AUTONOMÍA Y HETERONOMÍA MORALES

fotografía del prof. Eulogio SilverioAUTONOMÍA Y HETERONOMÍA MORALES
Profesor Novas.
Buenas noches, compañeras y compañeros. ¿Cómo están
ustedes? Bienvenidos una vez más a una nueva jornada de trabajo
de la Sociedad de Investigación Filosófica Andrés Avelino.
Esta noche, como de costumbre, tenemos en agenda el
análisis de una problemática que de seguro resultará interesante
para todos y para todas; ya que la cuestión planteada en el caso
que examinaremos viola el sentido de nuestra autonomía moral,
al poner en pugna nuestros sentimientos de amor, respeto y
solidaridad hacia la familia y los valores morales y religiosos que
sirven de soporte a nuestra existencia.
Pula, el nihilista.
¿Y qué caso tan grave puede ser ese, profesor Novas?
Profesor Novas.
Es un caso ocurrido en un campo de Puerto Plata llamado
La Culata; donde, de buenas a primera, apareció muerta una mujer
como de 28 años, y que la venalidad moral de sus moradores
permitió que permaneciera a la intemperie bajo agua, sol y sereno,
por espacio de tres meses y algo más; sin que a nadie se le ocurriera
avisar a las autoridades correspondientes.
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Pula, el nihilista.
Profesor, según sus expresiones, parecería que esa mujer
estaba sufriendo terribles males, por estar bajo agua, sol y sereno,
cuando en realidad usted y yo sabemos sobradamente que cuando
uno muere ya nada de eso nos importa. De ahí que yo no entienda
en qué sentido podría algo tan normal como esto cuestionar o
trastornar el sentido de nuestra «autonomía moral». Al menos, a
mí este caso me parece algo intrascendente; que muy bien podrá
parecerle una gran cosa a aquellos que viven haciéndose ilusiones
con la bondad de los seres humanos; sin embargo, para el que vive
con los pies sobre la tierra, como yo, sabe que muerto es muerto,
ya sea que esté tirado a la intemperie, enterrado o cremado; todo
da igual.
Profesor Novas.
Estoy de acuerdo con usted, Pula; sin embargo, la historia
es un poquito más compleja, y por tal razón hemos invitado a Jesús
Rivera, quien es el que la conoce en detalle debido a su cercanía con
los hechos.
Pula, el nihilista.
¿Y quién es ese Jesús Rivera, del que usted habla?
Profesor Novas.
No tarda en llegar; ¡sin embargo, yo pensaba que usted lo
conocía!
Pula, el nihilista.
Creo que no lo conozco, ¿es profesor de la UASD?
Profesor Novas.
Sí, Pula, él es profesor de la Escuela de Letras, y andaba con
unos instrumentos de hacer bromas en la fiesta que hizo Morla en
el Jardín de Epicuro, en Comatillo, a propósito de su candidatura al
Decanato de Humanidades 2002‒2005.
Pula, el nihilista.
¿No será aquel profesor que le tiró un peo a Penélope, la hija
de Morla?
Profesor Novas.
¡Sí, ese mismo sinvergüenza es Jesús Rivera!
Merkis, el kantiano.
¡Profesor, sería conveniente que les aclare a los muchachos la
situación del peo ese; porque la mayoría de ellos no estaban presentes
en el paseo y no saben que todo ese embrollo se trató de una broma!
Pula, el nihilista.
¡No le haga caso a Merkis, profesor!, pues todo el que conoce
al Negro Bello sabe que se trata de una broma, ya que él sería incapaz
de hacer cosa alguna que ofenda a los demás; salvo si antes no ha
ligado refresco rojo con whisky.
Profesor Novas.
¡Veo que usted lo conoce bien, Pula!
Pula, el nihilista.
¡Claro que lo conozco bien!, ¡quién en esta Universidad no
conoce ese personaje!, pero usted debió decir desde un primer
momento que hablaba del Negro Bello, ya que así es que todo el
mundo lo conoce.
Profesor Novas.
Entonces, Pula, salúdelo; pues ahí acaba de entrar. ¡Venga
profesor, siéntese aquí al lado de Pula, para que nos cuente in extenso,
aquello que me comentaba grosso modo el fin de semana pasado
cuando veníamos de Higüey!
Jesús Rivera.
Hola, ¿cómo estás, Novas? ¿Cómo estás tú, Pula; afanando
siempre con tu filosofía?
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Pula, el nihilista.
Usted sabe cómo son estos asuntos, profesor.
Jesús Rivera.
Mi negro, ¿tú dices que quieres que les cuente a los
muchachos esa historia?; recuerda que yo te dije que eso le pasó a un
tío mío y que no es una historia para ser contada placenteramente;
es algo muy penoso para mí y, en su momento, llenó de vergüenza
y tristeza a toda mi familia.
Profesor Novas.
¡Mucho más interesante resulta aún, profesor, porque
nosotros, en esta Sociedad Filosófica, somos partícipes de la visión
de que la filosofía no puede ser solo un ejercicio abstracto del
intelecto; contrario a ello, pensamos que esta debe partir de las
cosas que envuelven al ser humano, las cosas que lo desgarran, las
que lo hacen feliz, las que le preocupan, en fin, lo humano!
Jesús Rivera.
Está bien, Novas, voy a tratar de narrarles a los muchachos
tal y como recuerdo los hechos, tratando de no mezclarlos con mis
sentimientos.
Pues bien, muchachos, yo le decía a Novas, el sábado
pasado, que la aparición de esa muerta en Los Cayucos modificó
la vida cotidiana de La Culata; ya que todo el mundo quería ir a ver
el cuerpo de la muerta. ¡Resultó tanta la estulticia de esa gente, mi
gente, que llegó al extremo de juntarse en grupo de hasta 20, para
ir los domingos a ver el macabro espectáculo!
En La Culata, durante esos meses no se hablaba más que del
posible origen de la muerta: ¿de dónde será?, preguntaban algunos;
¿por qué no la habrán radiao por Radio Pueito Plata?, ¿cómo
habrá llegao hasta Los Cayucos, la probe?, ¿de qué habrá muerto
la infeliz?; a lo mejor era una Ciguapa. La ignorancia-culpable de
este gentío era tal que los viejos de la comunidad, que eran tenidos
como personas «sensatas» y que se habían enterado vox populi del
hallazgo, no se atrevieron a avisarle al Alcalde, «supuestamente»
por temor a ser llamados a declarar sobre algo de lo que solo habían
escuchado rumores.
Algunos de ellos dicen que llegaron a suponer que esos
huesos no eran de gente, que seguro se trataba de un animal y que
aquellos que los habían visto se confundieron.
Tan grande era la confusión moral, que hasta los miembros
de las iglesias evangélicas llegaron a formar grupos, para ir a
satisfacer la morbosidad de ver con sus propios ojos lo que todos
contaban.
Con decirles, muchachos, que uno de ellos se atrevió a
quitarle una cadenita, sucia y mugrienta que pendía de la osamenta.
Pero, un domingo en la tarde, cuando casi nadie daba
importancia al secreto de Los Cayucos, llegó Colomé, el hijo mayor
de Nenena Fipa, quien en su juventud más temprana había sido
miembro del Ejército Nacional. Y conocía, por su experiencia de
guardia viejo, las consecuencias legales que traen estos casos a todo
el que tenga vínculos directos o indirectos con esta comunidad. Y,
con el mismo ánimo que llegó a la casa de su madre, así mismo
salió y se dirigió hacia Los Cayucos.
Aquel día, La Culata Arriba parecía estar de Feria, pues había
multitudes que iban y multitudes que venían de donde la muerta;
tanto era así que el play estaba vacío, algo que solo ocurre en La
Culata, si está lloviendo a cántaros.
Cuando Colomé comprobó in situ que ciertamente el rumor
y motivo del espectáculo de ese día eran unas osamentas humanas,
preguntó a los presentes allí, «¿ustedes se imaginan siquiera en el
problema que están metidos?». La mayoría quiso seguir actuando
con el mismo desparpajo con que lo había hecho en los últimos
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meses; pero los días por venir borrarían para siempre de sus rostros
esa sonrisa irresponsable que mostraban esa tarde. Era aquella, la
misma sonrisa que muestra todo ignorante ante lo que cree que
entiende, pero que no entiende en realidad. Una especie de sonrisa
perredeísta, mezcla de ignorancia y maldad.
Después de esas breves palabras, Colomé abandonó
el lugar y se dirigió hacia el cuartel de la Policía Nacional que
está ubicado en el municipio de Imbert y, una vez allí, realizó
la denuncia correspondiente. En atención a ello, Juan Ventura,
comandante del lugar, subió a diez policías a un camión y luego
abordó a una patrulla junto a Colomé y su chofer y se dirigieron
hacia Los Cayucos.
Una vez Juan Ventura confirmó la veracidad de la denuncia,
envió al sargento que manejaba la patrulla hasta la comandancia
de Puerto Plata a buscar al médico legista, al tiempo que ordenaba
de forma enérgica al cabo que manejaba el camión, apresar a todos
los presentes y bajarlos hasta el cementerio y reunir, además, a
todos los moradores de La Culata.
Como una hora más tarde, el médico legista ordena el
levantamiento de las osamentas, recogen lo poco que quedaba
de la pobre mujer en una yagua de palma y obligaron a un boyero
que trabajaba en las fincas del CEA a cargar hasta el cementerio
esta desagradable carga.
Ya en el lugar, Juan Ventura se dispuso a interrogar a los
hombres mayores y a las mujeres. Luego los despachó para su
casa, con la encomienda de presentarse en la Comandancia de
Puerto Plata, al día siguiente, a prestar sus declaraciones. Acto
seguido, sube a su patrulla y ordena apresar y conducir hacia
Puerto Plata a todos los hombres jóvenes.
Novas, aquel era un espectáculo digno de ser visto, solo
por el placer de ver la cara de sorpresa de aquellos que estaban
haciéndose los graciosos en Los Cayucos e incluso allí frente al
cementerio, seguían bromeando y ridiculizando al infeliz que Juan
Ventura obligó a cargar las osamentas.
Cuando ellos vieron que se ordenó el retiro de los hombres
mayores y de las mujeres, se mostraron nerviosos, confundidos,
con el rostro pálido, con la mirada perdida, vidriosa; como
buscando entre la multitud a alguien que le diera un consuelo, o
que les explicara lo que estaba pasando.
Novas, ¿tú recuerdas a Polo, el hermano de Fito?
Profesor Novas.
¡Claro que sí, profesor!
Jesús Rivera.
Pues, en esa época él era el alcalde pedáneo de La Culata.
Profesor Novas.
¡No me digas que lo apresaron también!
Jesús Rivera.
¡Claro, mi Negro, que se lo llevaron; ese fue el primero de
la lista!
Profesor Novas.
¿Cuál fue la razón de que lo apresaran; acaso, tampoco él
había hecho la denuncia?
Jesús Rivera.
Efectivamente, Novas, se había hecho el loco y no hizo la
denuncia y, por esa razón, las primeras galletas que se perdieron en
la fortaleza de Puerto Plata se las sonaron a él.
Profesor Novas.
¡Caramba, qué pena, ese hombre me parecía serio!
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Jesús Rivera.
Tú sabes cómo es la policía que tenemos: golpea primero
y luego pregunta. A mí también me parece serio; pero, con todo y
eso, se tiró tres meses preso en la San Felipe, junto a Palma Sola y a
Venancio.
Profesor Novas.
¿Y qué pasó con él, resultó difícil obtener su declaración?
Jesús Rivera.
¡No, claro que no, todo lo contrario, eso fue casi automático;
pues, en realidad, él no tenía nada que ocultar! Por eso, cuando le
preguntaron, dijo que Venancio le había dicho una noche que estaban
metidos en tragos, «que él y Palma Sola habían matado a una mujer
en Los Cayucos»; pero que resolvió no hacerle caso, porque ese día
ambos estaban borrachos y, aunque luego escuchó los rumores en
la comunidad, no pudo confirmarlo, porque no disponía de tiempo
para ir a ver si era cierto o no, ya que por esos días estaba trabajando
en la comunidad de Los Yabones y llegaba tarde de la noche.
Sin embargo, con los otros muchachos que siguieron después
de él, la historia fue distinta; ya que tú conoces la brutalidad de
nuestra policía; todos, sin excepción, salieron llenos de moratones
de las galletas, pescozones y empujones que les dieron.
Tan brutales y efectivas fueron las torturas esa noche que,
antes del amanecer, la lista de sospechosos se redujo a dos: Palma
Sola y Venancio, tal y como lo había dicho Polo.
Profesor Novas.
¿Y Venancio y Palma Sola no fueron apresados aquel día? …De
seguro, no estaban allí o no eran jóvenes…
Jesús Rivera.
Ninguna de las dos cosas, mi Negro; sí estaban allí y eran
bastante jóvenes ambos.
Profesor Novas.
¿Cuál fue la razón, entonces, de que no los apresaran?
Jesús Rivera.
Razones muy poderosas lo determinaron; la primera es que
por ellos dos habló todo el mundo, ya que estos dos infelices tenían
fama de muy trabajadores; pero también tenían afición al alcohol,
de modo que todo el mundo, parece que les perdonó la segunda
afición, por su fama de trabajadores.
El lunes 12 de diciembre, como a eso de las 11 de la mañana,
comenzaron a interrogar a Palma Sola, quien negó, en aquel
momento, y ha negado hasta el día de hoy, su participación en estos
bochornosos hechos y, aunque lo malograron a palos, tratando de
obtener una confesión, nunca lo hizo; pero cuando le tocó el turno
a Venancio, cantó hasta la lotería, y, antes de lo esperado, reveló en
detalle todo lo ocurrido.
Según su versión, el que planificó y ejecutó todo fue Palma
Sola, quien, supuestamente, pasó por su casa el miércoles 22 de
octubre, como a las tres de la tarde, y le convidó a comerse unas
jaibas que había agarrado en el río de Los Cayucos, y una vez allí le
mostró a una mujer, como de 30 años, que tenía amarrada de pies
y manos en el montecito de Los Agustines: «…La mujer me pareció
medio loca, pero tampoco taba mal, y en esos campos, las mujeres
son difícil de conseguir y como él me dijo que no sabía de dónde
era, decidimos quitarle la ropa y vivir con ella… El primero en vivir
con ella fue él y después lo hice yo; pero cuando terminamos,
Palma Sola me preguntó; «¿qué vamos a hacer con ella?», y yo le
respondí que debíamos dejarla ir, puesto que nadie la conocía en La
Culata, y ella no nos conocía a nosotros tampoco, y pa’ colmo esa
mujer era además medio loca. Al principio él estuvo de acuerdo;
pero me dijo que quería vivirla otra vez, antes de dejarla ir, y, en
ese momento, fue cuando ella, que ya se había soltado cuando la
estábamos viviendo, comenzó a gritar y a correr en dirección a La
Culata. Ahí se nos metió el miedo, y Palma Sola le dio un golpe en
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la cabeza con un palo de guayaba; pero la mujer seguía gritando y
nos asustamos más. Nos dimos cuenta, en aquel momento, de que
estábamos jodíos, si ella llegaba a La Culata, y ahí terminamos de
matarla a palos y a machetazos».
Estos episodios son algo terrible de narrar; recuerdo
todavía de memoria la mayoría de las cosas, porque me tocó leer el
expediente y los interrogatorios; porque quien le sirvió de abogado
a Palma Sola fue un compañero abogado de aquí, de la universidad.
Pula, el nihilista.
Disculpe, mi Negro, pero yo no alcanzo a ver lo extraordinario
de este caso; se ve que el Venancio ese y el Palma Sola, son dos
delincuentes baratos, que no conocen siquiera la vergüenza; sobre
todo el tal Venancio, que asume la postura de todo delincuente
de poca monta; que pretenden librarse de la culpa confesando su
crimen, buscando que lo vean como una víctima, y no como un
victimario. Y la mejor forma, según estos sucios, es echándole la
culpa de todo a sus compañeros de fechorías.
El tal Palma Sola parece ser un poco más valiente que el
asqueroso de Venancio, al no buscar una disculpa, que además él
sabe que nadie le dará y por eso se hace el fuerte y aguanta todos
los golpes, como si fuera un estoico; sin embargo, todo esto es
simulación para tratar de crear un marco de duda favorable a su
causa.
Profesor Novas.
Pula, no ponga la carreta delante de los bueyes y espere
que el maestro Rivera concluya el relato y luego tendremos la
oportunidad de analizar todo lo que sea digno de ello. ¡Siga,
profesor, no le haga caso a Pula; usted ya conoce cómo es él!
Jesús Rivera.
¡Sí, yo sé que este Pula es un maldito! Tú debes recordar
cuando él era evangélico y se sacó cuatro dientes, para probarle
a la novia que la gente de la iglesia donde ellos se congregaban lo
trataban bien, por su apariencia física y por el bienestar económico
que exhibía, y no por sus valores morales como persona.
Pula, el nihilista.
Probé tener razón, ¿sí o no, profesor?
Jesús Rivera.
Sí, mi Negro, tenías razón.
Pues, como les iba diciendo, el caso fue que una semana
después, cuando la policía permitió que los familiares visitaran a
los presos, mi abuela tuvo que ser hospitalizada de emergencia
en el Ricardo Limardo, producto de la impresión que le causó las
condiciones físicas y mentales en las que se encontraba el hijo.
Tan penosa era la situación de su vástago que estaba evacuando
la sangre; tenía, además, las piernas, los pies, la cabeza, los ojos,
las manos y los testículos hinchados y amoratados, producto de los
golpes.
Pero, la situación que de seguro les interesa a ustedes,
es la que se le presentó al tío Papo, quien en su afán de lograr la
estabilidad emocional de mi abuela tuvo que decidir entre pagarle
un abogado a Palma Sola o arriesgarse a que a la vieja le repitiera
un segundo infarto, producto del afán.
Como tú bien sabes, Novas, la viejita viene sufriendo del
corazón desde hace un tiempo, y con este problema se agravó
bastante; sobre todo, después de ver las condiciones en que la
policía había dejado a Palma Sola.
La pobre vieja, por l angustia de ver al hijo en la cárcel, casi
no comía ni dormía, y cuando lograba dormir un rato, la despertaba
una misma pesadilla: habían matado a Palma Sola en la cárcel.
Ustedes podrán imaginarse la situación de todos nosotros; ¿qué
hacer?, ¿cuál debe ser la actitud de un hijo que ama a su madre
frente a este escenario?, ¿debe el hijo darse el lujo de quedarse
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con los brazos cruzados viendo que su madre sigue afanando por
unos recursos que uno posee? Yo sé que casi todo el mundo estará
de acuerdo conmigo, en el sentido de que lo correcto es ayudarla;
entonces, ¿cuál es el problema? preguntaría alguien. El problema
es que tío Papo está más que convencido de que su hermano es
culpable del crimen que le atribuyen.
Esa es la situación, Papo posee indicios claros de que su
hermano es culpable; pero no quiere enfrentarse a la idea de que su
madre perezca en este tránsito azaroso en que la vida la ha puesto.
Hasta ese entonces, mi tío había tenido bien claro que el ser
humano debe conducirse en función de los valores que predica y
cultiva y que los sentimientos en las cuestiones de orden moral deben
ser secundarios; pero el sentimiento hacia su madre lo convocaba a
estar con ella, sin importar razones, aun a costa del sacrificio de sus
valores más altos. Y por otro lado, en la intimidad de su conciencia,
los valores seguían reclamando de él no ser ignorados.
¡Qué fatalidad más grande la del hombre, la de tener
conciencia!, !Qué juez más implacable e insensible nos persigue!,
¡juez que no atiende los sentimientos de un hijo hacia su madre, juez
que recuerda siempre a su prisionero «que se predica con el ejemplo,
que no se obra bien cuando se ignora el valor universal de la justicia
y que, por tanto, pagar ese abogado era una acción directa, para que
un culpable evadiera su responsabilidad ante la justicia»!
¿Qué encrucijada le había guardado la vida a mi tío? El que en
su labor de pastor de almas había tenido que aconsejar a cientos de
personas envueltas en conflictos similares, y a todas les aconsejó lo
justo; hoy tiene que aconsejarse a sí mismo, que es la cosa más difícil
del mundo, pues aunque sabemos qué es lo justo, los sentimientos
nos recuerdan que la parte de la humanidad que debe realmente
importarnos es la que nos toca ¡Cómo dar la espalda al ser que le dio
la vida, por seguir ideales!
¿Qué hacer, entonces?
Está claro que si él elige ayudar a su madre, como es deber
de todo buen hijo hacerlo, estaría pisoteando todos los valores
que ha predicado desde el púlpito de su iglesia; y, por el otro lado,
si elige seguir sus valores, los sentimientos le recordarán, si su
madre fallece, que la vida del hombre sobre la tierra es breve y
que muchas veces solo tenemos una oportunidad de honrarnos a
nosotros mismos sirviendo a nuestros seres queridos, y que eso
solo es posible cuando ella está entre nosotros.
Entre tanto, los miembros de su iglesia se mantenían
en oración permanente, pidiendo sabiduría, para que su pastor
decidiera lo correcto. Ellos participaban plenamente de la opinión
generalizada entre la comunidad evangélica y no evangélica de La
Culata, en el sentido de «que mi tío era uno de los hombres de
mayor probidad, vocación de servicio y autoridad moral de cuantos
han nacido». Sin embargo, todos ellos saben, que cualquier hombre
puesto en esas circunstancias estaría inclinado a fallar, al atender
primero a los naturales sentimientos de acudir en ayuda de la
madre enferma y desesperada.
Muchos de ellos se preguntaban si era lícito pedirle a un hijo
amoroso negar ayuda a su madre en momentos tan aciagos, aunque
esa ayuda sirviera a fines espurios; si era legítimo pedirle a un hijo
permanecer quieto, mientras sabe cuáles son las consecuencias de
un segundo infarto, en una persona de esa edad; a todo esto hay
que sumarle el hecho de que mi abuela nunca solicitaría su ayuda,
ni la de nadie más, pues ella no era una madre de esas que son
plagosas con los hijos.
A veces, pienso en la intimidad de mi conciencia, que esa era
la fuente de mortificación principal de mi tío, estar convencido de
que la abuela hubiera hecho por él cualquier sacrificio sin importar
razones; pero le mortifica la idea de que su dinero pudiera liberar
a un asesino.
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Él tenía conocimiento de una fechoría que este le había
hecho a una novia en la comunidad de Quebrada Honda, a quien
prometió matrimonio una vez concluyera la construcción de una
casa que estaba edificando; pero un día cualquiera se metió en
borrachera y la vendió; no conforme con esto, después que gastó el
dinero con sus amigos, se apareció donde ella y se la llevó engañada;
bajo el supuesto de que había terminado la casa y que iban a vivir
juntos; pero su verdadera intención consistía en conocerla como
mujer y dejarla abandonada en medio de la deshonra.
Como ustedes pueden ver, no hay que ser un genio para
percibir que un sujeto que sea capaz de hacerle algo así a una mujer
que ha confiado en él, es capaz de hacer cosas peores. Mas, el
temor natural que tenía mi tío de perder a su vieja, lo llevó a tomar
la desafortunada decisión de pagar los gastos de aquel abogado.
¿Por qué digo que fue desafortunada esa decisión? En
primer lugar, porque eso dejaba sin fundamento la fe de mi tío, y en
segundo lugar, porque este abogado utilizó este dinero para sobornar
al fiscal encargado de calificar el expediente, logrando, además,
que estos extrajeran del mismo las piezas más comprometedoras.
Luego esperó unos meses hasta que el caso perdiera vigencia en
la opinión pública de Puerto Plata, y pidió el envío del caso hacia
una corte de Santiago, donde nadie estaba pendiente del caso. Allí,
un «Juez» que estaba totalmente ajeno a los pormenores del caso,
ordenó la libertad de ambos, supuestamente por falta de prueba.
La decisión de este juez vino a profundizar en el tío Papo esa
sensación confusa de tranquilidad, porque, al fin, su madre estaría
tranquila; pero a la vez una sensación de culpabilidad absoluta,
al haber facilitado el dinero que propició que en la soledad de un
salón del «Palacio de Justicia» de Santiago una víctima y su familia
quedaran burladas; mientras que dos culpables se reían de todo el
mundo.
Profesor Novas.
Excelente, profesor Rivera; es un caso sumamente
interesante, pues es una historia que reúne lo esencial de la tragedia,
por cuanto coloca al hombre en la perspectiva de una criatura
indefensa obligada a elegir entre el sentimiento o seguir unos
valores que, al fin y al cabo, él mismo ha creado o se ha impuesto.
Y, sobre todo, tener que enfrentarse a la incertidumbre de no saber,
a ciencia cierta, «qué es lo correcto, o qué es lo incorrecto».
Tremenda historia, muchachos; con este caso trabajaremos
esta noche. Si alguien se motiva a decir algo, este es el momento
de hacerlo; pero antes debemos agradecer al profesor Rivera, por
compartir con nosotros esta experiencia.
Jesús Rivera.
No tienes que agradecérmelo, mi Negro, tú sabes bien que
mi vida ha estado dedicada por entero a servirle a los jóvenes, a
través de la educación, y compartir con ellos nunca ha sido ni será
un sacrificio para mí, es un verdadero honor. Aunque, como dice
el predicador, todo en esta vida parece ser un correr tras el viento.
Profesor Novas.
Bien, muchachos; ahí está planteado el problema,
procedamos entonces a analizarlo.
Pero me queda una curiosidad, profesor, ¿dónde estaba
el pastor en los meses en que apareció la muerta?, y me gustaría
saber cómo usted se enteró de los detalles.
Jesús Rivera.
Mi tío tenía cuatro meses en Puerto Rico, haciendo unos
cursos que lo había enviado su Congregación, y tuvo que regresar
precisamente, cuando se destapó el problema; en tanto yo me
enteré por la revista Sucesos, cuando salió la foto de Palma Sola y
Venancio en la portada.
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Merkis, el kantiano.
Buenas noches, profesor Novas, ¿cómo está usted? Yo
entiendo que lo primero que debemos preguntarnos, antes de toda
acción, es si la misma es justa o injusta; si fue hecha apegada a lo que
manda la razón; si se obró por inclinación o por deber; si la finalidad
que persigue la acción se puede universalizar. Sobre todo, en este
caso, pues resulta más grave la situación, dado la posición que, dice
el profesor mi Negro, ocupaba su tío en la iglesia de la comunidad.
Resulta contradictorio a todo ideal de justicia que un ministro
de Dios tenga confusiones morales tan profundas, ya que se entiende
que un desorientado no puede orientar a los demás. Si el que es
pastor de almas no fue capaz de distinguir lo correcto de lo incorrecto,
en esta situación, y testimoniar con su ejemplo que se debe actuar
de acuerdo al deber, aunque esto implique el sacrificio de nuestros
sentimientos. Está claro cuál debe ser la actitud del cristiano frente a
los llamados existenciales límites, es decir, las situaciones donde hay
que elegir y que cualquier elección es igualmente traumática, pero
tenemos que elegir y elegir lo correcto, por cuanto el cristiano es la
sal del mundo.
Aunque el kantiano no busca modelos exteriores a su propia
conciencia para validar sus acciones, entendemos que el pastor ha
perdido un tiempo precioso predicando, para luego venir a convertirlo
todo en un vano discurso.
Los kantianos entendemos que la única manera de hacer
lo correcto, moralmente, es conduciéndonos por imperativos de
nuestra propia razón, por cuanto la razón nunca nos aconsejará lo
malo, a la hora de actuar.
Cualquier ser racional sabría qué es lo correcto con solo
preguntarse si le gustaría que el violador y asesino de su hermana, de
su hija o de su madre burle la justicia; y, si la razón aconseja que es
bueno para mí, entonces es bueno para todo el mundo, y si es malo
para mí, entonces es malo para todos.
Muchos estarán pensando, ¿es mi madre la que está
enferma?, y es verdad que es nuestra madre la que está enferma;
pero también hay que pensar que la víctima también tenía
una madre que se desgarra en el dolor de saber que nunca más
volverá a ver a su hija, producto de la “sinvergüenzá” de Palma
Sola y de Venancio. En consecuencia, estas excusas no son válidas,
moralmente, mucho menos en un hombre que debe ser ejemplo
ante su iglesia, ya que el cristianismo no se predica, se vive y no se
vive a medias.
Yo no tengo duda de que el pastor actuó de esa manera,
porque entendía que hacía lo correcto al acudir en ayuda de la
madre enferma y en apuros económicos. ¿Quién no haría lo mismo?
pregunto yo. Estoy seguro que Pula, Braulio y Chago actuarían así,
tratándose de sus madres respectivas. Ahora bien, si eso es así,
como en efecto lo es, ¿cuál sería la diferencia entre un ministro
de Dios y sus negadores?, es decir, Pula, Braulio y Chago. Ese es
precisamente el peligro de conducirse por valores morales basados
en sentimientos y no en aquellos que provienen de nuestra propia
autonomía y buena voluntad.
Braulio, el existencialista.
Palabras Merkis, palabras, esa es la vida de ustedes; se han
pasado la vida así los kantianos, diciendo que la razón, que la razón
y nunca nadie ha visto ese kantiano andando en la calle. Y en ese
sentido entiendo que tus palabras han sido desconsideradas para
con el tío de mí Negro. Da la impresión de que toda acción del
individuo tiene valor moral si encajan dentro de los esquemas del
kantismo y los postulados de su Dios, Kant.
Los existencialistas siempre hemos estado claros al
entender que el valor moral de la acción de un sujeto está en la
responsabilidad con que se asume la misma, al margen de si es una
acción realizada con apego a lo que manda la razón o si es una
acción realizada por una pasión. El hombre es responsable de todo
lo que hace. Lo único criticable en la acción de Papo, es esa torpe
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actitud de remordimiento que muestra, por cuanto ello denota que
la decisión de ayudar a la madre, la realizó de manera irresponsable
producto de la emoción y, por tanto, parece ser, que nunca estuvo
dispuesto a asumir las consecuencias que vendrían.
Esta muestra de arrepentimiento y de remordimientos lo
coloca a él en el mismo nivel de Venancio, que pretenden delegar
sus responsabilidades en los demás, buscando una excusa.
Finalmente, quiero dejar claro que en la discusión sobre la
autonomía y heteronomía morales, nosotros apostamos por el modelo
de la autonomía, pero la autonomía que nosotros defendemos no
tiene imperativos categóricos, como en la moral kantiana; nosotros
ciertamente asumimos a la razón como legisladora y jueza de
nuestros actos. Todo el que ha llegado a la madurez intelectual sabe
que es la razón la que hace las leyes de nuestra moral; ella es la que
nos dice lo que está bien y lo que está mal; sin embargo, el individuo
es libre de asumir o no sus consejos, es él el que decide si quiere vivir
de acuerdo al mandato de la razón o si quiere vivir por la pasión.
Janet, la cristiana.
Buenas noches, profesor Novas, ¿cómo está usted?; saludos
para mí Negro, mi profe querido; nos alegramos de tenerle entre
nosotros.
Parecería que el destino mío y el de Amelia es estar
enfrentadas con Merkis y con Alex en estas discusiones. Pues ellos
son «los inmaculados», los que siempre saben qué es el bien, y los
que nunca cometen errores. Ellos hacen un cómodo ejercicio racional
y determinan la acción que corresponde; pero pasan por alto de
manera irresponsable los detalles y complicaciones que posee toda
acción humana; ellos soslayan muy a propósito cuáles son las razones
que conducen a un sujeto a tal acción y si estas se corresponden con
la voluntad de Dios, que al fin y al cabo es lo que determina si una
acción es correcta o incorrecta, moral, inmoral o amoral.
Es relativamente fácil para un inconverso como Merkis opinar
de la manera que lo hace sobre este asunto, pero para una persona
conversa, como yo, es difícil dejar de socorrer a su madre, sin importar
las circunstancias, máxime cuando ella no ha cometido ningún crimen.
El cuarto mandamiento de Dios manda al buen hijo a honrar a su padre
y a su madre. Toda justicia le pertenece a Dios, Él es el que ordena cada
cosa, Él es que hace fallar la sabiduría de los sabios, en circunstancia
como esta, y que se incremente la del «ignorante».
Todos los que estamos aquí sabemos que la acción del pastor
no tenía la intención de burlar la justicia, y ni siquiera pretendía
defender a su hermano, todo cuanto hizo, lo hizo para preservar la vida
y la salud de su madre gravemente enferma del corazón. ¿Qué no haría
un hijo amoroso por su madre?, sobre todo, si ese hijo es conocedor
del Señor y temeroso de su Palabra.
Es posible que la mayoría de los presentes, no estén de acuerdo
conmigo en este punto, porque todo el que no es cristiano cree saber
cómo son las cosas de Dios. Sabemos también que su responsabilidad
moral como cristiano y como ministro de Dios es mayor que para un
hombre común; pero sabemos también que el Señor no le perdona a
un siervo que se haga indolente ante la aflicción de uno de sus padres.
Merkis, el kantiano.
Janet, ¿tú piensas que financiar con nuestro dinero que se
burle la justicia, es la mejor forma de honrar a los padres?
Janet, la cristiana.
¿Y quién te ha dicho que el pastor pagó para liberar un culpable?
Nadie pagó para eso, el abogado hizo lo que ellos saben hacer.
Merkis, el kantiano.
¡Sin embargo, fue su dinero el que se utilizó, y él sabía que su
hermano era el culpable!
EULOGIO SILVERIO EL PROBLEMA DE LA ELECCIÓN MORAL
186 187
Janet, la cristiana.
¡Eso nadie lo sabe, puesto que ni siquiera las torturas han
hecho que Palma Sola lo confiese!; algo que, de seguro, contribuye
para que el pastor se decidiera a darle el dinero a su madre; pues
no sería la primera vez que nos convencemos de algo, mediante
razonamiento, o porque las circunstancias así lo señalan, y luego
nos damos cuenta de que nuestras ideas estaban tan lejos de la
verdad como lo están los nihilistas de Dios.
Merkis me pregunta si esa es la forma correcta de honrar
los padres. Quizás no lo sea, pero estoy segura de que no debemos
dejar de socorrer a nuestros padres en sus momentos de mayor
impotencia y apuro, aunque se podría decir que, al pagar los gastos
de ese abogado, no estábamos ayudando a nuestra madre, si un
hermano delincuente, tal visión seria asumir lo aparente por lo real.
Nadie ha negado que el pastor asumiera los gastos de la
defensa de su hermano, por miedo a que se produzca la muerte
a su madre en medio de este proceso. Pero, además, y esto hay
que decirlo, aunque él estuviera convencido de que su hermano es
culpable, pero no tiene las pruebas, no le corresponde a él juzgarlo.
Sabe además que la decisión de excarcelarlo o no, está en
las manos de un Juez de lo penal y de Dios el omnisapiente, y si se
produce un descargo por falta de pruebas o un mal uso de los medios
de defensa de la parte civil, no sería esta su responsabilidad, sino
un designio del Señor, porque su justicia es infalible; Él no permite
que un inocente permanezca preso ni que un culpable quede libre.
Merkis, el kantiano.
¡Qué salvajada has dicho, muchacha!, Que Dios te perdone,
¿quieres decir que ahora Él es culpable de que esos asesinos anden
en la calle? Además, ¡cómo te atreves a hablar de la parte civil, si
tú escuchaste decir a mí Negro que su amigo sobornó a los fiscales
de Puerto Plata para que sacaran las piezas más comprometedoras
del expediente!
Janet, la cristiana.
Yo estoy segura que el pastor y su madre nunca se enteraron
de nada de eso; de seguro, que esa trampa la hizo ese abogado sin
consultar a nadie.
Merkis, el kantiano.
Mira, Janet, aquí sale culpable todo el mundo, incluyendo
al profesor “Mi Negro”, porque él fue quien llevó a ese tramposo, y
eso denota el tipo de amigo que se gasta.
Jesús Rivera.
Merkis tiene razón en lo que dice, pues tan culpable me
sentía que le dije a mi amigo, cuando nos paramos en Santiago, que
mi interés real, al llevarlo, no era que el lograra la excarcelación de
Palma Sola, sino más bien que mi abuela recuperara la esperanza,
y él me dijo: “no te preocupes que ni tú ni yo somos los jueces,
solo el juez dirá si él sale o se queda en la cárcel”. De todos modos,
insistí, y le dije que me sentía incómodo, procurándole ayuda a una
persona que yo consideraba culpable, y el me repitió: «las leyes
se han hecho para que no seamos nosotros los que tengamos que
juzgar; mi papel es ayudar al juez en ese trabajo y si él es culpable,
nadie lo librará de la cárcel»
Janet, la cristiana.
Profesor querido, ¿el pastor se enteró en algún momento
de cómo el abogado logró la excarcelación de su hermano?
Jesús Rivera.
Evidentemente que no se enteró; de eso nadie se enteró, yo
me entero de esos destalles porque le pedí a mi amigo Jerson que
me lo explicara.
Janet, la cristiana.
He ahí la prueba ¡el pastor sigue siendo un hombre íntegro!,
por el hecho de que él no participara en las triquiñuelas que hizo el
abogado para lograr la libertad de Palma Sola. Además, recuerden
EULOGIO SILVERIO EL PROBLEMA DE LA ELECCIÓN MORAL
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que no debemos ser jueces de nuestros semejantes. En este caso,
solo estábamos hablando de suposiciones y circunstancias, ya que
nadie está seguro, de manera absoluta, de su participación.
Otra cosa sería si el pastor estando en conocimiento de un
conjunto de pruebas que señalaran a su hermano las ocultara, o
cuando fuera consultado por las autoridades, les mintiera; pues no
son cosas de un cristiano, la mentira, el encubrimiento o la defensa
de un culpable.
Muchos pensarán que él, como ministro del único Dios
de justicia, debió quedarse de brazos cruzados y no pagarle a ese
abogado, porque con ello estaba contribuyendo a que un culpable
burlara la justicia; pero lo cierto es que él hizo lo correcto, pues
con ello ni le faltó a la madre y tampoco le faltó al Señor; porque el
cristiano no puede juzgar a nadie, ni puede tomarse la justicia en
sus manos; esa es una labor que le corresponde a las Instituciones
de la Justicia humana y a la infalible Justicia Divina, que es la única
en la que el cristiano debe confiar.
Para que no le quede ninguna duda a Merkis sobre lo que
estoy diciendo o quiero decir, debo dejar establecido aquí para
la posteridad, que yo estoy de acuerdo con la acción del pastor,
porque en esas circunstancias haría lo mismo por mi madre.
La acción del pastor tiene un gran valor axiológicopedagógico,
porque eso prueba que en la Palabra hay sabiduría
infinita y que debemos obedecer el mandato de Dios, aunque
como humanos no comprendamos el porqué. Se ve claramente
que el pastor actuó casi en contra de su voluntad y de su propia
razón, pero su temor a Dios le hace recapacitar y tomar la decisión
correcta; en primer lugar, porque no se debe abandonar a la madre
en ninguna circunstancia, y en segundo lugar, porque él no es juez
de la verdad.
Finalmente, quiero señalar que el cristiano debe tener
mucho cuidado al querer guiarse por su propia autonomía moral,
porque la autonomía moral es solo una moral humana, que puede
inducir a error, ya que esta se basa en principios de la razón; pero
el cristiano sabe que la fe en Jesús es superior a cualquier principio
de la razón. Ya dijeron los medievales «la fe es quien ilumina mi
entendimiento, y mi entendimiento ilumina mi fe, pero la razón es
una esclava de la fe». Pedid entendimiento y Dios proveerá.
Chago, el marxista
Profesor, ¿cómo está usted?, ¿cómo está el profesor, mi
Negro? Quiero pedirle disculpa al profesor, mí Negro, por lo que
voy a expresar sobre su tío, pero me parece que su tío tiene la
cachaza del grueso de la goma de un camión, pues cómo viene a
decir que no sabía lo que iba a hacer el abogado con su dinero; él
sabe que ese dinero ayudó a burlar la poca justicia que pudo existir
en este caso.
Estamos de acuerdo con Merkis, en el sentido de que la única
madre que sufría no era la del pastor, porque la víctima también tenía
madre y hermanos que nunca la volverán a ver, que nunca verán de
nuevo su sonrisa. Nosotros siempre estaremos opuestos a defender
a criminales. Ninguna sociedad merece tener entre sus miembros a
aquellos sujetos que nos retroceden a la etapa primitiva del ser humano;
además, no hay nobleza ni valor moral cuando se olvida que la moral
es social, que es de grupo, que lo importante no es el individuo, sino el
colectivo, y ese crimen, como cualquier otro, destruye la convivencia
pacífica y en sociedad, máxime cuando no se sanciona ejemplarmente
a los infractores.
Me imagino la frustración social que constituye Papo dentro de
esa comunidad, pues todo el mundo esperaba de él un comportamiento
ejemplar, y mire con la sinvergüenzá que se despacha. Es que ese es el
modelo moral que siguen todos los religiosos y todas las religiones del
mundo, todos hacen lo mismo al momento de servir de ejemplo; él es
solo uno de los tantos que existen.
EULOGIO SILVERIO EL PROBLEMA DE LA ELECCIÓN MORAL
190 191
La humanidad viviría mejor sin esos farsantes mentirosos,
solo entienden correctamente el sentido cuando les conviene y se
hacen los estúpidos cuando les perjudica.
Sin embargo, y aunque parezca paradójico, yo no culpo
a la madre de Palma Sola por tener ese sentimiento por su hijo,
ni tampoco culpamos a Papo; porque ellos son víctimas de una
educación moral mezquina, como lo es todo aquel que no se
ha forjado en una conciencia moral científica, como la moral
comunista-marxista, capaz del mayor altruismo.
Pula, el nihilista.
Eso que tú dices es tan hipócrita como la moral religiosa
que críticas, pues no existe ese hombre altruista del que hablas;
existen soñadores que borrachos por sus propias pasiones
cometen locuras interesantes en nombre de la humanidad; pero,
en el fondo, lo hacen para satisfacer cuestiones personales, como
lo hacemos todos. ¿Quién, carajo, dice que no fue correcto lo que
hizo el pastor? Ese es su maldito problema; está hecho y se acabó.
Él no tiene prueba de que su hermano hizo eso, y si la tuvieras,
¿qué cambiaría?, nada. Al fin y al cabo, solo tenemos una vida para
disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos, y el que se
murió se jodió.
Chago, el marxista.
No faltaba más, ¿qué tienes tú que opinar en estos asuntos?,
porque si hay algo de lo que tú no debes hablar es de valores, pues
tú no los conoces; tú y tu grupo son un cáncer para la vida en
sociedad.
Pula, el nihilista.
Pero, ¿qué carajo es lo que tanto tú te preocupas por la
sociedad y las ideas?, si cuando te muera, todo esto quedará y el
mundo no será ni mejor ni peor, después de ti; deja esa vaina y goza
tu vida y deja que los demás resuelvan cómo deben vivir. Además,
los que son un cáncer son los tipos como ustedes, los reformadores
sociales que, por creerse iluminados, han provocado las guerras más
absurdas y luego justifican sus estupideces, llamándole, «guerra
justa, guerra patria, guerra santa»; el motivo podrá ser diferente,
pero el resultado es el mismo, la muerte.
Chago, el marxista.
Ustedes nunca podrán entender eso, porque ustedes son
como los animales irracionales.
Pula, el nihilista.
Mencióname un solo hecho, no aislado e individual, donde
una persona que piensa como yo haya producido tantas muertes
como han producido ustedes con sus «guerra justa, guerra patria,
guerra santa», o mejor, mencióname una especie animal que haya
producido más muerte y destrucción que ustedes los racionales
iluminados. La estupidez construye corazas.
Chago, el marxista.
Es cierto, nadie como tú jamás ha hecho cosas así, porque
ustedes son tan cancerígenos que no son capaces siquiera de
organizarse, a no ser para vender drogas.
Por último, profesor Novas, quiero hacer la observación de
que tanto el modelo moral heterónomo que defiende Janet, como
el que defiende Merkis resultan insuficientes por separados; para la
correcta orientación moral de la sociedad y del individuo, nosotros
preferimos hacer una combinación dialéctica de lo mejor de ambos.
Para el hombre que ha llegado a la edad adulta de la razón
es válida la autonomía moral, puesto que él buscará siempre las
verdades que vienen de la ciencia; pero, por otro lado, entendemos
la necesidad de organizar y hasta de imponerles a los individuos
que no han llegado a la madurez racional, una serie de reglas de
comportamiento obligatorio o, de lo contrario, no tendríamos
sociedad, si dejamos que los irracionales e inmorales como Pula,
hagan lo que quieran; a gente así hay que imponerles las cosas.
EULOGIO SILVERIO EL PROBLEMA DE LA ELECCIÓN MORAL
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Si usted observa bien, profesor Novas, nosotros ponemos
el interés social por encima de los intereses individuales. Concluyo
diciendo, que puede ser mi papá el que cometa la violación y que
me puede sobrar el dinero y nunca pagaría su defensa; sin embargo,
lo ayudaría en todo lo que pueda, para que no se deshumanice en
la cárcel, pero nunca contarán con mi complicidad para evadir su
culpa.
Esteban, el aristotélico.
Profesor, me gustaría decir algunas cositas, porque no sé si
entendí bien, pero aquí hemos venido a hablar sobre las ventajas
y desventajas de la autonomía y la heteronomía morales, y hemos
desviado el análisis exclusivamente hacia el caso de Papo y su
problema, al elegir.
Profesor Novas.
Esteban, recuerde que los muchachos han opinado sobre las
ventajas del modelo que defienden; recuerde la opinión de Merkis
sobre la autonomía moral; de Janet, sobre la heteronomía; de
Braulio, sobre la autonomía; y de Chago, sobre su fusión dialéctica
de ambos modelos, y ahora usted de seguro nos hablará de su
punto medio racional. Ahora bien, si usted se refiere al hecho de
que nos hemos olvidado de que tenemos invitados, que quizás no
comprenden tan fácilmente los términos que se han empleado esta
noche; tiene razón.
Esteban, el aristotélico.
Precisamente a eso me refiero y al lenguaje poco ejemplar
que se ha usado en la discusión, pues se ha recurrido al insulto más
que al discurso, para demostrar qué modelo es superior.
Por otro lado, soy de la opinión que Papo ha obrado dentro
del marco de lo que habría hecho cualquier persona en procura de
la felicidad de su madre.
Pues no creo que su acción se aleje mucho del punto medio
que da la razón y la cultura, pues yo, en su caso, no defendería al
hermano en su cobardía; pero tampoco dejaría sola a mi madre,
ya que la familia debe darse apoyo mutuamente, y no vamos a
permitir que se destruya la familia entera por un error que cometió
un miembro de ella.
Yo como persona que entiende el valor social del castigo en
la construcción de una sociedad justa y equilibrada, sería capaz de
entregar a mi hermano si anda fugitivo; pero también le pagaría
una defensa adecuada y, si terminan condenándolo a prisión y a
pagar daños civiles, le proveería lo necesario, para que cumpla con
la ley; pero que también tenga la oportunidad de reintegrarse a la
sociedad.
Queda claro entonces que para nosotros, el señor Papo
obró de modo justo de acuerdo a los medios que poseía, sin incurrir
en exceso, pues muy bien pudo promover la inocencia de su
hermano prevaliéndose de la favorable posición social que ocupa
como pastor evangélico unido a la credibilidad que todo el mundo
le atribuye y, en cambio, solo se limitó a facilitar a la madre los
recursos económicos para su defensa.
De esta actitud debemos de extraer dos lecciones claras:
a) que el individuo que posee medios para obrar está obligado
a hacerlo; pues si no lo hace, o si obra con exceso, su acción se
convierte en inmoral; y
b) que la moral es un producto social y que no puede ser,
como pretenden Merkis y Janet, un invento de la razón y de la fe.
Jesús Rivera.
Mi Negro, ¿por qué las opiniones de cada uno de los
muchachos me parecen justas y razonables? Parecería que todos
tienen la razón en lo que dicen.
EULOGIO SILVERIO EL PROBLEMA DE LA ELECCIÓN MORAL
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Profesor Novas.
Sí, eso es lo natural, a eso es a lo que llamamos apertura al
saber; ya que es el momento cuando el individuo puede crecer en
el conocimiento, porque ese estado de incertidumbre y de duda lo
conduce a apersonarse a la comprensión racional de los problemas.
Aunque en usted no es extraña esa actitud, porque usted siempre
vive preguntando el porqué de las cosas buscando lo nuevo y
novedoso para llevarlo a sus alumnos.
Ese es el espíritu de la filosofía, dejar la pregunta, nunca
cancelarla; al contrario, abrir nuevas; en consecuencia, será usted
mismo, profesor, el que tendrá que construir las respuestas a las
preguntas que había formulado desde el principio.
Jesús Rivera.
Gracias, mi Negro, por esas palabras, yo sé que son sinceras;
espero que me invite de nuevo a estas discusiones, y quizás
podamos juntar uno de los grupos míos, para que ellos también
disfruten de estas discusiones.
Profesor Novas.
No hay ningún problema, profesor. Finalmente, muchachos,
debo decirles que el problema de la moral no depende del modelo
que se siga; pues ambos son útiles tal y como señalaba Chago y
observaba el profesor Rivera; porque en verdad la cuestión no radica
en postular la necesidad y pertinencia de programas de educación
que abarquen a todos los ámbitos sociales, ya que no es posible el
éxito de uno de estos modelos éticos, si no se cuenta con el sujeto
capaz de comprender los presupuestos del modelo y enriquecerlo
con sus propias experiencias, pues jamás será más rica la teoría
que la realidad, de ahí que sea imprescindible la educación y no
solo el adoctrinamiento que pretenden las instituciones militares,
religiosas, políticas, sindicales, raciales, étnicas, nacionalistas y
fascistas.
El modelo autónomo, obviamente, es superior al
heterónomo, pero tiene la limitación de que solo funciona en
hombres educados, civilistas, capaces de hacer de la sociedad un
mundo habitable sin que existiera el brazo armado de la ley.
Sin embargo, uno se hace la pregunta siguiente: ¿Estamos
todos en ese nivel de desarrollo o es necesario aún el garrote del
policía, el tormento del infierno y la mentira de los políticos, para
hacer que las grandes mayorías se domestiquen un poco y frenen
su brutalidad natural? Dicho esto queda claro que nos inclinamos
por la autonomía moral; pero reconocemos la necesidad de
implementar el modelo heterónomo para las masas sin educación,
pues de lo contrario viviríamos en caos perpetuo.
CUESTIONARIO
Autonomía y Heteronomía
1. ¿Qué haría usted en la situación del pastor, pagaría
los gastos del abogado o se arriesgaría a que su madre sufra un
segundo infarto?
2. ¿A qué se refiere Jesús Rivera con la expresión:
«¡Qué fatalidad más grande la del hombre la de tener conciencia!,
¡qué juez más implacable e insensible nos persigue!»?
3. Explique a qué se refiere Jesús Rivera cuando dice:
«…no se obra bien cuando se ignora el valor universal de la justicia…»
4. ¿Debió el pastor ignorar la situación de gravedad de
su madre y dejar que su hermano enfrentara solo las consecuencias
de sus actos?
5. ¿Entró el pastor en contradicción con sus principios
cristianos, al elegir la opción de salvar a su madre? ¿Por qué?
6. ¿Qué interpretación da usted a la expresión del
kantiano:…« lo primero que debemos preguntarnos, antes de toda
acción, es si es justa o injusta; si fue hecha apegada a lo que manda
la razón; si se obró por inclinación o por deber; si la finalidad que
persigue la acción se puede universalizar?
EULOGIO SILVERIO EL PROBLEMA DE LA ELECCIÓN MORAL
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7. Si resulta que Palma Sola es culpable del crimen que
se le acusa, ¿se hizo el pastor su cómplice, al pagar al abogado que
consiguió su libertad? Justifique su respuesta.
8. ¿Está usted de acuerdo con los planteamientos del
marxista cuando dice que «no hay nobleza ni valor moral cuando se
olvida que la moral es social; que es de grupo; que lo importante no
es el individuo, sino el colectivo»? Argumente su punto de vista.
9. A su juicio, ¿qué quiso decir la cristiana con la
expresión: “la autonomía moral es solo una moral, humana, que
puede inducir a error, ya que esta se basa en principios de la razón”?
¿Está usted de acuerdo con este juicio? Justifique su respuesta.
10. ¿Qué comentario le merecen esta expresión
de la cristiana: «la fe es quien ilumina mi entendimiento y mi
entendimiento ilumina mi fe, pero la razón es una esclava de la fe»?
11. ¿Con cuál de los personajes se identifica usted?
Justifique su respuesta.
12. Critique brevemente la postura de los demás
personajes.
13. Sintetice en breves palabras el planteamiento básico
de cada uno de los personajes.

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