Decir más… sin haber dicho

William Gregorio Mejía Chalas
                William Gregorio Mejía Chalas
FILOSOFÍA Y VIDA

En muchas ocasiones, por no decir en la mayoría de ellas, conversamos, realizamos juicios de las cosas, procuramos analizar las acciones de los demás sin ser enjuiciados, criticamos las consecuencias de los errores ajenos sin antes haber hecho algo. Nos defendemos de acusaciones, injurias, calumnias, y a veces, nuestra defensa es nuestra mayor acusadora. Procuramos estar sin estar, buscamos ser parte de las cosas si sus resultados son positivos, y no ser parte de ellas si sus frutos son desagradables. Entre tantas acciones humanas que tienen como fin bañarnos de los triunfos y secarnos de los errores, no nos damos cuenta de que, para una cosa y la otra, existe un elemento fundamental usado por nosotros, con conciencia y sin conciencia, y que es el responsable de lo conseguido y lo perdido: el lenguaje, o mejor dicho, la lengua, el idioma; ya que lenguaje es la capacidad cerebral de producir conocimiento.

Ya lo había dicho Ludwig Wittgenstein “lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente”. De donde los seres humanos, teniendo en nuestro cerebro la idea o el concepto de lo que queremos expresar, pero en muchas ocasiones no podemos, y más que no poder, no sabemos decir lo que queremos, claro en un contexto donde  las reglas de comunicación, sean convencionales, en el sentido de que quienes nos comunicamos no analizamos como decimos las cosas, sin darnos cuenta, expresamos mucho y decimos poco, todo por utilizar conceptos, términos, palabras, expresiones que no reflejan la realidad que deseamos transmitir. Es por ello que quienes tratamos de escudriñar la lógica de las expresiones y el uso de la lengua, a pesar de poder decir más hablando poco, somos los incomprendidos en el campo de la comunicación humana. Y conciente de los errores, atrocidades, maltratos, donde normalmente se crucifican a los idiomas, somos con estos también vilipendiados.

Cuantas veces en la vida, ante una dualidad, expresamos que no realizaremos comentarios, de hecho ya hemos comentado; no tomaré partido en tal o cual acción, y con ese no tomar, ya estamos involucrados; nos hacen alguna pregunta implicándonos en algún hecho contrario a nuestro deseos, y decimos, no tengo porque responder; sin darnos cuenta estamos contestando. Así, entre otras tantas situaciones, que tratamos de rehuir a una responsabilidad, que debe ser enfrentada en la mayoría de los casos, con el arma más poderosa de los seres humanos, la lengua. Tanto para acusar como para defendernos, quienes dominan el idioma, la lógica de las expresiones, tienen una ventaja innegable, para cualquier campo del saber, como para la vida misma. Ya que sin darnos cuenta, estamos expresando lo que no queremos decir. Es por ello, que al individuo  ser consciente, que diciendo dice menos que lo que deja de decir; puede entonces tratar de decir sin haber dicho. Es el caso de aquel capitán de barco, quien poseía el vicio de ser alcohólico, y por ello había perdido la autoridad, ante un marinero, que objetaba su conducta. El oficial tenía que hacer un informe diario de los marineros, tratando de utilizar la verdad, intentó difamar mediante una expresión, al navegante que ponía en peligro su cargo de capitán, informó entonces: “El Marinero, de nombre Aquilino ha estado sobrio en la bebida hoy”. Con lo cual no mintió, ya que en ningún momento expresó con palabras, que Aquilino había tomado, pero había dicho sin expresarlo que Aquilino tomaba todos los días. Porque se puede decir más… sin haber dicho.

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