opinión le merecen las palabras del profesor
Novas en el sentido de que «es un esfuerzo inútil tratar de promover
valores morales positivos en un hombre como el de hoy, que vive
en la piel»?
9. ¿Qué opinión le merece la afirmación de Manei en
el sentido de que «el dinero vale más que cualquier otra cosa en
este mundo»? justifique su respuesta.
10. ¿Considera usted que la acción del padre del profesor
Novas corresponde a lo que es justo? Justifique su respuesta.
11. ¿Cómo creen que actuarían sus padres si alguno de
sus hijos cometiera un crimen?
12. ¿Qué entiende usted que es la justicia?
13. ¿Qué interpretación se le puede dar a esta expresión
de Novas: «el sentimiento de amor que he cultivado por mi madre
resulta superior a cualquier ideal racional del bien, de lo justo,
de lo correcto, de lo que moralmente podamos concebir como
correcto.»?
14. ¿Qué quiere decir el kantiano con la expresión: «no
podemos conducirnos por los sentimientos ni por las circunstancias,
si es que queremos vivir de acuerdo con lo que manda el deber
moral»?
15. Explique qué quiere decir el kantiano con la expresión
de que «hay cosas que tienen precio y otras que tienen dignidad».
16. ¿Cuántas cosas de su vida podría usted decir que
tienen dignidad? Explique por qué.
17. En su criterio, ¿es condenable la acción de la abuela
de Novas? Justifique su respuesta.
18. ¿Con cuál de los personajes, incluyendo el profesor
Novas, se identifica usted? Justifique su respuesta.
19. ¿Qué opinión le merece el profesor Novas, en su rol
de profesor?

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