Globalización, diversidad cultural y pensamiento alternativo

fotografia del doctor Cesar Cuello

La globalización en marcha ha ido concentrando en los grandes centros de poder mundial la riqueza y los ingresos, organizando el mundo en torno a su control y monopolio de la producción y consumo de conocimientos, tecnologías, capitales y recursos naturales.La globalización actual, siguiendo a Samir Amín, es en realidad la prolongación y profundización de un proceso de expansión y mundialización del capitalismo que viene desde sus mismos comienzos, pero que la revolución en las tecnologías de la comunicación y la información ha exacerbado en las últimas décadas.

La globalización ha sido acremente criticada por muchas personas y sectores en el ámbito mundial, entre otras razones, porque a la par que conecta e interconecta de distintas maneras nuestro mundo, homogeniza las culturas y concentra la riqueza global en los países del centro desarrollado. Adicionalmente, la globalización de corte neoliberal, tiene una definida tendencia a la iniquidad y a la exclusión económica, social y cultural, que ensancha aún más la brecha que en el plano internacional separa a las naciones más ricas de las más desventajadas y, en los planos nacional y local, acentúa las tradicionales diferencias entre ricos y pobres.  

Dos megatendencias claramente diferenciadas y contradictorias se observan, pues, en este mundo globalizado. Una, orientada a la homogenización y estandarización de las culturas de los países. La otra, orientada a fortalecer la diversidad cultural de los pueblos, destacando y consolidando sus rasgos distintivos e identidades particulares.

En general, la diversidad cultural tiende a enriquecer a los pueblos, a volverlos más sabios y tolerantes, más democráticos, más comprensivos y humanos. La homogenización, en cambio, si bien en un primer momento aparenta lo contrario, a la larga tiende a empobrecerlos, a reducir, simplificar y desdibujar sus culturas y a condenarlos a una vertiginosa e inminente desaparición. La historia de la desaparición de las culturas aborígenes de Latinoamérica y la de otros pueblos colonizados son elocuentes ejemplos de esto último. La homogenización es a la sociedad y la cultura lo que el monocultivo para los sistemas biológicos y genéticos. En ambos casos, la pérdida de diversidad debilita a los sistemas vitales, reduciendo su fortaleza y capacidad para luchar, autorregenerarse y contrarrestar los factores adversos internos y externos que amenazan su sobrevivencia y continuidad. Sin embargo, hay que advertir, que la diversidad no se reproduce en forma aislada, sino a partir de redes internas y externas que nutren y fortalecen su capacidad de sobrevivencia y reproducción.

¿Implica el argumento anterior que existe selección natural en el plano de la cultura y la sociedad? De ninguna manera, ya algunos pensadores de siglos pasados, dentro del denominado Darwinismo Social, se atrevieron a formular y defender la tesis de la sobrevivencia de los más aptos no sólo en el ámbito biológico, sino también en el sociocultural. La interpretación biologicista de la evolución social lleva a considerar los procesos y fenómenos de la sociedad y la cultura como realizaciones de fuerzas y causas ajenas a éstas, que operan al margen del ser humano y su quehacer histórico. “Esto hace que la historia deba escribirse siempre con arreglo a una pauta situada fuera de ella; la producción real de la vida se revela como algo protohistórico, mientras que la historicidad se manifiesta como algo separado de la vida usual, como algo extra y supraterrenal”. A pesar de los parecidos y similitudes con la evolución biológica, la tesis biologicista de la evolución de la sociedad es a todas luces errónea e insostenible. La equiparación de la evolución social a la biológica constituyó un reduccionismo que hizo mucho daño al desarrollo de las ciencias sociales. A pesar de que lo biológico está implícito en lo social, los fenómenos y procesos en este campo se complejizan mucho más por tener como centro el accionar contradictorio de los sujetos humanos, que se basa a su vez en intereses, voluntades, creencias, valores, tradiciones, actitudes, aptitudes diferentes y también contradictorios.

La globalización en marcha ha ido concentrando en los grandes centros de poder mundial la riqueza y los ingresos, organizando el mundo en torno a su control y monopolio de la producción y consumo de conocimientos, tecnologías, capitales y recursos naturales.La globalización actual, siguiendo a Samir Amín, es en realidad la prolongación y profundización de un proceso de expansión y mundialización del capitalismo que viene desde sus mismos comienzos, pero que la revolución en las tecnologías de la comunicación y la información ha exacerbado en las últimas décadas.

El crecimiento exponencial del conocimiento y las tecnologías de la comunicación y la información, ha ido perfilando un contexto socioeconómico, político y cultural de carácter mundial que ha profundizado el proceso de homogenización de las culturas, que gira en torno a la ideología del mercado y el consumismo predominante en las sociedades más desarrolladas económicamente.

Imbuido del poder de estos países y en particular, controlado y guiado por los intereses y la ideología del neoliberalismo económico de las grandes corporaciones transnacionales, este proceso ha devenido en un fenómeno unilateral, unidimensional y de una sola vía, en donde las mayores posibilidades de  globalizarse y reproducirse las poseen los países más poderosos. “La globalización presente se ha revelado exclusiva: ha profundizado diferencias entre centros y periferias, ha dislocado profundamente a diversas estructuras nacionales y étnicas, y con las polarizaciones en la riqueza, y la destrucción de sectores mediadores, ha ido provocando el surgimiento de una bomba de tiempo que ha alarmado a los propios editores del Foreign Affairs”.

En el actual proceso de globalización, argumenta Samir Amín, el monopolio de los medios de comunicación por parte de los centros hegemónicos, “no sólo lleva a la uniformidad cultural, sino que abre la puerta a nuevos medios de manipulación política. La expansión del mercado moderno de los medios de comunicación constituye ya uno de los principales componentes de la erosión de las prácticas democráticas en el propio Occidente”.

Según García Morales, la fortunas individuales “prosperan al punto que los 300 más ricos del mundo manejan ingresos superiores a los de la mitad de la población del planeta. Esta forma del reparto marca la emergencia de influencias políticas de enorme peso, no sujetas a control, realzadas por instancias de decisión igualmente separadas de todo escrutinio democrático como son el Banco Mundial, la OMC y el FMI.”

Sin embargo, aunque la globalización es hoy día un proceso que se pretende manejar desde una ideología y unos intereses que se han impuesto a nivel mundial, este manejo no es ni podrá ser absoluto, lo que significa que en el seno de eso que llamamos globalización caben también intereses, aspiraciones y paradigmas emergentes y alternativos;  que allí hay espacios y nichos inéditos que pueden y deben ser ocupados por aquellos que entiendan, que la globalización no es un mecanismo satánico inventado por el gran capital para dominar el mundo, sino una forma evolucionada y contradictoria de la misma contradicción de la racionalidad científico-tecnológica que dio origen a la era industrial.  Esa misma contradicción que se expresa, por una parte, en un desarrollo científico-tecnológico que resuelve problemas humanos y democratiza parcialmente la vida social y que, por otra parte, enfrenta al ser humano con su propia creación e inventiva, degradándolo, alienándolo y reduciéndolo a un ser “unidimensional”, incapaz de timonear la nave de su propio destino.

Las ideas, las costumbres, las tradiciones, los valores, en síntesis, la cultura, no surgen en el vacío, sino en las vicisitudes de la cotidianidad, en las experiencias concretas de la gente, en sus circunstancias particulares, en los esfuerzos diarios por construir sus estrategias de vida, por construirse a sí mismos, esto es, en su praxis social enmarcada en un tiempo y espacio específicos. Cierto que este trajinar diario de la gente y los pueblos no discurre en el aislamiento, sino que con lo local y particular se mezclan también los elementos y las influencias foráneas. Esta circunstancia hace en ocasiones difícil establecer qué es lo autóctono y qué es lo prestado, qué es lo local y qué es lo global. De cualquier manera, no obstante, lo importante es tomar en cuenta que en su praxis particular, los pueblos tienden a internalizar y recrear lo foráneo haciéndolo suyo y creando rasgos e identidades culturales propias y diferentes. Pasó, entre otros casos, con las culturas europeas y africanas en la conformación de la América Latina mestiza y diversa que derivó de la conquista y colonización del continente. En sentido, ha pasado a todo lo largo de la historia de la humanidad, nuevas identidades han surgido del asentamiento e hibridaciones raciales y étnicas alrededor del mundo. Ahora bien, si esta influencia externa es muy pronunciada y apabullante, si se lleva a cabo por sujetos receptores acríticos entonces el desarrollo de las identidades culturales propias se torna imposible, conduciendo por el contrario a un proceso inexorable de enajenación cultural y, en el peor de los casos, a la degradación y extinción de tales identidades. Este último ha sido el caso de las culturas aborígenes americanas, sometidas a la fuerza y diezmadas finalmente por el despojo de colonizadores y criollos.

Los países de América Latina, siguiendo a Irene Plaz, están conminados a hacer uso de sus conocimientos, hábitos y emociones creadores para  renovarse y aprender junto a todos sus actores sociales a identificar, seleccionar, negociar, diseñar, implantar, evaluar proyectos y procesos de tecnología de la información y la comunicación estratégicos para su desarrollo, que contribuyan a construir agendas regionales, nacionales y locales orientadas a la promoción de modos de organización de una sociedad latinoamericana más justa, equitativa, innovadora, ecológica y, especialmente, más sana, creadora y feliz.

Ahora bien, ¿son las dos megatendencias mencionadas más arriba fenómenos antagónicos, o son por el contrario complementarios? En principio, estas dos megatendencias debían ser complementarias, pues la homogenización en todos los tiempos ha fomentado a su contrario, sirviendo como vehículo de diversificación, de medio para la introducción a otras culturas de rasgos y elementos desconocidos por éstas y en este sentido, ha contribuido a fortalecer la diversidad cultural. Pero cuando la homogenización se hace extrema y absoluta, y sobre todo, autoritaria y dominada desde un extremo de la relación entre las culturas intervinientes, entonces de vehículo de diversificación ésta se convierte en aniquiladora de la diversidad y por ende, de las identidades de los pueblos.

El globalicionismo neoliberal pretende que se han extinguido las heterogeneidades sociales y culturales, que detrás de la homogenización y el consumismo promovidos desde los países más ricos no existen otros valores que enarbolar. Esta creencia, “declara finalizados los estancos nacionales y culturales. Y sin embargo, estos subsisten. Hay una lucha. En el gran espacio del poder mundial, actualmente ya se puede dudar de la existencia de una monopolaridad. Y en espacios más menudos se tornan racional la resistencia étnica y regional».

La diversidad se expresa y debe expresarse en una multiplicidad de formas diferentes de gestión del Estado, formas diferentes de estructuras socioculturales y económicas. Lo que debe expresarse, a su vez, en formas diferentes de pensar, actuar y ver el mundo. Formas diferentes de concebir la libertad y la condición humana, las aspiraciones humanas. Esta diversidad, es la garantía, es la base del hacer y el pensar alternativos. En realidad, sin esa diversidad, no hay pensamiento y acción alternativos.

Boutros Boutros-Ghali, Secretario General de las Naciones Unidas 1992—96, expuso hace unos años lo siguiente:

Si la globalización mantiene el ritmo actual, dentro de 10 ó 15 años, la cultura será el último bastión que permitirá a los Estados conservar sus características propias. Contar con esta diversidad cultural reviste interés para la comunidad internacional, pues si no logramos democratizar la globalización, la globalización distorsionará la democracia; esta democratización supone, entre otras cosas, la defensa y el mantenimiento de la diversidad cultural. A mi entender, el plurilingüismo es tan importante para la globalización como el multipartidismo lo es para la democracia, es decir, indispensable.

Desde luego, no se trata de democratizar la globalización, sino de pensar, plantear y promover una globalización alternativa. Una globalización desde abajo, desde los pueblos mismos, desde sus identidades culturales, sus intereses, sus valores, ideas, aspiraciones. Una globalización focalizada en ideales de justicia, equidad, honestidad, respeto y solidaridad. Pero una globalización alternativa requiere, como plantea Samir Amín, un compromiso por parte de la intelectualidad, y en nuestro caso, de la intelectualidad latinoamericana más progresista. Un compromiso de confrontar y pensar la realidad, para plantear alternativas nuevas, que desconstruyan y rebatan la retórica legitimadora de los ideólogos de la globalización neoliberal.

Si la intelectualidad de los llamados países subdesarrollados, sostiene Samir Amín, no logra pensar con éxito los problemas de sus sociedades, “el ciclo de reacciones espontáneas e inadecuadas de personas sojuzgadas por la nueva polarización a escala mundial continuará, y las energías que generan serán seguramente aprovechadas por los regímenes dominantes en su afán de gestionar la crisis”.   

Asistimos a una América Latina que se inicia en un nuevo milenio con el desafío, en palabras del antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, “de formular un proyecto propio”. Una América, que sea capaz de sortear con éxito los avasalladores vientos de la homogenización económica y cultural del momento, a la vez que construye y fortalece sus identidades particulares, su diversidad e idiosincrasias. ¿Será posible esta América alternativa y utópica, integrada a la globalidad, pero inmensamente única, diversa y plural? Si ello ha de lograrse, decimos con Ribeiro, ha de ser con el concurso de una intelectualidad más responsable, más comprometida, porque, según el escritor brasileño, la que tenemos ahora en nuestra América, es “una intelectualidad fútil, más propensa a buscar las remuneraciones de las multinacionales o las prebendas del Estado que a pensar y a luchar por definir el proyecto latinoamericano”.

Si en los albores del siglo XX, en medio de un dominio apabullante del pensamiento positivista, del predominio del fanatismo tecnocientífico más alienante, Pedro Henríquez Ureña, el gran humanista dominicano y latinoamericanista, se atrevió a soñar la utopía de nuestra América Latina, por qué no habríamos de hacerlo nosotros hoy día, en medio del dominio del actual fanatismo de la globalización de corte neoliberal. Decía Pedro Henríquez Ureña: “la palabra utopía, en vez de flecha destructora, debe ser nuestra flecha de anhelo. Si en América no han de fructificar las utopías ¿Dónde encontrarán asilo?”


1.Ver Samir Amín, “La Economía Política del Siglo XX”. http://rcci.net/globalizacion/2000/fg129.htm, consultado el 08-07-07.
2. Ver: Samir Amín, Los Desafíos de la Mundialización, Siglo XXI Editores, México, 1997.
3. “Esta interpretación de la evolución, combinada con la teoría de Darwin de la supervivencia del más apto, dio origen a una teoría social según la cual los más fuertes no sólo estaban destinados por naturaleza a dominar a los más débiles, sino que además habían alcanzado su posición de fuerza gracias a la voluntad de sus antecesores unida a la suya propia. Por tanto, los más fuertes económica y físicamente tenían a la naturaleza y a la moral de su parte y habían llegado a donde se encontraban gracias a los esfuerzos propios y los de su familias. Cualquier intento de interferir en esta situación, como, por ejemplo procurando bienestar a los pobres o a los débiles, significaba, al desviarla de su curso natural, correr el riesgo de la degeneración de toda la sociedad. El darwinismo social (en total contradicción con las teorías de Darwin) se convirtió en la doctrina que justificaba cualquier acción, desde el liberalismo económico hasta la esclavitud y el genocidio de las razas más débiles; desde el rechazo a dar educación a los trabajadores pobres hasta la exterminación de los países más pequeños por naciones más grandes y poderosas” (Taguaruco, Jhonatan.  La Influencia del Darwinismo Social en los Programas de Historia en la Educación Media del Subsistema de Educación Básico Venezolano. http://www.grin.com/es/e-book/273914/la-influencia-del-darwinismo-social-en-los-programas-de-historia-en-la
4. Marx, Karl y Engels, Frederich. La Ideología Alemana. Editorial Akal, España, 2014.
5. ”La replicabilidad es uno de los mecanismos que intervienen en la transmisión cultural pero, a diferencia de los genes, su naturaleza es dependiente de los contextos siempre inciertos, siempre impredecibles en que ellos operan, y, sobre todo, expuesta a una pronta hibridación” (Skewes, Juan Carlos. “De la selección natural a la co-optación social de la genética”, Polis [En línea], 28 | 2011. file:///C:/Users/Usuario/Desktop/DOCUMENTOS/seleccion-natural-a-la-co-optacion-social-de-la-genetica.pdf.
6. Ver Samir Amín, “La Economía Política del Siglo XX”. http://rcci.net/globalizacion/2000/fg129.htm, consultado el 08-07-07.
7. Ver: Samir Amín, Los Desafíos de la Mundialización, Siglo XXI Editores, México, 1997.
8. “La ideología de la comunicación global se caracteriza por: la ausencia de memoria histórica y el carácter efímero de las informaciones; la libertad de expresión ha devenido libertad de expresión comercial; la consideración del ciudadano como cliente que, en uso de su plena soberanía, tiene derecho a la libertad de mercado; los principios y valores de la cultura norteamericana se manifiestan como cultura mundial “por defecto”, apareciendo como exótico o singular todo lo que se aparte de ellos; y, en definitiva, la naturalización de la tecnoindustria surgida en el capitalismo norteamericano y sus sucursales” (Sánchez Noriega, José Luís. “Globalización Electrónica y Dominación Cultural”. En: Blanch, Antonio (editor), Luces y Sombras de la Globalización. Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 2000.
9. García Morales, “Identidad y Globalización. Las Alternativas en un Mundo en Crisis”.  http://www.rcci.net/globalizacion/fg010.htm (Consultado el 30-06-07, 6:30 p.m.).
10. Samir Amín, El Capitalismo en la era de la Globalización, Paidos, Barcelona, España, 1999. (Sánchez Noriega, José Luís. “Globalización Electrónica y Dominación Cultural”. En: Blanch, Antonio (editor), Luces y Sombras de la Globalización. Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 2000.
11. García Morales, “Identidad y Globalización. Las Alternativas de un Mundo en Crisis”. http://www.rcci.net/globalizacion/fg010.htm. (Consultado el 30-06-07, 7:15 p.m.).
12. Plaz, Irene.”Senderos hacia la sociedad del conocimiento: Imágenes y acciones de políticas públicas en Venezuela”. Foro Ciencia y Tecnología en la Sociedad de la Información, Lima 25-29 de junio 2002.
13. García Morales, Federico. Ibidem.
14. Ibidem.
15. Boutros Boutros-Ghali .“Una globalización más justa y la defensa de la identidad cultural:¡Una lucha común. http://www.ilo.org/public/spanish/bureau/inf/pr/2001/4.htm (Consultado el 30-06-07, 8:p.m.)
16. Samir Amín. El Capitalismo en la era de la Globalización, Paidos, Barcelona, España, 1999.
17.Darcy Ribeiro. “Mi corazón pide una victoria”.  http://www.tierramerica.org/america/micorazon.shtml
(Consultado el 30-06-07, 9:00, p.m.)
18. Darcy Ribeiro. Ibidem.
19.Henríquez Ureña, Pedro. “Patria de la justicia”. En: La Utopía de América. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1989.

 

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