Pensamiento crítico y responsabilidad social: las derivas de la razón

José Luis Moronta Serrano
José Luis Moronta Serrano

¿Es el pensamiento crítico una garantía para impedir, a quien lo detenta, la comisión de acciones deleznables?, ¿a qué se denomina “pensamiento crítico” y en qué medida se diferencia del pensamiento que no es tal cosa?, ¿qué relación existe entre Filosofía y “pensamiento crítico”?, cuando lo ideológico influye en la reflexión, ¿puede hablarse de “pensamiento crítico”?, ¿bajo cuáles condiciones un grupo de intelectuales abandona, o deja de lado, el “pensamiento crítico”? Examinar determinadas actitudes en notables pensadores, junto al análisis de las influencias sociopolíticas que ejercen presión sobre una forma crítica de pensar, serán los elementos que vamos a evaluar para intentar responder las preguntas planteadas previamente.

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Según algunas fuentes, el “pensamiento crítico” se define como: “…la capacidad manifestada por el ser humano para analizar y evaluar la información existente respecto a un tema determinado…” (Castillero M., Oscar, 2017), “Es un proceso o procedimiento neutro y sin sesgo para evaluar opiniones o afirmaciones tanto propias como de otras personas.” (Wikipedia, 2023),  “…la capacidad de analizar exhaustivamente las ideas desde una triple perspectiva: ontológica, epistémica y axiológica.” (Bermúdez, V., 2019); como se puede ver en las diferentes citas sobre definiciones de “pensamiento crítico”, hay una coincidencia respecto a que éste sirve para “evaluar” o “analizar” informaciones, ideas o afirmaciones, cuyo objetivo fundamental es determinar sobre qué se sustenta la evaluación o el análisis. A diferencia de esta forma de proceder, el “pensamiento no crítico” (vamos a denominar de esa manera a la actitud contraria) asume como verdadera las informaciones, ideas y afirmaciones sin una evaluación y análisis  de su base de sustentación. Es el análisis de esa base de sustentación o supuestos que hace al pensamiento crítico un producto filosófico, puesto que ninguna disciplina puede reflexionar acerca de sí misma o tomarse como objeto de estudio. Por ese motivo, de todas las definiciones que hemos citado en líneas precedentes, es la de Bermúdez (2019) la que se apega más a una definición de “pensamiento crítico.”

William Mejía (2022), al afirmar que “Sin pensamiento crítico, las decisiones, políticas, económicas, entre otras, muy bien podrían desencadenar en la destrucción del contrato social en que vivimos.”, plantea la siguiente interrogante, ¿el pensamiento crítico evita necesariamente “…la destrucción del contrato social en que vivimos.”? O como preguntamos al inicio de esta reflexión, ¿el pensamiento crítico impide, a quien lo detenta, incurrir en acciones deleznables?, ¿qué nos dice la Historia respecto a la actitud asumida por grandes pensadores frente a eventos sociales, académicos y políticos? Revisemos algunos ejemplos.

Martin Heidegger y su fascinación por el nazismo

Una figura central en el campo de la Filosofía, y objeto de controversia, lo es el filósofo existencialista Martin Heidegger, quien desde 1933 y hasta 1945 fue miembro del Partido Nacionalsocialista alemán y antisemita. Sobre su militancia nazi y actitud antisemita (Sánchez, R., 2014) hubo controversias porque, de acuerdo a sus defensores, a los pocos meses de su inscripción en el referido partido, pasó a ser un militante pasivo; y en relación al antisemitismo se ha enarbolado como cuestionamiento a esta acusación su relación amorosa con Hannah Arendt, antropóloga cultural de origen judío. Sin embargo, en el decenio pasado, fueron publicados en Alemania los “Schwarze Hefte” o “Cuadernos Negros”, unos manuscritos, inéditos hasta ese momento, de alrededor 1, 200 páginas, catalogados como biografía intelectual de Heidegger, en donde, según la crítica, el filósofo existencialista reitera su fascinación y apego al nazismo y reafirma sus prejuicios raciales hacia los judíos (Moreno C., L. F, 2015). Seguro que no pocas personas se habrán preguntado acerca de si las actuaciones criminales y desgarradoras del régimen nazi no disuadieron a Heidegger de seguir identificándose con esa corriente política. Además, está el hecho ineludible de que el nazismo fue un movimiento que persiguió y reprimió a numerosos intelectuales, entre ellos varios miembros connotados del Círculo de Viena que tuvieron que emigrar hacia otros países para poder preservar sus vidas, todos filósofos de profesión, al igual que Heidegger.

Immanuel Kant y la “superioridad” de la raza blanca

Por otro lado, Immanuel Kant, uno de los filósofos más citado en los estudios filosóficos, ha sido objeto de críticas respecto al incuestionable toque racista de algunos escritos, que pasaron inadvertidos durante un tiempo, en donde hace afirmaciones acerca de “Un tronco originario” del que se derivan las cuatro razas en las que el filósofo clasificaba a los humanos: a) blanca (europeos), b) rojo cobre (nativos del continente americano), c) negro (africanos) y d) amarillo aceituno (hindú) (Santos H., J, 2010). En dicha clasificación, como se puede notar con facilidad, la raza blanca es colocada en una jerarquía superior, y así lo expresa Kant cuando afirma que “La humanidad encuentra su mayor perfección en la raza de los blancos. Los indios amarillos tienen un talento menor. Los negros están muy por debajo, y en el lugar inferior está una parte de los pueblos americanos.” ¿Es casual que Kant coloque en una posición jerárquica superior al europeo? Todorov, citado por Santos (2010), expresa “… es muy raro que la etnia a la que pertenece el autor racialista no se encuentre en la cima de su jerarquía.” Aclaramos que Todorov establece una diferencia entre los conceptos “racialismo” y “racismo”, y que esta consiste, básicamente, en que el “racialista” es una especie de “teórico” que ofrece “explicaciones” y “análisis” de por qué una raza es superior a otra sin que necesariamente se comporte de manera discriminatoria frente a determinadas etnias, mientras que el “racista” sí asume una actitud discriminatoria frente a determinados grupos raciales sin la necesidad de enarbolar argumentos o citar “estudios” que “demuestren” la superioridad de una raza sobre otra. Está posición de Kant, respecto a las razas, ha sido cuestionada debido a la inconsistencia interna con su sistema filosófico, especialmente con la llamada “moral kantiana.” (Santos, H., op. cit)

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Percy Brigdman y la discriminación ideológica

Percy W. Bridgman fue un brillante físico, ganador del premio Nobel de Física en 1946, famoso en el campo de la Filosofía por su propuesta metodológica denominada como “operacionalismo.” En 1939, de manera sorprendente, “cerró su laboratorio de alta presión en Harvard a los visitantes de países totalitarios” (Losee, J., 1976), lo cual generó controversias dentro de los escenarios académicos norteamericanos. ¿Qué hizo que Bridgman reaccionara de esta manera, incurriendo en la falacia lógica de la generalización y provocara la crítica de algunos de sus contemporáneos? En este caso, de manera obvia, para Bridgman no existía demarcación entre lo ideológico y lo científico y su actitud de prohibir el acceso a su laboratorio a “visitantes de países totalitarios” fue una reacción irracional que sólo reproducía en él los comportamientos de los regímenes absolutistas que pretendía enfrentar.

Razón y emoción: ¿puede lo psicológico, en un momento dado, ser un elemento perturbador del razonamiento lógico?

La historia de la Filosofía abunda en ejemplos sobre muchos de sus exponentes, varios de ellos extraordinarios pensadores que desarrollaron profundas posiciones filosóficas, que a pesar de sus reflexiones agudas y análisis penetrante sobre diferentes elementos de la realidad, sucumbieron ante diferentes lacras que terminaron acabando con su vida, ¿no pudo ver Michel Foucault el irremediable destino que le esperaba a quienes, en tiempos de SIDA,  se involucraban en prácticas sexuales promiscuas?, ¿no pudo avizorar el inevitable derrotero al que conduce el consumo y abuso de las llamadas “drogas duras”?, ¿Gilles Deleuze era ajeno a los daños que produce el abuso del alcohol y el consumo de otras drogas? Quizá sus problemas recurrentes de insuficiencia respiratoria, que terminaron induciéndolo al suicidio, le recordaban insistentemente las consecuencias que las adicciones traen consigo.

El pensamiento crítico no tiene que evitar, necesariamente, que quien lo detente pueda elegir las preferencias sexuales, ideológicas, religiosas, etc., que quiera o que se involucre en las prácticas que desee, lo que sí debería es imponer una actitud crítica no sólo ante el mundo, sino de frente a las prácticas inapropiadas o cuestionable de los grupos a los que pertenece, y a los cimientos de los enfoques ideológicos con los que se vincula, como el caso del premio Nobel de Literatura, José Saramago, quien no sólo se destacó como un militante del partido comunista de su país, sino por ser un crítico ácido de las prácticas de la izquierda internacional, a la que acusaba de no tener “…ni puta idea del mundo en el que vive.”; su comportamiento debe ser tal y como lo señala Humberto Eco, en su artículo “El papel del intelectual”: “Tiene que ser como la conciencia crítica del grupo. Tiene que molestar constantemente.” (Eco, H., 2023). ¿Fue éste el papel desempeñado por Heidegger dentro del nazismo? Cuando Freud, en el primer decenio del siglo XX, formó el “Círculo de Viena” (no confundirlo con el otro grupo homónimo dedicado al análisis filosófico) que aglutinó a varios de los que posteriormente fueron los más renombrados psicoanalistas formados bajo su tutela, pudo ver por sí mismo cómo el grupo se fragmentaba cuando sus discípulos empezaron a cuestionar su enfoque ortodoxo. Es ahí una de las características más notable del “pensamiento crítico”: la disidencia intelectual, siempre que haya elementos perturbadores que produzcan insatisfacción.

Como se ha podido ver “…la calidad académica e intelectual no es sinónimo, en automático, de coherencia y sagacidad en el juicio político/histórico.” (Enríquez P., Isaac, 2022), ni tampoco lo es para promover una actitud razonable frente a la adopción de una forma de vida. ¿Cuántos intelectuales, en todas las épocas y en diferentes países, han abrazado y asumido como suyas las peores causas político-sociales?, ¿cuántas voces del llamado “pensamiento crítico” se han expresado para llamar la atención sobre diferentes males que aquejan a la humanidad?, ¿cuál ha sido el papel de los llamados “intelectuales orgánicos” en la justificación de un poder autoritario o de los abusos en que incurren los llamados gobiernos “democráticos”?

Hemos llegado a un punto en el que deberíamos considerar cuál debe ser la actitud fundamental del “pensamiento crítico” y, sin titubear, de nuevo dirigimos la mirada hacia la Historia y nos detenemos en el ejemplo de un intelectual que sacrificó su vida defendiendo sus posiciones: Miguel Servet. No sólo refutó y cuestionó los fundamentos teológicos del catolicismo y el calvinismo (Sadurni, J., 2019) basándose en sus estudios de la Biblia en las lenguas originales en que fue escrita (hebreo antiguo y griego), sino que fue pionero en describir la circulación sanguínea en los pulmones. Nunca se detuvo ante amenazas y persecuciones por sus ideas, pero desgraciadamente no todos los intelectuales pueden mantener una actitud inquebrantable como la Servet, puesto que no pocos han tenido que postrarse ante determinados poderes fácticos y retorcer sus reflexiones para no padecer penurias económicas o persecución política o religiosa (recordemos a Salman Rushdie y sus problemas con el Islam).

En conclusión, podemos afirmar que el “pensamiento crítico” es vulnerable a las pasiones humanas y que en sí mismo no es una herramienta fiable para garantizar, a quien lo ha desarrollado, la no comisión de acciones cuestionables o la no vinculación con prácticas perjudiciales para quien lo detenta y para la sociedad en la que se encuentra.

Nota: Casi finalizando este trabajo encontré una autora, Yvonne Sherratt, que incluye en su libro “Los filósofos de Hitler”, a Walter Benjamin y Theodor Adorno, además del ya citado Martin Heidegger. Lamentablemente no disponía del tiempo suficiente para introducirme en el estudio del contenido de su obra, pero dejo su nombre, y el de su texto, para quien quiera consultarlo.

Bibliografía

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